Santos Campano explicó que si las ventas de una empresa con 10 empleados cayeran un 50%, sería necesario que la compañía prescindiera de cinco trabajadores. “Si no puede pagar el despido de esos cinco señores, los 10 se irán al paro y el empresario también. En cambio, si se puede hacer viable que se despidan a cinco, los otros cinco seguirán en activo, la empresa seguirá, y tan pronto como se recupere de la crisis volverá a coger a esos cinco”, indicó.
Fernández mantuvo que el abaratamiento de los despidos tiene que hacerse con diálogo social. “Entiendo que los sindicatos tienen que decir que no y los empresarios que sí, pero a ver si llegamos a un acuerdo”, deseó.
Los presidentes de la Cámara y de la CEIM se mostraron “francamente preocupados” por la crisis económica que afecta al país, pero dijeron que los empresarios han de ser “optimistas y no alarmarse hasta el suicidio”. A pesar de ello, manifestaron que el sector de la restauración está bajando “espectacularmente”, en un 10%, y el textil en un 20%.
A su juicio, la causa de esta situación es que el Gobierno central ha reconocido la crisis “bastante tarde”, por lo que ahora pone “parches tardíos positivos”, en referencia al anuncio del Ejecutivo de inyectar 30.000 millones de euros en la banca para tranquilizar a los ahorradores.
“Veremos si este dinero llega donde tiene que llegar”, dijo Arturo Fernández, quien apuntó que las entidades bancarias dispondrán de este dinero “escaso”, desde su punto de vista, hasta final de año. El presidente de CEIM también apostó por entregar una cantidad similar a la pequeña y mediana empresa, que “es la que necesita el circulante que ha desaparecido”.


















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