Hasta abril, según datos del Idescat, los convenios colectivos incluían mejoras salariales promedio del 3,7 por ciento, lo que supone ganar 55 euros más por un sueldo mensual de 1.500 euros.
En el otro lado de la balanza, el Euríbor subía hasta el 5,39% en julio, lo que comporta un incremento de 75 euros en la cuota mensual de una hipoteca tipo -150.000 euros- con revisión anual.
El último IPC estaba encaramado al 5,1%, lo que supone 15,3 euros más que hace un año por cada 300 euros de gasto mensual. Con ese bagaje, no es extraño que “la confianza de los hogares catalanes esté alcanzando valores mínimos no vistos desde la crisis de 1992-94″.
Además, la UGT de Cataluña advertía que en el último medio año se han constituido 100.000 contratos de trabajo menos que en el mismo periodo de 2007, poniendo fin a una evolución ascendente iniciada desde 2004.
Las estadísticas de la Fundació Jaume Bofill son mucho más preocupantes que las de los organismos estadísticios oficiales. Y aseguran que uno de cada 10 catalanes viven en la pobreza, una franja socioeconómica de la que es difícil escapar y que, según el baremo de la entidad, está delimitada por una renta anual de 7.011 euros anuales.

















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