Antonio Pintado, asesor jurídico de la ONCESaltó hace 20 años desde  una empresa de ingeniería al equipo jurídico de la ONCE  y, muy pronto, se vio seducido por la labor social que desempeña esta organización. Desde el Consejo General de ONCE lucha, a diario, para defender los derechos de los discapacitados. Afirma que se ha avanzado mucho en la integración de las personas con falta de alguna capacidad física o mental aunque “todavía queda mucho por hacer”. Además, Fernando Pindado es un gran conocedor del mundo del juego. Cree que ahora en España se están dando pasos muy peligrosos en lo que a regulación de la industria del azar se refiere. “El mercado del juego no se puede extender ilimitadamente” afirma con contundencia.

¿Qué diferencia hay entre trabajar como asesor jurídico en una empresa mercantil y hacerlo en una institución de carácter social?

Me acerqué a la ONCE sin saber en realidad lo que era y la verdad es que me ha sorprendido. A diferencia de una empresa mercantil en la que se busca el beneficio, aquí en la ONCE se cuida mucho las relaciones no solo entre los trabajadores sino también con los afiliados. Es una empresa de servicios sociales de protección social. Se da asistencia a los afiliados. Es lo que siempre tenemos inculcado en nuestra mentalidad. Cualquier afiliado puede dirigirse al Consejo General y nosotros tenemos la obligación de atenderle.

¿Solucionan problemas particulares?

Sí. Se ha abierto una línea de asesoramiento en caso de discriminación por razones de discapacidad en la que  nosotros intervenimos dando las aclaraciones oportunas. Hay trato directo con los afiliados. Somos una empresa de servicios sociales donde, ciertamente, se propone dar satisfacción a los afiliados para que estén contentos y vean que la institución trabaja por ellos.

¿Se avanza en el mundo de la integración del discapacitado?

Sí, pero muy lentamente. El mundo de la discapacidad ha sido tradicionalmente relegado, aunque ya la Constitución establece, en el artículo 49,  una política de protección social a las personas con discapacidad. Sin embargo, por múltiples vicisitudes esa política se ha puesto en marcha con muchísima dificultad. Es verdad que, hoy en día, en el mundo de la discapacidad hay una fuerte integración social. Se han creado asociaciones que defienden, desde hace ya muchos años, los derechos de los discapacitados. La ONCE va a cumplir ahora 75 años, 25 la fundación. Gracias a estas instituciones se ha permitido avanzar. El problema es de fundamentación jurídica y de mentalidad social y esa falta de mentalidad social ha supuesto que las personas con falta de alguna capacidad física o mental no puedan abogar por sus derechos de forma individual y deban integrarse en asociaciones para que esos derechos sean defendidos

¿Con qué problemas os topáis en ese camino hacia la integración total?

En el ámbito de las administraciones públicas, en muchos casos, nos encontramos con una reticencia absoluta pese a que los poderes públicos tienen un mandato directo de la Constitución para que, efectivamente, no discriminen a las personas con discapacidad. Aún así, en algunos casos, se ha llegado a asumir incluso la representación de las personas afiliadas para que se defiendan esos derechos. En el tema de acceso a la función pública, por ejemplo, hay gran desigualdad dependiendo las distintas comunidades autónomas y administraciones. En algunas consejerías se aplican los derechos de prelación de las personas funcionarias que acceden por la cuota de reserva de empleo para las personas con discapacidad. Pero nos encontramos con que una vez que van a acceder a ese puesto de trabajo ese derecho de prelación no se aplica. Un ejemplo: en Andalucía en todas las consejerías se aplica el derecho de prelación menos en la de Educación.

¿Qué conlleva? Por ejemplo, un afiliado ciego deficiente visual grave ve con muchas dificultades que se pueda incorporar a un puesto porque se le da la plaza a 100 kilómetros de su domicilio, con el problema de transporte que lleva acarreado. En resumen: en el ámbito del sector público se ha avanzado mucho, es la verdad, pero también existen grandes dificultades de aplicación.

En el sector privado su nivel de aplicación es nula. Por eso desde la ONCE  y otras instituciones sociales estamos tratando de cambiar la mentalidad de las empresas a través de acuerdos. Intentamos hacer entender que una persona con discapacidad es perfectamente válida para el puesto de trabajo. En determinados momentos lo único que conlleva son unos ajustes razonables, determinadas medidas que faciliten la accesibilidad del puesto de trabajo o que puedan desarrollar esa labor en unas condiciones asumibles.

Pero las empresas tienen una bonificación por contratar a trabajadores con discapacidad.

Efectivamente pero, aún así, sigue existiendo esa reticencia social. La mentalidad de los empresarios no se acerca al sector de la discapacidad. No ven que una persona con discapacidad puede tener un nivel de formación igual que el resto de los trabajadores. Además, hay muchos aspectos colaterales que la persona con discapacidad puede aportar al mundo de la empresa como son la motivación, las ganas de satisfacción o la solidaridad. Estos son conceptos que las personas con discapacidad han asumido y que luego pueden traducirse en una mayor colaboración con los compañeros.

Se han abierto experiencias interesantes como, por ejemplo, en el ámbito de los sordociegos. Con determinadas ayudas son perfectamente capaces para desarrollar un puesto de trabajo en todas las tareas. Creo que los empresarios tienen todavía muchos complejos. El sector de la discapacidad tiene una imagen que quizás no se la merezca.

Me imagino que la crisis económica no juega a favor del avance en la integración laboral del discapacitado.

Si ya es difícil integrar a una persona con discapacidad en el mundo laboral porque se entiende que ese trabajador va a rendir menos, pese a que no está probado que la discapacidad conlleve un número elevado de bajas y de ausencias, en una situación de crisis como la actual, en la que es muy difícil encontrar un puesto de trabajo, los problemas del discapacitado para acceder al mundo laboral, lógicamente, se agravan. En el ámbito de la Fundación ONCE se han creado convenios de empleo con las grandes empresas, que son las que tienen que dar ejemplo para que el resto del tejido empresarial  vaya cambiando su mentalidad.

¿Hay afiliados de la ONCE en el sector jurídico español?

En la anterior junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid estaba José Ignacio Rodríguez, ciego total. Conozco otro letrado del Ayuntamiento de Madrid. Estas personas con las adaptaciones que la ONCE les brinda en su puesto de trabajo pueden desempeñar perfectamente su función.

¿Internet y las redes sociales están complicando la vida de las personas ciegas?

Sí, ese es uno de los retos más importantes que tiene la sociedad actual. En un siglo en el que el avance tecnológico se produce a un ritmo endiablado hay un colectivo, como pueden ser las personas con problemas sensoriales, ciegos, que no tienen acceso a determinadas parcelas como las redes sociales. Los estudios realizados señalan que tienen dificultades de accesibilidad enormes pese a que hay una ley  que desde 2003 establece la obligación de que esos bienes y servicios sean accesibles para todos. La verdad es que en el ámbito internet y redes sociales se ha avanzado muy poco.  Los más de 70.700 afiliados a la ONCE aún encuentran importantes problemas a la hora de realizar actividades cotidianas dentro de Internet, como comprar en la Red, trabajar online con servicios habituales para otros ciudadanos (bancos, aseguradoras, agencias de viajes, etc.), así como en la interacción con la Administración. Es verdad que nosotros tenemos acuerdos con operadoras para hacer los móviles más accesibles y se están creando aplicaciones que permiten conversiones de paginas web. Pero, nuevamente, el sector privado está con cierto retraso.

Muchas vences en el mundo de la empresa no se entiende que las personas con discapacidad puedan ser consumidores. Pero si lo vemos desde un punto de vista de rentabilidad económica supone el acceso de un grupo de población muy importante. Hay que cambiar esa mentalidad social a un enfoque de rentabilidad económica. Ahora mismo, las adaptaciones técnicas, que pueden suponer un coste reducido, permitirán abrir el negocio a un mercado potencial de consumidores. El mundo de la discapacidad supone un 20% de la población.

¿España está mejor o peor que el resto de Europa en cuanto se refiere a integración de las personas con discapacidad?

Estamos por encima de otros países en cuanto a aspectos como la inclusión en el empleo y parecido en determinados ámbitos. Pero en el medio audiovisual, los grados de implantación de los subtitulados o audio-descripción son todavía muy bajos. Se tiene que mejorar. Estos sectores que son regulados debería de tener un grado de implantación absoluto. El incumplimiento es fragante. Sólo en alguna cadena pública se cumplen con los mínimos establecidos. En las privadas el incumplimiento es absoluto.

Pasemos a hablar del juego, un sector también azotado por la crisis y cada vez con mas competencia

Sí, el sector de juego es muy competitivo. El mercado del juego se ha abierto de forma inmensa. Nuestros ingresos provienen del juego, el 3% de la comercialización de los productos de la ONCE nutren a la fundación. Trabajamos loterías activas, pasivas y lotería instantánea.

Ahora lo que pisa fuerte son las apuestas. ¿La ONCE está abierta a ampliar su radio de acción a ese área de negocio?

No es la falta de interés de la ONCE en abrirse a nuevos mercados. Es que se autoricen. Toda autorización que reciba la ONCE tiene que ser aprobada por el Consejo de Ministros. Nuestro regulador es Hacienda y tenemos que contar con la opinión de la Administración Pública. La ONCE querrá estar en todos los sectores de juego que permitan trabajar con esas personas con discapacidad. El mercado del juego está cambiando. Confiamos en que la administración tenga la clarividencia suficiente para permitir a esta organización que también se desarrolle y evolucione conforme al mercado.

¿Partidario o opositor a Eurovegas?

En el ámbito europeo hay modelos de juego como tradicionalmente han sido el español o el portugués donde se ha mantenido la vinculación con entidades sin ánimo de lucro. Ese, a mi juicio, es el modelo que tendría que haber seguido España porque había una sentencia de la Santa Casa de la Misericordia del Tribunal de Justicia de la UE donde ya se establecía que se puede tener un mercado restringido cuando se cumplen determinados requisitos. En España se ha optado por el modelo italiano con una apertura absoluta en todos los ámbitos territoriales. Tenemos las comunidades autónomas que tienen sus competencias de juego. ¿Qué supone Eurovegas? Desde un punto de vista personal sé, por mi propia experiencia, que el mercado del juego no se puede extender ilimitadamente. Es un mercado que se tiene que sujetar a determinados controles. Nosotros, por ejemplo, tenemos una competencia desleal que es la de la OID, que vende sus productos de juego amparándose en los sorteos de la ONCE y llevan más de 20 años con la denominación actual. Es decir, por un lado, tenemos la competencia del juego ilegal y, por otro, la del juego legal. A mi juicio, el mercado del juego tiene que ser un mercado muy regulado como ya dice el Tribunal de Justicia europeo, un mercado donde se establezcan límites en beneficios de los consumidores, por lo cual todos los juegos ilegales deberían estar erradicados.

El proyecto de Eurovegas, en la medida en la que supone modificar el marco normativo para establecer excepciones para las leyes de sanidad o la asistencia de menores, genera, a mi juicio, un marco de inseguridad jurídica, en la medida en que se establecen un conjunto de excepciones en el marco regulatorio general. Creo que los productos de juego tienen que tener un componente social, vinculado a entidades sin animo de lucro, porque se entiende que, de alguna forma, el efecto pernicioso que pudiera tener la venta de juego se compensaba con esa labor social. Ahora mismo han entrado operadores que persiguen exclusivamente el lucro. ¡Claro! El proyecto Eurovegas en un país con alta tasa de desempleo siempre se vende bien. Pero como jurista que soy nunca establecería un paraíso fiscal donde se aplican determinadas excepciones de tributación o sanitarias.

¿Y que opina de la privatización de Loterías y Apuestas del Estado?

Con la liberalización del sector, a mi juicio, los vendedores de loterías se podrían ver perjudicados. En la medida en la que se privatiza se cambia la orientación: de ser el producto de juego una forma de allegar recursos públicos se convierte en la necesidad de maximizar el beneficio. Desde ese punto de vista es otro factor distorsión añadido. La privatización de un gigante del juego como es LAE supone una nueva tuerca al sector del juego que, como ya he comentado, no es algo que a mi juicio se pueda extender de forma ilimitada. La sociedad tiene una capacidad de compra de juego limitada.

Recientemente la ONCE ha sido galardonada con el premio Príncipe de Asturias a la Concordia. ¿Qué supone este galardón?

Es el reconocimiento a la labor que ha venido realizando la ONCE y su fundación en los 75 años que llevamos trabajando y, sobre todo, como hemos transmitido la necesidad de la atención a la persona con discapacidad, un sujeto pleno de derechos al que la sociedad tiene que acoger. Una sociedad excluyente es una sociedad que no es democrática y que no es rica. Como empleado de la ONCE me siento muy orgulloso de ese galardón.

Estamos en época de cambio y transformación. ¿Cómo se está adaptando la ONCE a estos nuevos tiempos?

La ONCE se está moviendo en dos aspectos: uno interno, en la medida que es una entidad prestadora de servicios y se mueve para estrechar la cercanía con los destinatarios de esos servicios que son los afiliados y también desde un punto de vista social. La organización trata de trasladar a los ciudadanos la existencia de la ONCE, los fines que hace, su labor diaria y lo importante que es. Se están implantando programas internos en ese sentido, además de  una gran labor de comunicación. Hay campañas de publicidad en las que se trata de trasmitir ese aspecto de superación de las barreras. Estamos convencidos de que, al final, una persona es capaz de vencer todo tipo de dificultades personales y sociales y llegar a cumplir y satisfacer sus anhelos vitales y eso es lo que la ONCE  trata de transmitir a la sociedad.

 

 

 

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