Por Sergio Balañá, Director de Propiedad Intelectual de Lupicinio Abogados

Los esfuerzos invertidos durante los últimos 35 años en lograr un Sistema Europeo Unificado de Patentes parecían estar (como los trabajos impuestos a Sísifo derivados de su castigo en los infiernos) eternamente condenados al fracaso. El sacrificio consistente en empujar la roca hasta la cima de la colina concluía, irremisiblemente, con la roca rodando ladera abajo, para así tener que comenzar, una y otra vez, de nuevo.

A lo largo de las últimas décadas, el profesional del derecho de patentes ha asistido al fracaso, una tras otra, de cada una de las iniciativas encaminadas a lograr un sistema europeo unificado de patentes construido sobre la base de la existencia de un único título, un sistema jurisdiccional unificado, un mismo derecho sustantivo aplicable y un régimen lingüístico capaz de conciliar intereses a primera vista irreconciliables. El mecanismo de la cooperación reforzada – concreción institucionalizada de la “Europa de dos velocidades” – ha logrado recientemente desbloquear una situación que parecía estar condenada al bloqueo permanente.

Sin embargo, el resplandor con que se presenta ese logro aparente no debe impedir identificar las sombras en las que se esconde gran parte de su propio fracaso, en la medida en que si finalmente el acuerdo se ha alcanzado, ello ha sido únicamente al elevado precio consistente en excluir del sistema al Reino de España y a la República Italiana, que representan en su conjunto un mercado de dimensiones equivalentes – en número de consumidores – a la quinta parte del mercado interior. Ambos estados han decidido, libremente, no participar del sistema como muestra de disconformidad con un régimen lingüístico que prescinde de sus respectivas lenguas oficiales. La diversidad lingüística en Europa, a modo de castigo divino (…como en el conocido episodio bíblico) se ha erigido así, desde el inicio, en el principal escollo que durante décadas ha impedido culminar con éxito el proyecto de creación de un sistema europeo unificado de patentes.

En el marco del mecanismo de cooperación reforzada referido, el Parlamento Europeo, en sesión plenaria de fecha 11 de diciembre de 2012 ha aprobado, en tres votaciones separadas, lo que constituye el primer paso hacia la aprobación definitiva del denominado “paquete” relativo a la Patente Europea con Efecto Unitario. De forma significativa, ese mismo día, el abogado General Bot presentaba sus conclusiones en los Asuntos acumulados C-274/11 y C-295/11 en relación con los recursos presentados por el Reino de España y por la República Italiana contra la Decisión del Consejo por la que éste autorizó poner en marcha la cooperación reforzada mencionada.

Iniciada la andadura de los trámites tendentes a la aprobación final del proyecto, ahora sólo cabe esperar que éste recorra satisfactoriamente (…como todo parece indicar que así será) el proceloso itinerario en que se concreta el sistema europeo de adopción de decisiones. En caso afirmativo, deberá entonces comprobarse si la inercia de los acontecimientos termina por arrastrar a los estados no participantes, haciéndoles reconsiderar su postura.

La propuesta contempla la creación de un título (la llamada “Patente Europea con Efecto Unitario”) expedido por la Oficina Europea de Patentes de acuerdo con las normas y procedimientos establecidos en el Convenio sobre la Patente Europea. La Patente Europea con Efecto Unitario (a diferencia de las patentes europeas “clásicas”) no se desdoblará en un haz de patentes nacionales regidas por el derecho sustantivo o material de los correspondientes estados miembros del CPE sino que, en tanto que título unitario, se rige en consecuencia por un derecho sustantivo propio, recogido en uno de los dos Reglamentos de la UE a través de los cuales se contempla su creación; el segundo de los Reglamentos regula el régimen lingüístico aplicable a la Patente Europea con Efecto Unitario, causa principal de que la aprobación definitiva del proyecto, finalmente, sólo pueda lograrse acudiendo al mecanismo de la cooperación reforzada. El tercer pilar del sistema consiste en la creación de un denominado Tribunal Unificado de Patentes (TUP) que, a diferencia de los otros dos aspectos del sistema mencionados, no se contempla en un instrumento de derecho derivado de la UE, sino en un Acuerdo Internacional a celebrar a lo largo del primer semestre de 2013 entre los Estados miembros participantes en el mecanismo de cooperación reforzada, al margen por lo tanto del entramado institucional y decisorio de la UE. De forma señalada, conviene destacar el hecho de que el TUP tendrá jurisdicción para conocer de los litigios relativos a la infracción y / o validez tanto de las (ya existentes) patentes europeas como de las (ahora proyectadas) patentes europeas con efecto unitario.

En definitiva, el convulso proceso necesario para la aprobación del sistema europeo unificado de patentes no constituye sino un reflejo más de las tensiones que desde sus inicios subyacen en el proyecto de integración europea, que impiden que el todo se eleve definitivamente por encima de las partes. Que España e Italia queden fuera del sistema (con independencia de que sus aspiraciones sean – como son – legítimas) es síntoma de que las tensiones centrífugas en el seno de la UE, en ocasiones, logran imponerse al estímulo centrípeto. En cualquier caso no cabe duda de que para el sistema europeo de patentes, que el acuerdo finalmente alcanzado no haya sido capaz de concitar un respaldo unánime, no es una buena noticia.

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