En un desayuno informativo previo a unas jornadas sobre el caso Madoff, el jefe del Departamento de Información del IEB, Lorenzo Dávila, consideró que existe un sistema regulatorio «muy potente», aunque confió en que se aprenda de esta experiencia y se lleven a cabo «cambios regulatorios y supervisores».

Reconoció que hace falta una regulación «de más directa aplicación y a nivel internacional», así como la creación de «organismos supervisores de supervisores» que no limiten la ampliación del mercado pero que sí consigan que ésta sea «más lógica» para generar así una mayor confianza en el sistema financiero.

Dávila defendió que estudiando este tipo de casos se pueden «hacer pequeños cambios para evitar grandes problemas». Así, apuntó que todas las medidas que se están barajando para estructurar fiscalmente las retribuciones a los consejos «pueden evitar ciertos niveles de riesgo que generen burbujas que encubren a personajes como Madoff».

En el caso de Madoff lo que falló, según Dávila, no fue tanto la regulación, «que puede ser más estricta», sino la supervisión, ya que incluso Bernard Madoff superó un proceso de inspección de la Comisión de Seguridad e Intercambio (SEC) lo que le permitió además mejorar la reputación que ya tenía su negocio.

Esta buena imagen ayudó al broker norteamericano a crear un negocio de prestigio que permaneció encubierto por una fase alcista de la economía y que se descubrió cuando se produjo una retirada de fondos en los mercados. El director de Programas a Medios del IEB, Sergio Reyes, consideró que un proceso de vigilancia «más minucioso» por parte de la SEC «hubiera sido fundamental para evitar que la escala de recursos fuera cada vez a más».

Reyes subrayó que sería demagógico afirmar que no volverán a suceder estafas del estilo de la de Madoff, pero insistió en que se pueden intentar minimizar sus consecuencias. En esta línea, Dávila apuntó que los procesos de estafa están «sujetos a la lógica humana y ésta tiene capacidad de adaptación a los nuevos esquemas regulatorios», lo que permitirá a quien quiera cometer una estafa a buscar un resquicio donde hacerlo.

Defendió la importancia de transmitir a los futuros directivos «valores éticos de comportamiento y responsabilidad» y hacerles ver que este tipo de comportamientos a largo plazo «tiene retornos positivos desde el punto de vista económico». «Es conseguir que tengan una visión de empresa más que de negocio», agregó Dávila.

Reyes destacó la importancia de no trivializar el caso Madoff y mantener una «memoria histórica» que permita a los futuros directivos tener muy presente este tipo de casos «para que no se repitan en un futuro aspectos que deterioren la confianza a nivel mundial».

Pidió que no se demonicen los instrumentos financieros, ya que satisfacen necesidades del sector, sino su mal uso. «Una buena utilización de estos instrumentos puede llevar a resultados coherentes a un determinado perfil de riesgos», agregó.

Dávila recalcó que la respuesta del Banco Santander, uno de los inversores afectados por la estafa, fue «envidiable», y su decisión de canjear lo invertido por preferentes fue «más que razonable» y le ha permitido salir reforzado del caso. Así, calificó al presidente de la entidad, Emilio Botín, como «un genio de la gestión».

Consideró «muy positiva» la rapidez con la que se ha juzgado a Bernard Madoff en Estados Unidos, porque hacía falta «un cierto escarmiento público» para generar confianza en el sistema financiero, y lamentó que, «por desgracia», un escenario similar no hubiera sido posible en España.

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