Nuestro interlocutor, Enric R. Barlett, doctor en Derecho, acaba de ser nombrado nuevo Decano de la Facultad de Derecho de ESADE (Universitat Ramon Llull) y asumir el cargo a inicios de este nuevo curso al finalizar el segundo mandato de cuatro años del doctor Pedro Mirosa. Bartlett, quien hasta ahora era vicedecano de la Facultad, se pone al frente de la institución en un momento muy importante para el sector de la formación debido a las reformas que el Plan Bolonia provoca en los currículos. En este sentido, Bartlett comenta que “nuestra facultad debe contribuir a que nuestros graduados y postgraduados no solo continúen logrando una sólida formación jurídica, sino que ésta sea incluso mejor. “Hemos sido de las facultades pioneras de España en la adaptación de los programas de Grado y de Postgrado. Ahora se trata de estar en la vanguardia de su aplicación”, explica. Para ello, uno de los objetivos de Bartlett en esta nueva etapa como decano de la Facultad es profundizar en las innovaciones pedagógicas y potenciar las prácticas que ya viene desarrollado la escuela para permitir a los alumnos adquirir conocimientos y potenciar algunas competencias como el análisis crítico o la exposición oral y escrita en varios idiomas.

Como otro de los proyectos estrella del centro, el nuevo decano se propone confirmar la apuesta por la internacionalización de la Facultad de Derecho de ESADE, que pasa por formar a licenciados con amplia visión global y experiencia internacional. “Estamos jugando en la primera división de la liga global de Facultades de Derecho”, opina Bartlett. Esto se refleja en la alianza de la Facultad de Derecho de ESADE con 11 de los mejores centros universitarios del mundo para abrir recientemente el Center for Transnational Legal Studies. Un centro universitario ubicado en el distrito jurídico y financiero de Londres (High Holborn Street) donde se ofrece a los alumnos de la Facultad de Derecho de ESADE un semestre de formación intensiva centrada en Derecho internacional y comparativo impartido por profesores procedentes de las diferentes universidades.

Enric R. Bartlett, es licenciado y doctor en derecho por la Universidad de Barcelona. En 2004 se incorporó a ESADE, donde dirige el Seminario de Derechos Humanos y es profesor del Departamento de Derecho Público. Además, desde 2006 ha sido vicedecano de Formación Continua.T ambién en el campo universitario, anteriormente, Bartlett fue profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Pompeu Fabra entre 1991 y 2004. Además, ha sido el adjunto al Síndic de Greuges de Catalunya desde 1993 a 2004.Actualmente, es miembro del Centro de Estudios del Cristianismo y Justicia y del Instituto Europeo del Ombudsman, con sede en Innsbruck.

Desde que la Facultad de Derecho de ESADE inició sus actividades en 1992 en Barcelona, alrededor de 4.500 alumnos han pasado por las aulas con el objetivo de formarse como juristas capaces de afrontar los nuevos retos que plantea la profesión jurídica. La escuela cuenta con una amplia oferta formativa tanto en programas universitarios (Grado en Derecho, Master Interuniversitario en Derecho de la Empresa, Masters en Propiedad intelectual y Sociedad de la información y en Corporate Finance y Doctorado) como en formación continuada dirigida a profesionales del derecho (jornadas y seminarios). Actualmente, más de 500 alumnos cursan la licenciatura ya plenamente adaptada al Plan Bolonia y 130 participan en Masters y programas de Postgrado. En mayo de 2009 la licenciatura o grado en Derecho de ESADE fue reconocido por segundo año consecutivo con el tercer puesto a nivel nacional y el primero de Cataluña, según El Mundo. El mismo diario también ha reconocido en numerosas ocasiones los postgrados en Asesoría y Gestión Tributaria y en Derecho Internacional de los Negocios de la Facultad de Derecho de ESADE como los mejores de España en su especialidad.

¿Podría explicarnos qué objetivos se ha marcado como nuevo Decano de Esade en su primer año de mandato?

Les citaré tres: ampliar la captación de talento, consolidar nuestro proyecto docente aplicando “Bolonia”, incrementar la presencia social. Somos parte de una fundación sin ánimo de lucro que no tiene subvención pública; pero tenemos una política de becas al talento que deseo poder aumentar. Dejo Bolonia para más adelante. Procuraremos intervenir, todavía más, en aquellos debates transcendentes para la sociedad. En este sentido, el mes de septiembre 2009 hemos comenzado dos foros, uno de propiedad intelectual y sociedad de la información y otro de relaciones laborales. Contenidos protegidos en Internet: nuevos formatos, nuevos negocios; marcas blancas, son algunos temas de actualidad para el primero; flexibilidad y seguridad, negociación colectiva, para el segundo. Se trata de promover el debate sereno, no sólo a corto plazo, sin dogmatismos. Estos objetivos están en línea de continuidad con la trayectoria de búsqueda de la excelencia de la Facultad desde que se creó hace 15 años. Son posibles por el buen trabajo realizado por mis predecesores y el equipo de profesores y personal de administración y servicios.

Según una encuesta reciente, los jóvenes futuros universitarios no son partidarios de los cambios de Bolonia. ¿Por qué cree que no aceptan este nuevo Plan Formativo?

En origen, Bolonia suponía establecer un sistema docente que permitiera reconocer los estudios cursados en una universidad europea, en cualquier estado del Continente. Era un paso más en la aplicación de una de las libertades fundamentales de los tratados comunitarios, la libre circulación de personas –en su condición de profesionales-. Ese objetivo inicial, se ve luego como una oportunidad para mejorar el aprendizaje en la universidad o -otros dirán- imposible de alcanzar sin esa mejora, lo que exige potenciar las mejores prácticas de alumnos y profesores y romper el ritual de “dictar la clase” y toma de apuntes y exponer los mismos en el examen. En definitiva, más trabajo para los profesores y para los alumnos. Para que se acepte, han de haber incentivos. Visualizar qué se gana con ello. En general, los futuros universitarios han de saber que sus posibilidades de mantener o mejorar los estándares de vida de sus padres, requieren más preparación. Pero luego, han de encontrar trabajo y no ser “mileuristas” por siempre jamás.

Precisamente, estos cambios de Bolonia coinciden con la nueva Ley de Acceso de la Abogacía, ¿cuál va a ser el papel de Esade en este contexto?

Para la Facultad, aplicar “Bolonia” no es tan diferente de lo que veníamos haciendo, esto es: estudiar manuales, no sólo apuntes; preparar los casos facilitados por el profesor antes de clase y desarrollarlos y comentarlos allí; controles periódicos del aprovechamiento; actividades que fomentan el análisis crítico, la exposición oral y escrita en varios idiomas, etc. Pero hoy ya no es una opción, la memoria que justifica nuestro Grado en Derecho y cuya ejecución la Administración va a fiscalizar, lo exige. La Ley de acceso pretende garantizar unos mínimos de solvencia profesional para el ejercicio de la abogacía. De alguna manera, parte de una cierta desconfianza hacia la universidad, del prejuicio que la universidad no prepara suficientemente, lo que se argumenta delicadamente diciendo que le falta una dimensión práctica. La distinción entre teoría y práctica a menudo se utiliza interesadamente En ESADE preparamos para entender la funcionalidad de los contratos o del acto administrativo, lo hacemos utilizando, en su momento, casos reales. Quien tiene esos principios bien asentados, aconsejará mejor a un cliente que si sólo ha memorizado unos “modelos” de unos u otros. Hay que ir con tiento al hablar de enseñanza práctica. Por eso mismo, entiendo que es crucial acertar en el tipo de evaluación de acceso. No sea que nos veamos forzados a preparar para “pasar el examen”, lo cual no significa preparar para formar mejores abogados.

Su entidad forma parte de un proyecto transnacional, Center for Transnational Legal Studies. ¿Qué interés tiene para el joven letrado?

Esta iniciativa, liderada por Georgetown –Washington DC-, en la que participamos once facultades de cuatro continentes y que radica en Londres, pretende facilitar la comprensión y aplicación del Derecho en un mundo interconectado, en donde más y más negocios jurídicos se ven afectados por diversos ordenamientos. Mis exalumnos de Derecho Urbanístico del Master de Derecho Internacional de los Negocios, que participaron en el anterior semestre, me decían, “las mismas o parecidas cláusulas significan cosas diferentes en uno u otro ordenamiento. No sabemos más leyes; pero sí hemos mejorado nuestra capacidad de razonar jurídicamente. Cuando trabajemos con equipos transnacionales, en persona, por teléfono o videoconferencia, nos moveremos con soltura”. Esto no sólo es de interés para despachos “internacionales”. El abogado más “local”, tiene que instar la ejecución de una sentencia en el extranjero.

¿Cómo valora las relaciones de entidades como la suya con los Colegios de Abogados? ¿Cree que es suficiente?

Puedo decirle que están presididas por el respeto y la cordialidad. Muchos de nuestros profesores son colegiados. Yo mismo lo soy –aunque no ejerciente-. El pasado julio organizamos con el Colegio de Abogados de Barcelona una jornada de actualización sobre la reforma de la ley concursal. En nuestras actividades de formación continua, en Barcelona o en Madrid, invitamos –si el tema lo propicia- a abogados con responsabilidades corporativas. Su objetivo fundamental es la defensa de los intereses corporativos y la salvaguarda de la dimensión social de la profesión. El nuestro, la formación previa y continuada de los juristas. Algunas veces nuestros puntos de vista difieren; pero coincidimos en muchos análisis.

Otro dato que llama la atención es que 40 por ciento de los jóvenes abandona su carrera profesional en los cinco primeros años de ejercicio.

Eso, a menudo, refleja un desajuste entre las expectativas y la realidad. Reconocimiento social, retribución, carga de trabajo, que varían en función de las circunstancias en que cada uno se desenvuelve, son factores que combinados de una forma u otra, refuerzan la vocación o propician su abandono. También hay quien descubre actividades más atractivas. Yo comencé profesionalmente como Secretario-Interventor de Administración Local, aprendí mucho, tengo un gran respeto por la profesión, mantengo el contacto; pero sólo ejercí unos seis años.

¿Qué programas y qué relaciones mantiene ESADE como facultad con los despachos de abogados y con los ya letrados en ejercicio?

Tenemos un Consejo Profesional, en el que participan unos treinta despachos, que nos transmite el pulso de la profesión, las necesidades formativas que detectan, los puntos fuertes de nuestros graduados o aquellos donde hay margen para mejorar. El curso pasado, en la sede de ESADE en Madrid, desarrollamos tres mesas redondas sobre el futuro de la profesión, donde la mayoría de los ponentes participaban en mérito de sus responsabilidades de gestión de despachos. Nuestros postgrados “Part Time” en Asesoría y Gestión Tributaria y Derecho de los Negocios, se dirigen a jóvenes profesionales. Sube la media de edad y de experiencia en los dedicados a Propiedad Intelectual o a “Corporate Finance”, así como en los cursos de especialización. En los últimos cinco años, además, hemos desarrollado una creciente actividad de jornadas y seminarios de actualización, para analizar la aplicación de las normas o los tan frecuentes cambios de nuestro ordenamiento http://www.esade.edu/posderecho/esp/jornadas

¿Cuáles cree que son los conocimientos que debe actualizar un abogado en ejercicio debido a su trabajo profesional continuado?

Los sustantivos derivados de los cambios normativos o de la interpretación de los tribunales –eso es lo que intentamos con nuestros programas de formación continua-; pero, en la medida de lo posible, también ha de estar al día de los cambios de contexto. De ahí el interés de una actividad introductoria de los sistemas jurídicos asiáticos, como la que hemos desarrollado en varias ocasiones. Pero también ha de conocer posibilidades de gestión del despacho que pueden mejorar su relación con los clientes y colegas y, por tanto, sus resultados económicos o la consideración social. Nuestros cursos sobre Marketing y Comunicación Jurídica, pretenden atender esa necesidad.

Organizaciones como Scevola denuncian el deterioro de la imagen del letrado a nivel social. ¿Cómo puede mejorarse esa impresión en concreto desde su punto de vista?

Una adecuada gestión de la información hacia fuera puede ayudar –eso estaría en el ámbito del marketing y la comunicación a que acabo de referirme-; pero hay cuestiones que afectan a la consideración social del letrado que no dependen de su buen hacer personal. Una Justicia lenta o imprevisible en sus resoluciones, no ayuda a valorar la profesión. Frases como “pleitos tengas y los ganes”, o novelas como “Bleak House” de Dickens, evidencian que estos problemas no son de ahora. Todo lo que se consiga en aumentar la efectividad de la justicia (rapidez) y su previsibilidad (seguridad jurídica) redundará en mayor en prestigio social. Tengo la convicción que aumentar los estándares de formación de los juristas va en esa dirección.

¿Cómo valora la nueva Ley de Acceso a la profesión recientemente aprobada? ¿Cree que podrá mejorar la calidad e imagen de la abogacía en los próximos años? ¿Por qué no se ha tenido en cuenta la pasantía como fórmula de incorporarse a la abogacía?

La finalidad es loable; pero como reza un dicho popular, de buenas intenciones el cementerio está lleno. Es imprescindible que los objetivos de la ley y los medios para alcanzarlos sean coherentes entre sí. Pienso que la formación jurídica son las facultades de Derecho las más indicadas para proveerla. Buenos amigos penalistas, con experiencia docente, me dicen, cuenta conmigo para parte especial; pero no para parte general. En nuestros claustros hay profesionales para impartir la general y la especial.

Con una organización adecuada, cada vea más auditada por las agencias de acreditación universitaria, esa formación puede ser todo lo práctica –no más- que se requiera. Pienso que, ciertamente, las vivencias personales que brinda la experiencia profesional contribuyen a la formación del abogado, del jurista en general, que puede nacer; pero sobre todo se hace, combinando el bagaje aprendido en las aulas y en el ejercicio. Por tanto, incorporar un “practicum”, una pasantía, en el proceso de aprendizaje es bien razonable. Como en todo, ha de vigilarse su calidad. En este apartado, es el que, en mi opinión, colegios y facultades pueden y deben cooperar.

Por último, dénos sus claves para mejorar nuestra Justicia

Les diré tres obviedades: recursos materiales y humanos, adecuada organización de los mismos, conciencia por parte de todos quienes intervienen que se trata de un servicio público.

Es importante construir nuevos edificios o reformar los existentes que lo requieran –se ha mejorado mucho en esto-, disponer de personal de administración preparado e incentivado y, naturalmente, de jueces, fiscales, secretarios, abogados suficientes y competentes. Pero aumentar recursos, sin buena organización, es como lanzarlos a un agujero negro. Permítanme dos apuntes. Hay que dotar de equipos informáticos; pero con programas compatibles en las diferentes jurisdicciones y territorios, cosa que no siempre ocurre.

Tenemos jueces absolutamente desbordados por la carga de trabajo que se les echa encima de la mesa y, en cambio, secciones de audiencias provinciales integradas por magistrados con gran competencia y experiencia, que han de deliberar colegiadamente sobre asuntos de cuantía mínima que se reiteran una y otra vez. Finalmente, todo lo que se haga para llevar a la conciencia de todos los jueces –a los que hay que tratar con la dignidad y consideración que su alta función requiere- que forman parte de un Poder del Estado, que se constituye como tal para posibilitar el ejercicio de una función, impartir Justicia, por tanto, que aquel está al servicio de ésta y no al revés.

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