Nos encontramos ante un nuevo caso que puede llegar a tener que afrontar por parte de la compañia Duro-Felguera un procedimiento concursal.

Duro Felguera

Este grupo empresarial con presencia internacional, está especializada en la ejecución de proyectos llaves en mano para los sectores energéticos e industrial, así como en la fabricación de bienes de quipo, aunque en estos momentos se encuentra en una situación precaria frente a las deudas que tiene con diversas entidads fincieras, que han brindado a Duro-Felguera llevar a cabo una quita para evitar en toda medida llegar a concurso.

Otra vez más, se repite un mismo esquema, dónde aparecen fondos con sede en Luxemburgo que compran activos a la concursada y, en este caso, el “cebo” o “fresh money” son los 25 millones de euros que facilitarían las entidades financieras. Ello hace que la operación se presente en términos dramáticos: se acepta el plan de las entidades financieras para que se puedan sufragar las necesidades más perentorias o ineludiblemente se plantea el concurso.

En su día, la principal entidad financiera acreedora remitió una carta de intenciones para tratar de evitar la solicitud concursal de la compañía, cuyos bancos afectados son Banco de Santander, Caixabank, Banco de Sabadell, Bankia, BBVA, Banco Cooperativo Español y Liberbank, que estarían dispuestos, además, a facilitar hasta 170 millones de euros en avales para permitir la continuidad de la compañía asturiana.

Este nuevo caso, tiene cierto parecido con el de Abengoa, y no solo por el sector al que se dedican (Energía, Servicios), su estructura societaria (importante entramado societario), el negocio internacional (tienen presencia en los cinco continentes), la cotización de sus acciones, el arraigo territorial o sobre todo el modo de afrontar la solución a sus problemas financieros, lo que nos lleva a recordar que todo esto es una experiencia similar vividas recientemente con la empresa sevillana.

Una vez más, es la banca la que tiene en su mano el porvenir de la sociedad, donde parece que lo sintereses no confluyen, sobre todo con los de los acreedores no financieros, los trabajadores, las administraciones públicas, etc. Es más, a veces, la consecución de los objetivos por parte de unos excluye que los otros puedan alcanzar el resultado deseado.

En cualquier caso, subyace una realidad que debería presidir todas las decisiones. ¿Es Duro-Felguera una empresa viable? Si es así, es evidente que se merece una plena continuidad, de lo contrario, la única alternativa es la liquidación de la compañía o de las líneas de negocio inviables, pues cualquier otra decisión es alargar de forma innecesaria la agonía o querer hurtar el proceso de liquidación a los Juzgados Mercantiles.

En efecto, la Ley Concursal prevé un procedimiento de liquidación que, si bien a veces se ha tachado de excesivamente procedimentalista, vela por las garantías de todos los agentes que participan en el procedimiento. La liquidación “extra-muros” de los Juzgados puede incentivar la toma de decisiones que no siempre van a redundar en el beneficio de los acreedores que no estén pilotando la liquidación.

Por tanto, a la espera de que ver si se aprueban las cuentas de 2017 y si el próximo Consejo de Administración se decide por el plan de reestructuración previsto, que apenas dejará entre el 3% y el 5% del capital a los inversores actuales, la lectura que más interesa a los acreedores y a los agentes implicados, entre ellos los trabajadores, es si a medio o a largo plazo la empresa o parte de sus unidades de negocio pueden ser viables, o incluso si se han podido viabilizar. La peor noticia sería que, habiendo evitado el concurso, dentro de un par de años se hubieran vendido todos los activos de la empresa y esta finalmente se viera abocada irremediablemente a un concurso, en este caso, sin activos a repartir entre los acreedores.