Mercedes de PradaMercedes de Prada es abogada y, desde 2009, dirige el Área de Derecho del Centro Universitario Villanueva, además de ser autora de numerosas publicaciones de derecho procesal civil y penal y haber recibido el premio extraordinario de doctorado. En esta entrevista hablamos sobre cuestiones como las nuevas tendencias en la innovación docente o los cambios que se están produciendo tras la entrada en vigor del nuevo sistema de acceso a la abogacía.

¿En qué se diferencia el Centro Universitario Villanueva de la Universidad Complutense, a la que está adscrito?

Nosotros ofrecemos los grados Complutense, tanto de derecho como de las otras materias. Pero además de esas asignaturas del plan de estudios ofrecemos una serie de asignaturas, servicios y una extensión universitaria diferentes. En eso es lo que se diferencia que seamos un centro privado.

Es decir, los alumnos, además de estudiar las asignaturas Complutense de derecho romano, civil o constitucional estudian idiomas como inglés, francés y alemán, tienen una serie de asignaturas que consideramos fundamentales para el ejercicio de la abogacía que se van concretando cada año, tenemos una serie de asignaturas que además se imparten en inglés para prepararles para competiciones internacionales como el Moot Court, etc.

Como codirectora de la Revista de Innovación Docente en Derecho y Empresa, ¿Cree que se innova suficientemente en las enseñanzas de Derecho? ¿Ha cambiado mucho el panorama educativo en la última década?

Es relativo ya que todo depende de cada universidad. Mi experiencia es que las cosas siguen igual en algunas universidades. En las públicas, desde luego, creo que hay voluntad de innovación pero hay pocos medios para aplicarlo. En las demás universidades creo que sí que se está apostando por la innovación y en Villanueva, desde hace muchísimos años, la enseñanza es muy práctica. La de Derecho es una carrera eminentemente práctica. Los profesores son siempre profesionales en ejercicio y lo que hacen es trasladar sus conocimientos de la vida real, de lo que están haciendo en sus despachos, asesorías o empresas, en las aulas.

Sin embargo, uno de los reproches que hace la universidad pública a la privada es que se hace poca investigación. ¿En qué situación está Villanueva en este aspecto?

Ahí estamos bastante en desventaja de cara a ellos. De hecho, cuando hemos pedido proyectos de investigación a la Complutense, no nos han dejado aún siendo un centro adscrito. Hasta tal punto que llevamos dos años en que la Complutense no nos permite sacar bibliografía de la universidad, aún siendo profesores Villanueva. Tenemos que pagar por el alquiler de los libros.

Nuestras condiciones son mucho peores que las que puedan tener mis compañeros de mi departamento en la Universidad Complutense. Yo no tengo acceso a ese material, no tengo acceso a las bases de datos… Todo tiene que ser a costa de nuestro esfuerzo y nuestro trabajo individual.

Estamos intentando, y de hecho estamos investigando mucho y muchos de nuestros profesores están haciendo tesis y se están acreditando como doctores, pero claro, los medios económicos son muy rudimentarios porque no tenemos apoyo de las instituciones. Eso ralentiza y dificulta.

¿Cómo se explican estas limitaciones?

Me imagino que el tema es de base. La Complutense está pasando una situación de crisis económica muy importante y una forma de conseguir dinero es que profesores que no son contratados laborales de la Complutense paguen por lo que sea. Necesitan financiación. Lo entiendo: son momentos duros y de crisis, pero claro, hablando de investigación a mi me resulta muy duro. Sobre todo por mis profesores, que les animas a que investiguen, trabajen y estudien pero la situación es limitada.

En los últimos años han surgido muchas universidades y facultades de Derecho por toda la geografía española. ¿Cree que existe un exceso de oferta y que puede producirse una reestructuración del sector en forma de fusiones o de cierre de centros? ¿Cómo ve el futuro inmediato?

Lo veo complicado. Efectivamente, es demasiada la oferta para Madrid. Sobre todo porque en otras provincias antes no había tantas facultades o no tenían tanto nivel y la gente iba a capitales o venía a Madrid a estudiar Derecho. Ahora ya no es así. Ahora el nivel ha aumentado en las provincias. No sabría decirte como va a ser el futuro de tanta universidad, si va a haber fusiones o si cada uno va a intentar sobrevivir como pueda dentro de las circunstancias, pero sí que está complicado.

Más allá de las universidades que existen, ¿Cree que existe un exceso de licenciados o graduados en Derecho o considera que el mercado será capaz de absorber a todas esas personas?

A partir de este año, que comienza la Ley de Acceso al ejercicio de la profesión, yo creo que las cosas van a cambiar. Considero que hay muchos abogados y como en todo hay mucha gente buena y otra gente que no es tan buena. Pero creo que a partir de ahora, el abogado colegiado va a tener mucha más calidad y va a estar mucho mejor preparado y formado que lo que estaba hasta ahora.

Creo que el master de acceso va a ser un trampolín para todo abogado de vocación. Porque antes se oía mucho eso de “no sé que estudio, así que me meto en Derecho que es muy versátil y me dará muchas posibilidades”. Eso sigue siendo así, pero ahora los requisitos son un poco más difíciles. Creo que ahí va a funcionar la motivación, la vocación y eso, para la sociedad en general, va a ser muy bueno.

¿Qué le parece la estructura y los contenidos propuestos finalmente para el primer examen de acceso?

Me parece bien el examen, aunque también podría haber sido de otra forma. Quizá habrá que ir probando y mejorando a base de prueba y error. En lo que que sí que estoy totalmente disconforme es con la valoración del master. Ahora los porcentajes han cambiado y lo que tiene peso específico es la prueba. Creo que hay que darle muchísimo más valor al master de acceso en sí, que es lo que realmente va a formar al alumno.

En un tipo test y dos casos prácticos, yo no se si mi alumno va a redactar bien una demanda y va a plantear bien un problema o va a realizar bien un dictamen. Esto lo voy a saber en el transcurso del master de acceso y en sus prácticas profesionales.

Por otro lado, igual no hubiera hecho falta hacer ese examen y simplemente con un master de acceso serio, bien planificado y estructurado, hubiera sido suficiente. Pero el tiempo nos dirá. Cuando pase este junio y acabe el examen veremos cómo ha salido todo.

¿Cómo están reaccionando los despachos ante todos estos cambios? ¿Están trabajando conjuntamente para ayudar a los alumnos a que se incorporen?

El proceso va a ser distinto. Todo esto trae muchísimas novedades y como todo tendrá su parte buena y su parte mala. Ahora mismo, nuestros alumnos siempre han hecho prácticas obligatorias durante la carrera. Unas de primer ciclo y otras de segundo ciclo. Nosotros tenemos convenio con casi todos los despachos de Madrid y de provincias y ahora, los convenios cambian para el master de acceso. Ahora los alumnos tienen que realizar seis meses de prácticas e incorporarse en Marzo. Pero, por otro lado, creo que la ventaja de eso es que el despacho va a tener tiempo de formar muy bien a ese alumno al que luego puede contratar en vez de estar buscando en procesos de selección a gente de fuera.

No es lo mismo salir al mercado laboral sin tener ningún tipo de experiencia a que ya te conozcan y conozcas tú lo que te gusta. No todos los alumnos están preparados para entrar en un gran despacho ni en uno pequeño. Es decir, el perfil de cada alumno es muy importante. Son jóvenes, se están formando y se están haciendo. Yo creo que esas prácticas en general van a venir muy bien.

¿Qué formación están exigiendo los despachos a las universidades en la actualidad? ¿Qué se pide de los alumnos de derecho?

Para los alumnos de derecho, creo que algo fundamental es tener una mente más abierta ante todo el mundo empresarial y la gestión. Al fin y al cabo, un despacho es una empresa.

Es necesario para los grandes despachos que un jurista sepa de contabilidad, para manejar expedientes y autos, para ver balances… Esas herramientas empresariales son muy importantes para un abogado.

Luego, idiomas, claro. Los idiomas, que son uno de los caballos de batalla aquí en España, son muy importantes para nosotros. De hecho, tener dos idiomas para poder salir al mercado laboral ya es fundamental. Incluso estamos empezando con el tema del chino porque estamos viendo que el mercado asiático también va a ser un mercado en auge.

Cambiando de cuestión, parece que hay muy buenos juristas en España y, sin embargo, los ciudadanos tienen la sensación que el sistema judicial no funciona bien. ¿Qué cree que se podría hacer para mejorarlo?

Creo que es un tema, ante todo, de política legislativa. Es el legislador el que tiene que dar la confianza al ciudadano de que existe una organización jurisdiccional, que para eso es el monopolio del Estado. Los justiciables poco podemos hacer más que quejarnos. Todas las modificaciones y reformas que se han hecho han sido, un poco, a golpe de titular de prensa y esa no es una buena forma de legislar.

Luego hay un tema económico de fondo bastante importante. Falta de mecanismos. Si te acercas a un juzgado ves que están absolutamente desbordados y no tienen medios materiales. Hace poco estuve en un juzgado en Parla y me dieron una hoja que decía que no podían prestar la atención debida a los profesionales y al público en general porque los funcionarios que faltan no se han procedido a nombrar desde hace años. Ya te avisan en el propio juzgado que lo sienten mucho pero que no van a poder atenderte como es debido porque no tienen el personal. Claro, es un tema de política legislativa y tambén de financiación.

¿Qué opina de las distintas reformas que está llevando a cabo Gallardón en esta legislatura?

Creo que son reformas demasiado precipitadas y que no están muy bien pensadas. La litigiosidad, por ejemplo, se ha convertido en algo casi para ricos. Eso de “la justicia para ricos” es cierto porque, realmente, para recurrir e interponer cualquier escrito, lo primero que tienes que hacer es pagar una tasa que a veces es absolutamente desencentivadora.

Quiero pensar también que hay otro mecanismo extrajudicial que está empezando a tener importancia en nuestro sistema de resolución de conflictos, que es la mediación y quiero penar que está disminuyendo la litigiosidad porque la gente está aprendiendo esa nueva cultura de la mediación.