Por José Enrique Rovira. Socio Accuracy

Como si de la panacea universal se tratara, el remedio contra todos nuestros males o incluso el secreto de la vida eterna, todos los grupos de opinión coinciden en que ahora resulta imprescindible acometer con seriedad la “Reforma del Sistema Financiero Español”. Así, ha trascendido que el Presidente Rajoy pretende involucrarse personalmente en la implementación y seguimiento de las tres reformas aprobadas (fiscal, financiera y laboral), para tratar de culminar con éxito su hoja de ruta para los próximos meses. Para algunos, la última tabla de salvación a la que agarrarse, la excusa perfecta cuando no se consigue ni se vislumbra una rápida salida de la crisis o el necesario siguiente peldaño para el viaje hacia la salida de la recesión.  Es, además, para otros, una medida a implementar en justa reciprocidad con el esfuerzo que se ha pedido a los ciudadanos, al incrementarse, de una forma muy significativa, la presión fiscal tras el paquete de medidas de la pasada Nochevieja.

 

Muchos gritan: “Aquí pagamos todos, también los ricos y, por ello, ahora, es la banca la que debe pasar por caja”. Sin embargo, parece que, a veces, nos olvidamos de que, detrás de la gran banca, no sólo está Botín o la familia March, sino miles de ahorradores que han buscado refugio durante estos años en valores hasta ahora seguros y estables. Otros tantos miles de puestos de trabajo dependen también de dicha Reforma.

 

No sé si es que hemos vivido engañados pensando que la Banca Española era un ejemplo. Al menos, eso era lo que nos decían. Además, confiábamos en el buen hacer del regulador en su faceta de velador de la salud financiera de nuestro sistema. Sin embargo, y tras muchos meses perdidos de la mano del anterior gobierno y de su representante en el Banco de España (meses en los que hemos vivido fusiones absurdas, maridajes mortuorios entre cadáveres y zombis antes llamados cajas, tutelados por el Regulador, cuando se animaba a los ahorradores a participar en proyectos condenados a morir nada más nacer, apoyando las emisiones de participaciones preferentes o pagarés de cajitas de nuevo cuño o la suscripción de otros instrumentos financieros que, a la postre, tienen la calidad de bonos basura-desecho) se constata que no es así.

 

Todo ello, aderezado ahora con el negro panorama que nos presenta el Ministro Guindos  para el ejercicio que arrancamos hace unas semanas, que empieza por el anuncio de una próxima recesión económica de nuestro país, continua con el esperado nulo crecimiento de la zona euro, y termina en las horribles previsiones mundiales, esta vez ya de la mano del FMI (muchos ceros siguen a la cifra de déficit que hizo pública su Presidenta Lagarde hace unas semanas).

 

En fin, somos testigos de un momento de cambio e incertidumbre único, del que saldremos, sin duda. Aunque no sabemos si maltrechos y cuando.

 

La liquidación del sistema de Cajas

 

Parece claro que el futuro de nuestra Banca pasa, como condición necesaria que no suficiente, por (i) seguir fusionando  cajas y bancos medianos, (ii) aflorar, de una vez por todas, las pérdidas derivadas de préstamos a ladrilleros y (iii) sacar al mercado suelo y otros activos. Y parece evidente que, tras la implementación de todas estas medidas, el Sector bancario español contará con menos players, eso si, más fuertes y con mejores prácticas de gobierno corporativo.

 

Con independencia de donde estamos y a donde, desgraciadamente, nos han llevado, el sistema Financiero Español no era sostenible, por mucho que llevara más de 50 años funcionando, desde la creación de las primeras Cajas de Ahorro y Monte de Piedad. Si en un momento sirvió de ejemplo y motivo de orgullo hispano la existencia de un sistema único de banca pública compatible y compitiendo en desigualdad de condiciones con la banca privada, lo cierto es que esta burbuja (como las punto.com o las inmobiliarias) también ha acabado por explotar.

 

Y lo triste es que no ha sido tanto por el propio modelo de negocio (las cajas eran uno de los últimos exponentes de la competencia desleal, en cuanto que la obra social y sus fines sin ánimo de lucro las eximía de cargas fiscales), cuestionado por el resto del mundo (fue la gran bestia negra de la Banca extranjera que, salvo honrosas excepciones, no conseguía consolidar sus proyectos de expansión en el país de la Ñ), sino por la ambición desmesurada de sus administradores y directivos que fue incrementándose en paralelo con la mayor autonomía que, valga la redundancia, fueron ganando las Autonomías, Diputaciones y Corporaciones Locales. Los reinos de taifas fueron transfigurando, al mismo ritmo,  reyezuelos en donde sólo existían políticos, a veces mediocres, y desde luego, con nula preparación financiera, y que, sabedores de ser éste su último tren, se encargaron de cubrirse las espaldas, llenarse los bolsillo y asegurarse un buen retiro.

 

Si mientras en épocas de “vacas gordas” era compatible la “obra social” con los mega-sueldos de los administradores y con las inversiones arriesgadas e irracionales, en “vacas flacas” el sistema se cae por si sólo. Porque ¿Qué pinta, por mencionar un ejemplo, una Caja Valenciana invirtiendo en una promoción residencial en Asturias? ¿Cómo se pueden hacer compatibles sueldos millonarios a políticos metidos a banqueros con el hecho de que se traten de sociedades sin ánimo de lucro, que no pagan impuestos, y cuyos fondos provienen de instituciones públicas y de pequeños ahorradores?

 

Todas estas ventajas y ayudas se acaban, y ahora toca buscar la rentabilidad de otra forma, que, a corto plazo, se ha plasmado en una ola de fusiones de cajas pequeñas. Así, asume una segunda vuelta en la fusión de cajas, con la participación de los grandes Bancos en el proceso, como Santander o BBVA, aunque preocupa que el provincianismo (o nacionalismo) pueda ser el leitmotif de ulteriores integraciones. Todavía es pronto para saber como acabará este proceso, pero me viene a la memoria la coloquial expresión de “no lo va a conocer ni la madre que le parió” (utilizada por algún político) para definir lo que supondrá el antes y el después del mapa de las Cajas Españolas.

 

 

 

1 Comentario

  1. Felicidades por el artículo. Aunque no es el tema central del mismo, me alegro de ver que alguien comparte mi opinión sobre uno de los responsables de la crisis del que nadie habla: el Banco de España. Supongo que a nadie le interesa destabilizar todavía más el sistema, pero la verdad es que malo lo de los gestores de muchas entidades, pero peor la pasividad del supervisor. La codicia es humana y el que hace de policia tiene que partir de esta premisa.

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