Como sociedad democrática moderna todos vivimos sometidos a las «reglas de juego» que, amparado en esa Democracia, conlleva el Estado de Derecho. Esto significa que nuestras relaciones con los poderes públicos, las instituciones, las empresas y los demás conciudadanos están delimitadas claramente por el imperio de la Ley.

Todos nuestros derechos, libertades y obligaciones — así como sus respectivos límites — están recogidos en diferentes reglamentos, leyes, códigos y normas. Como sociedad, vivimos rodeados de todos estos instrumentos. Y el Derecho, como disciplina encargada de construirlos, interpretarlos y aplicarlos, crece y evoluciona conjuntamente con la sociedad a la que pertenece. Sus objetivos últimos son la igualdad, la justicia, la seguridad y la protección de todos sus integrantes, sin distinción y en todos los órdenes de la vida.

Pero no todos podemos dominar el lenguaje, los mecanismos y las herramientas necesarias para que esa «maquinaria», la del Derecho, funcione de manera eficiente. También como sociedad necesitamos mediadores especializados que nos ayuden en nuestra convivencia e interacción con la Ley.

Estamos hablando de los abogados, una profesión vocacional, pero imprescindible, sin la que sería imposible la cohesión social moderna. Los abogados conforman un colectivo profesional incombustible y dinámico, con incontables campos de actuación, que pueden suponer una alternativa laboral atractiva para cualquiera. Pero ¿cuál es el proceso para convertirse en abogado?

El primer paso, superar el grado de Derecho

El primer requisito indispensable para ser letrado profesional en España es superar con éxito los estudios del grado en Derecho. Esta formación garantiza que el aspirante a abogado cuenta con los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para desenvolverse con soltura y solvencia en su área de competencias. Este grado — equivalente a la antigua Licenciatura en Derecho — tiene una duración de cuatro años y, como cualquier formación moderna, también contempla la adquisición de conocimientos no exclusivamente relacionados con las leyes y su aplicación, sino con aquellas habilidades transversales exigibles a cualquier buen profesional del siglo XXI: idiomas, comunicación, deontología, TIC’s, etc.

Un máster y una prueba de acceso como requisitos ineludibles

Aunque el grueso de la formación necesaria para ser abogado se obtiene tras superar el grado en Derecho, aún son necesarios algunos pasos previos, antes de poder ejercer la abogacía de manera profesional. Tras la obtención del grado en Derecho es preceptivo estudiar un Máster en Ejercicio de la Abogacía, de una duración aproximada de unos 18 meses. Este Máster debe contemplar créditos prácticos en derecho procesal civil y derecho mercantil, créditos prácticos en materia procesal, tanto penal como laboral y créditos de práctica contencioso administrativa.

Este Máster específico y obligatorio prepara al aspirante para superar con éxito el penúltimo requisito – también obligatorio – antes de poder dedicarse profesionalmente al ejercicio como abogado: la prueba de evaluación de la aptitud profesional para el ejercicio de la abogacía. Se trata de un examen convocado por el Ministerio de Justicia que «valida» de forma definitiva los conocimientos, habilidades y competencias, necesarias y establecidas por el propio ordenamiento jurídico, para ser abogado en España.

El último paso, que sirve de garantía tanto al profesional del Derecho como a sus futuros clientes, es  su adscripción a un colegio oficial de abogados registrado en el territorio español. De esta manera, existe no sólo un censo oficial de los profesionales titulados en cada momento. Estos organismos se aseguran, además, de que sus colegiados cumplen con los estándares profesionales, tanto teóricos como deontológicos, exigibles a cualquier profesional de la Ley y, también, de que desarrollan su trabajo con dignidad y con la suficiente protección como colectivo.