El informe de la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (AGETT) y el Centro de Predicción Económica de la Universidad Autónoma de Madrid (CEPREDE) señala que 27 por ciento de los contratos está bonificado y que otro 4 por ciento corresponde a contratos para el fomento de la contratación indefinida. Mientras, el 69 por ciento restante corresponde a contratos indefinidos ordinarios.
El plan extraordinario de bonificaciones a la conversión de empleo temporal en fijo, que permaneció en vigor desde mediados de 2006 hasta enero de 2007, consistía en que los contratos temporales suscritos con anterioridad al 1 de junio de 2006 que se transformaran en indefinidos recibirían bonificaciones anuales durante tres ejercicios.
Por su parte, el contrato para el fomento de la contratación indefinida permite una indemnización por despido improcedente inferior a la del contrato indefinido ordinario, con 33 días por año trabajado en lugar de 45.
Para AGETT-CEPREDE, las características de ambos tipos de contratos -las bonificaciones, en un caso, y la indemnización por despido de 33 días, en el otro- provocan una reducción de la temporalidad “en el horizonte inmediato”.
Además, permiten prologar la estabilidad “vinculada a la bonificación” y generan un “efecto positivo” en los colectivos más desfavorecidos, como las mujeres, los mayores de 45, los jóvenes y los minusválidos, que tienen rebajas específicas.
El informe calcula que, por ejemplo, una compañía que suscribe un contrato indefinido bonificado con una mujer desempleada, que cuenta con un salario de entre 800 y 1.000 euros mensuales, logra un ahorro aproximado equivalente al sueldo de un mes de esa trabajadora.
No obstante, el estudio advierte de que la estabilidad no está asegurada a largo plazo y asegura que ésa es una variable que “depende más” de la formación continua y de futuros estímulos.

















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