La encuesta revela que el 59,7% de los empleados contrataría a su actual superior si tuviera una empresa propia en la que necesitara un directivo, pero casi uno de cada cuatro (22%) preferiría arriesgarse a que llegara un nuevo jefe antes de quedarse con el suyo.

Tres de cada cuatro considera a su jefe competente para sus funciones y dos de cada tres afirma sin dudar que la presencia de su superior supone una ayuda útil para su equipo.

El estudio también analiza las impresiones de los jefes a los que se les preguntó previamente qué nota pensaban que les iban a poner sus colaboradores y cómo se veían ellos respecto a los mismos temas que se les preguntaría a sus equipos. El resultado fue que se sobrevaloran en su autoevaluación en un 59% de los casos.

El aspecto peor valorado de los jefes por sus empleados es la ausencia de reconocimiento. Sólo un 43% logra que su jefe, al menos una vez al año, le diga de manera formal que está satisfecho de su trabajo, si bien un 60% de los empleados siente claramente que se valora su labor.

Gestionar correctamente las emociones propias y del equipo es otra asignatura pendiente de los jefes, según el estudio. Los trabajadores afirman que el 40% de los jefes genera presión negativa, estrés y agobio, y que el 44% no es capaz de reconocer sus errores o limitaciones. Casi un tercio (30,4%) asegura que su superior no controla sus prontos y se descontrola dando más voces de lo debido.

Tan sólo uno de cada tres jefes es reconocido como capaz de cambiar fácilmente de opinión cuando se le argumentan otras alternativas, y sólo la mitad (55%) suele sumar ideas en vez de imponer siempre la suya. Apenas la mitad de los jefes (55%) tolera bien que los demás se equivoquen.
En cuanto al tratamiento que los jefes dan a sus empleados, un 44% reconoce que su jefe suele dirigirse a ellos de malos modos, y sólo la mitad de los colaboradores afirma que su superior dedica tiempo suficiente a su gente (49,7%).

Sobre las decisiones que adoptan los jefes, el 41% de los colaboradores asegura que sus jefes no van directos a los fallos cuando controla el trabajo que han hecho, si bien el 66% los aprovecha para aprender en vez de limitarse a echar la bronca ante el error.

Eso sí, el 78% de los trabajadores reconoce que sus jefes dejan muy claros los objetivos, aunque uno de cada tres percibe “ventas de moto” en vez de decisiones razonables y consecuentes. Por otro lado, los trabajadores aseguran que el 66% de los mandos delega adecuadamente, explicando bien las cosas y dando respaldo.

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