El mundo de la abogacía ya no tiene fronteras, al igual que la propia economía totalmente globalizada. En esta situación los abogados siguen a sus clientes allí donde se posicionan con el ánimo de abrir nuevo mercado. Nuestro interlocutor, es un profesional con una experiencia indudable en puestos de responsabilidad no solo en la abogacía española sino también europea. Lidera el bufete, adscrito a la red de despachos HIspajuris, al que da nombre: Luis Miguel Romero Villafranca Abogados ha sido pionero en abrir camino en la Europa del Este. Un despacho que cumple cuarenta años de cita ininterrumpida con sus clientes
Bajo su punto de vista “Es evidente que las empresas españolas tienen una gran oportunidad de invertir en Ucrania, un país con una riqueza y recursos indudable,” confiesa. Para aquel despacho que quiera salir fuera de nuestras fronteras e internacionalizarse a su juicio es mejor “ crear una Delegación propia que puedas dirigir sin interferencias de terceros que pueden no tener tus planteamientos o tu mentalidad. Los abogados nativos son imprescindibles pero siempre, en mi opinión, dentro de la disciplina de tu propio Despacho.”
Luis Miguel Romero Villafranca, vicepresidente de HISPAJURIS, es socio director del despacho que lleva su nombre, de carácter multidisciplinar, altamente especializado en seguros, con sedes en Valencia y en Kiev (Ucrania). Ha sido decano durante 10 años del Colegio de Abogados de Valencia, presidente del Consejo Superior de Colegios de Abogados de la Comunidad Valenciana y vicepresidente del Consejo General de la Abogacía Española, institución que le otorgó la Gran Cruz de la Orden del Mérito al Servicio de la Abogacía. Asimismo, fue galardonado con el Botón de Oro de la Mutualidad General de la Abogacía, su máxima distinción, como reconocimiento a los servicios prestados a esta entidad en los últimos nueve años. Nuestro entrevistado ha sido presidente de la Federación de Colegios de Abogados de Europa, entre otros cargos directivos en organizaciones internacionales de abogados. Actualmente es vicepresidente de la Real Academia Valenciana de Jurisprudencia y Legislación.
¿Podría explicarnos cómo ha gestionado su bufete el proceso de internacionalización propio hacia el este europeo?
Apoyándose fuertemente en el Despacho de España, implementado sus conocimientos y know-how en el Despacho que se crea en Ucrania, adaptándolo a las necesidades de un Despacho de Abogados en aquél País y nutriéndose y enriqueciéndose con personal cualificado ucraniano.
En este proceso, ¿qué recomienda a despachos que quieran salir fuera de nuestras fronteras, crear una delegación propia o la fórmula del best friend con abogados nativos?
Siempre crear una Delegación propia que puedas dirigir sin interferencias de terceros que pueden no tener tus planteamientos o tu mentalidad. Los abogados nativos son imprescindibles pero siempre, en mi opinión, dentro de la disciplina de tu propio Despacho.
¿De qué forma estar asociado a una red nacional como Hispajuris ha servido para incentivar el crecimiento de su firma en estos últimos años?
Los Despachos integrados en HISPAJURIS nos caracterizamos porque ya teníamos antes una importante vida propia, pero la integración en una Red como la de HISPAJURIS supone una potenciación de nuestras posibilidades extraordinaria: de mejorar mediante una autodisciplina a la que lleva una disciplina de exigencia del grupo; de aprender y beneficiarte del apoyo de una serie de Despachos, con la garantía de que han sido muy rigurosamente seleccionados; de alcanzar geográficamente donde no podías llegar; y de poder ofrecer unos servicios que antes no te eran factibles. Todo ello redunda de forma muy importante en el crecimiento de la firma. Y encima, e incluso por encima de lo anterior, con el enriquecimiento personal de pertenecer a un grupo humano que realmente vale la pena.
¿Cuáles son los valores que a una empresa les anima a invertir en Ucrania?
El de encontrarse con una País mayor que España, con 51 millones de habitantes, con riqueza en materias primas, con importantes cuotas de mercado por hacer, que es la puerta de entrada para todo el mercado inacabable de la antigua U.R.S.S.; y que además se encuentra en plena expansión con un PIB del 7 % y un índice de paro del 2 % en el último año publicado.
¿Qué es lo que demandan las empresas españolas a nivel jurídico cuando se ubican en estos países? ¿Qué valoración puede hacer del despacho que su firma tiene ubicado en Kiev?
El empresario español necesita seguridad de su inversión durante todo el proceso, y la obligación de mi Despacho es dársela en todos los ámbitos: en el comercial (le buscamos y conseguimos Proyectos de inversión); en el jurídico mercantil, en el fiscal, en el Administrativo, en el laboral (le constituimos la sociedad, le auditamos sociedades en las que quiera invertir y le asesoramos en todos esos campos), en el contable (la contabilidad ucraniana es muy complicada y distinta a la nuestra y nosotros se la llevamos); en el de poder entenderse (y le facilitamos traductores jurados e intérpretes). En resumen, nosotros partimos de la base de que el inversor extranjero (no sólo el español) llega a un País extraño en donde no conoce los negocios, ni el idioma, ni la legislación, ni los problemas, y que además está a 4.000 Kmts, y nosotros partimos de la base de que nuestra obligación es resolverle todo ello, porque con nosotros si que se entiende y puede confiar, porque nos conoce y tenemos su propia mentalidad e idioma, y además nos tiene próximos en España en el momento que quiera.
¿Dónde está la clave para que una firma como la suya se mantenga durante cuarenta años en la abogacía española? ¿En estos años qué factores han cambiado a la hora de ejercer la profesión de letrado?
La abogacía es ante todo una profesión presidida por la confianza. La clave de cualquier Despacho que se mantenga durante años, es, únicamente, ser merecedor de la misma con su actuación.
Excedería de los límites de esta entrevista analizar todos los factores del cambio, las nuevas vías o planteamientos. Cabría destacar sobre todo la especialización profesional, el cambio de Despachos individuales a colectivos, y la masificación de la profesión.
Usted que es socio director de un despacho de abogados, ¿dónde cree que están los nichos de mercados nuevos para el profesional que se dedica a esto?
Hay ramas nuevas con gran porvenir como el derecho medio ambiental, o el derivado de las nuevas tecnologías, o de la internacionalización del mundo empresarial.
En cuanto a sistemas de Despachos, y desde la atalaya que me ha supuesto ser Decano o presidir Organizaciones Internacionales de la Abogacía debo decirle que, en mi opinión, yo no le veo porvenir al Despacho individual o muy pequeño, y sólo veo tres formulas de organización: el Despacho Boutique muy especializado cuyos clientes son otros Despachos; o el despacho medio fuertemente enraizado en su lugar y encuadrado en una Red de Despachos como HISPAJURIS que lo complemente; o la gran firma de Abogados. Pero ningún sistema es perfecto y todos tienen sus dificultades.
Organizaciones como Scevola denuncian el deterioro de la imagen del letrado a nivel social ¿Cómo puede mejorarse esa impresión en concreto?
La masificación de la profesión y la necesidad de trabajo que ella conlleva, indudablemente no ayuda a mantener la exigencia deontológico de una profesión como la abogacía. Pero, con independencia de ello, no comparto la opinión de Scevola sobre ese deterioro y las sucesivas encuestas de imagen que desde mis tiempos se han venido haciendo por el Consejo General de la Abogacía Española tampoco coinciden con esa opinión.
Por último, denos sus claves para mejorar nuestra justicia como servicio público.
En primer lugar que el Poder político se decida por fin a dotarla presupuestariamente para que tenga los medios necesarios para poder cumplir su función de dar a cada uno lo suyo, y darlo en un tiempo razonable. En segundo lugar que el Poder judicial tenga más mentalidad de servicio y menos de poder, y que deje residir su cualidad inalienable de la Independencia únicamente en el juzgar y no en el funcionamiento como servicio a los ciudadanos, asumiendo que sólo con una capacidad de autocrítica –hasta ahora inexistente- podrá mejorar.






