Hemos logrado vernos en esta última semana de tantos puentes en las oficinas de su actual bufete , Clifford Chance en la capital de España. Una firma legal que está de celebración porque ahora conmemora sus primeros treinta años de vida de posicionamiento en el difícil mercado legal español. Una excusa excelente para profundizar de la mano de José Antonio Cainzos, socio de la firma en materia procesal y uno de nuestros árbitros más internacionales, en la evolución del arbitraje en estas tres últimas  décadas.  Tenemos de testigo de esta charla a Almudena Rodríguez, responsable de marketing y desarrollo de negocio del despacho internacional, quien asiste a la conversación entre abogado y periodista. “El tiempo ha pasado muy deprisa y ha ayudado a empujar el arbitraje como fenómeno, explica Cainzos. Hoy es más sencillo introducirte en este mundo; hay un pasado lleno de actividad; una normativa Uncitral muy interesante, con homologación internacional, así como las habituales recomendaciones  de la IBA relacionadas con el arbitraje”.

“Es razonable pensar que el Gobierno de Mariano Rajoy aprueba una Ley de Mediación en esta legislatura pero eso no significa que genere un efecto cascada con el mismo arbitraje”comenta Cainzos.  Son dos instituciones diferentes desde su perspectiva “si el arbitraje ha necesitado de tres leyes para encontrar una sociedad madura que lo impulse a los ratios en los que se encuentra, en el caso de la mediación, donde la confrontación queda en un segundo lugar por el acuerdo entre las partes,  partimos casi de cero. No hay ley  ni cultura jurídica sobre mediación que conozcamos como antecedente”. Pese a este contexto considera que la figura de la mediación llega en un buen momento porque para muchos operadores económicos debería ser tentador utilizar una actividad que puede ahorrarle los costes y tiempos de un procedimiento judicial ordinario. “Ese puede ser un aliciente para que las empresas utilicen la mediación como una actividad que les permite decidir de forma rápida y sin apenas costes económicos”. Ahora, en la actualidad muchos contratos tienen ya la cláusula met up que primero recomienda la mediación entre las partes antes de seguir un procedimiento arbitral o judicial posterior, caso de no haber ese acuerdo. “Gracias a la futura Ley de Mediación se conocerá mejor esta actividad específica”.

 

José Antonio Cainzos es Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, 1977-1982. Tres años después ingresó en el Cuerpo de Abogados del Estado en 1985. Ha sido por ello Abogado del Estado ante los Tribunales de Madrid desde 1986 a 1990 y con posterioridad  Abogado del Estado – Jefe ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid 1990-1994.

Abogado en ejercicio del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid fue Socio responsable del Departamento Procesal de Baker & McKenzie en Madrid 1994- 1998. Desde ese momento se convierte en   Socio responsable del Departamento Procesal de Clifford Chance en España desde, actividad que sigue desempeñando hasta estos momentos.

Cainzos es  Miembro del Grupo de Arbitraje Internacional de Clifford Chance y  Profesor de Derecho Civil y Arbitraje en el Instituto de Empresa de Madrid en el Master de Asesoría Jurídica de Empresas desde 1987. Ha sido varios años profesor de Derecho Procesal en esta institución. Fue también profesor de Arbitraje en el Master de Asesoría Jurídica de la Escuela de Negocios San Pablo – CEU Madrid desde 2004.

Nuestro entrevistado, que acaba de venir de la última reunión de la IBA en Dubai, donde se han comentado los cambios en el Reglamento de la CCI,  ha   actuado en diversos procedimientos arbitrales como árbitro único y miembro de Tribunales Arbitrales en arbitrajes ad hoc y sujetos a las reglas de diferentes Cortes arbitrales, entre ella la CCI, Corte de Arbitraje de Madrid, la Corte Civil y Mercantil de Arbitraje y Corte de Arbitraje del Colegio de Abogados de Madrid.

Está incluido en las listas de árbitros de la Corte de Arbitraje de Madrid, Corte Española de Arbitraje, Corte Civil y Mercantil de Arbitraje (CIMA), Corte de Arbitraje del Colegio de Abogados de Madrid y del Centro Internacional por la Resolución de Controversias (ICDR) de la Asociación Americana de Arbitraje (AAA).  Ha participado en el Curso de formación de árbitros organizado por el ICDR en Bruselas en mayo de 2003.

Sr. Cainzos ¿Podemos establece algún  paralelismo entre los primeros treinta años de Clifford Chance en España con el desarrollo del arbitraje en nuestro país?

Creo que ambos fenómenos pueden tener algún paralelismo.  En el caso de nuestra firma, llegó en el momento en que la presencia de firmas internacionales en España era mínima. Al final creo que hemos logrado consolidarnos como una firma de referencia en el complejo mercado jurídico español.

Sobre el arbitraje, pues la verdad es que de ser algo exótico, en los inicios de los ochenta tanto en España como a nivel mundial, se ha convertido en una actividad reconocida por el mundo de los negocios y jurídica como iniciativa habitual en la práctica legal.

Son dos historias de éxito, que, efectivamente,  pueden tener su comparación hasta cierto punto.

¿De qué forma ha ido evolucionado el arbitraje y su práctica en estas tres últimas décadas?

El arbitraje ha cambiado porque, a su vez el mundo ha cambiado mucho en estos últimos años.  Desde la perspectiva del arbitraje internacional a lo largo de 1981 sucedían muchas cosas en el mundo, tales como que salíamos de la crisis del petróleo de los setenta; el continente asiático no tenia la fuerza que tiene ahora; aún existía el Telón de Acero para el este europeo y por su parte Latinoamérica era una un continente inestable, plagado de dictaduras. De esa forma los negocios se reducían a Europa Occidental, Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica. Era un mundo pequeño donde el papel de España era reducido saliendo de su transición política con una situación económica mala.

En este contexto que describimos el arbitraje comercial era algo infrecuente. En el caso de nuestro país hay que recordar casos como el de Bernardo Cremades, que en su momento fue avanzadilla de nuestra presencia como árbitros en estos primeros litigios.  Aún estaba vigente la primera Ley de Arbitraje de 1953, una normativa poco utilizada en su momento mientras que a nivel internacional aún no se había aprobado la Ley Modelo Uncitral, que luego sería referente mundial desde 1985 para la práctica arbitral futura.

Todos estos elementos reflejaban que aún no se podía contemplar la institución del arbitraje como algo normalizado y aceptado por todos los países.  Con la Ley de Arbitraje de 1988 se impulsa tímidamente en nuestro país el arbitraje como actividad. Es el momento que aparecen las primeras institucionales arbitrales en España. Aquellos primeros profesionales que trabajan en el mundo arbitral ya advierten el peso específico que ya tiene en aquel momento la CCI de París. Gracias a esta entidad hemos aprendido mucho del arbitraje internacional.

Es evidente que la Ley Uncitral marca un antes y un después del arbitraje internacional…

Es el marco de referencia de diferentes culturas jurídicas a nivel arbitral.  Su puesta en marcha supuso que juristas de los dos grandes sistemas legales existentes se pusieran de acuerdo para su aprobación.

Muchos países tuvieron en cuenta esa legislación a nivel de comercio internacional y arbitraje, de cara a consensuarla con su normativa nacional. Eso generaba en los países que la adaptaban a su legislación un reconocimiento internacional importante.  De esa forma el país pasaba a ser de primera categoría en materia arbitral.

A  nivel de empresas que realizaban comercio internacional también era una garantía de seguridad jurídica para todas aquellas empresas que se decidían por impulsar el comercio internacional.

A nivel español, también ha sido importante porque nuestra Ley de Arbitraje del 2003 no es sino la adaptación de la citada Ley Uncitral a nuestro panorama arbitral. Gracias a esta normativa estamos en el apartado de países seguros en materia de arbitraje.

¿Costó mucho dar el salto a los parámetros Uncitral para nuestra legislación?

La adaptación de nuestra legislación de una forma natural, sobre todo en la última Ley de Arbitraje de la que estamos hablando. Al final el legislador se inclinó por seguir los parámetros de Uncitral

. Fue un proyecto de ley que se preparó de forma rápida por un grupo de expertos que hicieron un gran trabajo. La tramitación parlamentaria fue rápida, sin apenas enmiendas. Prácticamente no se hicieron modificaciones. Lo curioso de todo esto es la gran aceptación de esta nueva Ley por los operadores jurídicos. Pocas críticas tuvo en ese momento.

Sin embargo es curioso el consenso de la Ley del 2003 obtenido para su modificación y la última reforma de mayo del 2011 que ha contentando a muy pocos expertos…

Es cierto que esta reforma no ha tenido el consenso de la propia Ley del 2003. A partir de ahí es lógico que haya opiniones dispares sobre la citada reforma, sobre todo si nos damos cuenta que hay más expertos cualificado que pueden opinar sobre el arbitraje y su futuro.

Probablemente la reforma que estamos comentando no ha sido la ideal pese a que no tengo dudas que ha sido bienintencionada en su fondo y forma.  Es positivo que siga la línea de la actual Ley de Arbitraje, eso significa que los cambios políticos de Gobierno no influyen en convertir al arbitraje en una actividad de primer nivel y que España pueda ser un protagonista clave a nivel internacional.

Habrá que esperar como funcional ciertas modificaciones introducidas, tales son el caso de  al papel de los TSJ que sustituyen a las Audiencias Provinciales, en la unificación de criterios doctrinales. A dia de hoy no sabemos cuál será su comportamiento aunque seria ideal que ciertas cuestiones se unificasen en el propio Tribunal Supremo.

¿Cuál cree que es el papel de las Cortes Arbitrales en estas  tres décadas de las que estamos hablando?

Ha pasado en todos los países de nuestro entorno que las primeras Cortes que se han puesto en marcha han sido de carácter público.  Creo que frente a este fenómeno es lógico que coexista otro donde instituciones privadas de prestigio tengan su hueco natural.

Que sean de naturaleza pública o privada es irrelevante en relación con su funcionamiento.  Lo fundamental es que se preste buen servicio. Creo que todos tenemos ejemplos claros de buen hacer en ambas direcciones.

De hecho el papel del árbitro es similar en ambas instituciones públicas o privadas.  Su funcionamiento es muy parecido tanto en el campo arbitral como si eres designado como abogado de parte.  Hay entidades que apuestan por las listas de árbitros y otras del prestigio de la CCI que no poseen tal herramienta, lo que no empaña su trabajo en pro del arbitraje.

Desde su experiencia, ¿Qué es más complejo, ser abogado de parte o árbitro en un determinado procedimiento arbitral?

Creo que es más complicado ser árbitro, sin ninguna duda. Si eres abogado de parte, sabes donde estas y cuál es tu papel. Intentas defender tu posición de la mejor manera posible. Si eres árbitro te sitúas en una posición diferente.

Arrancas con una limpieza intelectual sobre ese asunto que avala tu imparcialidad.  No sabes qué te vas a encontrar pero el caso va cobrando vida a medida que avanza el mismo.  Ser árbitro supone la gran responsabilidad de tener que decidir, tener que laudar.

Sobre las polémicas de las listas cerradas, ¿usted, donde se posiciona, prestigian la entidad o puede ser observado como algo cerrado y viciado?

Creo que es un clásico de la polémica en el mundo del arbitraje. Como siempre que se generan debates de este tipo, lo mejor es situarse en el término medio.  En la práctica, las listas cerradas no lo son tanto.

Es el caso de las instituciones españolas que permiten designar para casos concretos, árbitros que no estén en sus listas, o el caso que las partes se ponen de acuerdo para designar determinados árbitros.

La opción de no tener listas también es válida.  Vuelvo a comentarle el caso de la CCI. Lo fundamental es que la institución arbitral tenga un prestigio suficiente para designar a profesionales de enorme prestigio y experiencia.


¿Le ha sorprendido que la última reforma del reglamento de la CCI, que entrará en vigor el 1 de enero del 2012, muchos cambios tengan que ver con el papel del árbitro..?

Las reformas de la CCI son pensadas con antelación y consenso. Esta última procede de un estudio hecho con anterioridad en el que inciden las propias quejas de los usuarios del procedimiento  arbitral, sobre todo en lo referido al coste y duración de los arbitrajes.

Se puso en marcha hace años una task forcé con muchos intervinientes, de la que formé parte, donde todos aportamos ideas al generar un documento de conclusiones importante elaborado desde la propia CCI.  Muchas de ellas eran recomendaciones para reducir el tiempo y el coste de los arbitrajes. Creo que la mayor parte de ellas se han trasladado al nuevo Reglamento.

Al final es lógico que muchas de las medidas tomadas tengan que ver con el árbitro. Es la pieza clave del proceso y su trabajo debe ser muy responsable. Tiene que ser consciente de que aquellas partes que acuden al arbitraje busca un servicio de calidad y rápido frente a la justicia ordinaria con un coste ajustado.

¿Qué opinión le merece los comentarios de otros colegas suyos que equiparan la figura del árbitro a la del administrador concursal?

Creo que son dos figuras diferentes. El arbitro es un profesional que debe estar vinculado al mundo jurídico y conocer muy bien la problemática económica del entorno. No tiene porqué ser una figura profesionalizada, en absoluto. De hecho, lo habitual es que a nivel nacional e internacional trabajen como abogados y árbitros de forma indistinta, eso no quita para que algunos profesionales solo quieran actuar como árbitros.

No hay ninguna necesidad de profesionalizar la figura del árbitro. Es más, personalmente, con todos los respetos a los administradores concursales lo que no me gustaría es que los árbitros siguieran su modelo.. El arbitro es una figura abierta, cercana al mundo que va a resolver y sensible a la hora de laudar a los problemas que suelen tener los abogados de cada parte.

Hablar de la expansión del arbitraje, supone hacerlo, Sr Caínzos del arbitraje de inversión, cuya eclosión ha sido en estos diez últimos años…

El arbitraje de inversiones es una figura nueva que ha venido para quedarse.  Creo que la figura del corralito de Argentina, hace una década más o menos,  le hizo despertar como actividad y conocimiento por parte de sus usuarios,

No podemos olvidar que el contexto mundial es otro. Más amplio con más lugares donde el inversor extranjero puede hacer negocio. Hoy se busca más seguridad jurídica sobre todo por el momento de crisis que vivimos.  Muchas empresas antes de invertir revisan que sistema de protección de inversión tiene ese país en concreto.

Hasta la fecha es el CIADI la Corte Arbitral encargada de estos arbitrajes. Es positivo que surjan otras opciones como la que propone la CCI aunque será complicado que la desbanque de su posición de hegemonía.  Siempre para el usuario tener más de una posibilidad es bueno a la hora de introducirte en una actividad. Ya hay muchos tratados bilaterales que contemplan a la propia CCI, como lugar de resolución de disputas para el propio inversor.

No creo que aparezcan más entidades interesadas en fomentar el arbitraje de inversiones. Hablamos de algo complejo y difícil de gestionar. Es fundamental tener un prestigio internacional para que los inversores se decidan por tu institución arbitral. Si crecerá el peso específico del arbitraje de inversiones en los próximos años

Respecto al arbitraje español y su proyección. ¿Dónde nos encontramos?. Da la sensación que la crisis ha paralizado muchos iniciativas, de expansión del arbitraje?

Nuestra presencia en el concierto mundial hay que situarla desde el 2004. Creo que pretender que en siete años seamos una referencia a nivel internacional en el arbitraje es complicado.  Hay que ser por ello, realista por encima de todo.  La labor de promoción del arbitraje es español es una tarea compleja que no se logrará ni en veinte años.

Necesitamos un par de generaciones que entiendan que tenemos una buena legislación en materia de arbitraje; unos tribunales que apoyan la práctica arbitral y que hay unos profesionales de primer nivel como árbitros y abogados de parte. También es justo reconocer el papel de los medios de comunicación y el de entidades como el CEA (Club Español del Arbitraje) en este sentido.

En este contexto es fundamental que tengamos experiencias arbitrales en nuestro país y que sean positivas desde el punto de vista de la credibilidad para las propias partes. Si es así, volverán a repetir. Pero tampoco éste es un fenómeno amplio a nivel internacional.  Es un buen síntoma el incremento de árbitros españoles que intervienen en esos procesos. Al final es cuestión de generar confianza en tu entorno internacional.

¿Puede Madrid aspirar a ser sede arbitrajes internacionales?

Sobre esta cuestión hay que hacer un planteamiento lógico. No se trata de sustituir o reemplazar a Cortes Arbitrales existentes, sino de ofrecer a través de ciudades como Madrid, una opción más sólida y convincente en materia arbitral.  Eso siempre es una buena noticia para los usuarios del arbitraje. Sería un error grave pensar que podemos suplir a otro país en materia arbitral.

 

 

 

 

 

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