La entidad oficial afirma que este efecto sería mayor para los hogares cuyo cabeza de familia tenga entre 35 y 44 años, ya que el mismo descenso en el precio de su vivienda implicaría una reducción de 600 euros en el consumo anual del hogar.
En su informe anual de 2007, la institución gobernada por Miguel Ángel Fernández Ordóñez explica que las propiedades inmobiliarias son garantías de eventuales préstamos en España, lo que hace que las variaciones en el precio de la vivienda puedan afectar al consumo y a la inversión residencial de los hogares.
Según el Banco de España, la mera posibilidad de que en algún momento haya que recurrir a este tipo de préstamos en caso de necesidad puede ser motivo suficiente para reducir o aumentar la necesidad de ahorrar por motivo de precaución.
La entidad cree que estos datos tienden a confirmar que en España el valor de la riqueza inmobiliaria “afecta principalmente” al consumo familiar por ser una “potencial fuente de recursos” con los que hacer frente a las dificultades en caso de necesidad, lo que se conoce con el nombre de ‘efecto riqueza’.
Calcula que cada punto porcentual de caída en el valor de la riqueza inmobiliaria podría traducirse en una disminución de más de una décima en el consumo de los hogares, aunque la influencia variaría en función de las características de cada hogar.

















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