Ramon Rey
Ramón Rey

Nos guste o no, nuestra Identidad Digital es el fiel reflejo de lo que Google dice de nosotros. No es nada nuevo si digo que, somos muchos los que hemos buscado nuestro nombre en internet para conocer qué dice de nosotros. Además, las empresas ya analizan hace tiempo nuestros perfiles de internet, y ahora parece, que hasta la Hacienda Pública, ha encontrado una vía adicional de investigación en la información personal que se muestra y/o compartimos en la web.

Es a partir del número ingente de datos que cada día aparecen (voluntaria o involuntariamente) asociados a nuestro nombre, que además, no debemos obviar que va “in crescendo”, que nace la figura del Suicidio o Seppuku Digital.

Para ilustrar al lector, creo que la forma más práctica es traer a colación dos ejemplos; en primer lugar, me gustaría comenzar por la “fallecida” web http://www.seppukoo.com/about,  en ella se puede leer:

“Este es el final. Mi único amigo, el fin”.

Esta web, entre otras funcionalidades contaba con un “muro de suicidas”, pero como reza su página principal, desde diciembre del año 2.009 no presta sus servicios por una “controversia” con Facebook.

La web seppukoo.com podría ser (no lo afirmo, ya que lo desconozco) el germen del movimiento que aboga por el llamado Suicidio Digital.

Continuando con los ejemplos, encontramos la web holandesa www.suicidemachine.org,mucho más depurada y sofisticada que la anterior,que nos “ayuda” al Suicidio Digital en su versión 2.0 es decir, en las redes sociales y más concretamente, en Myspace, Facebook, LinkedIn y Twitter.

En este punto, creo necesario y oportuno, hacer una  brevísima mención a esos números que se han ido añadiendo paulatinamente a internet para definir las funcionalidades. En el origen está el 1.0, que hacía referencia única y exclusivamente a individuos conectados a internet es decir, se trataba de internet unidireccional y sin interacción alguna por parte de los usuarios.

La llegada del 2.0 supondría un paso más, ya que hablamos de individuos conectados con individuos y finalmente, el 3.0, que estaríamos ante aplicaciones que buscan enriquecer la experiencia digital del internauta.

Visto lo anterior, el Suicidio Digital 2.0 supondría “solamente” desaparecer de las redes sociales. El Suicidio Digital 3.0 iría un paso más allá, e implicaría tratar de recuperar nuestro anonimato digital. Dicho con otras palabras, desaparecer de internet y no tener una vida online o virtual.

  • ¿QUÉ ES ENTONCES EL SUICIDIO DIGITAL 3.0?

La definición como tal no es complicada, ya que se trataría de la decisión personal de “desaparecer” del mundo digital.

Sin embargo, otra cuestión bien diferente, es la materialización de dicha decisión, que con otras palabras no es más que la verbalización del pensamiento que ronda a muchos internautas: “quiero salir de internet” o “quiero borrarme de Google”.

Las razones que llevaban al Samurái a cometer el suicido ritual o Seppuku podían ser de diferente naturaleza sin embargo, al “Samurái Digital”, la razón última es su anonimato en la web.

En este punto, la gran cuestión es si el Suicidio Digital 3.0 es posible o no. No quiero dejar pasar la ocasión, aunque sea otro debate, de realizar una brevísima mención a lo que he denominado la Eutanasia Digital. Lo que subyace a la Eutanasia Digital no es más que la propia complejidad de internet ya que entiendo que el Suicidio Digital necesita, en muchos casos, (por no decir en la mayoría) contar con los profesionales del derecho, y es,en el sentido que, para “morir” en la web es necesaria la colaboración de otros, que deberíamos hablar, quizás, de Eutanasia Digital.

Para completar el Suicidio Digital, o dicho vulgarmente, para “salir de internet”, en mi opinión es necesaria la conjunción de al menos dos derechos: por un lado, el Derecho al Olvido, en un sentido amplio, y superando su actual configuración, y de otro, lo que he denominado el Derecho al Arrepentimiento Digital (véase a dicho respecto el artículo publicado en este mismo medio:

Con independencia de cómo se denomine a la decisión de un individuo de desaparecer de internet, creo que es evidente que cada vez se es más selectivo con la información que publicamos de nosotros y también, somos más conscientes que internet es un escaparate abierto 24 horas, 365 días al año.

En la imparable evolución de la red de redes ya se habla de internet 4.0, lógicamente, debemos esperar a la configuración definitiva de las nuevas funcionalidades para saber si podremos, o tendremos que hablar, del Suicidio Digital 4.0 o no.

Para terminar, es indudable que el anonimato digital, con todas las dificultades que conlleva, es un “estatus” jurídico cada vez más valorado por los internautas, y por ello, tras la inicial borrachera y resaca digital, la prudencia (o como he denominado en otros foros, la ciberprudencia) debe ser esencial en nuestra actuación cotidiana en la red de redes.

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