2º paso:
La deuda, esa gran desconocida [1]:

La deuda financiera es la suma de toda la deuda a corto y largo plazo que tenga un gasto financiero.[2]. Básicamente, la deuda adquirida con entidades financieras, fondos de inversión o préstamos que lleven incorporado un coste financiero. Un concepto cada vez más usado es el de deuda financiera neta (DFN), que es la diferencia entre la deuda financiera y la tesorería no operativa.

Sin embargo, en situaciones de estrés financiero esta deuda puede incrementarse con otros conceptos:

  • Deudas atrasadas con proveedores y acreedores[3].

Para ello hay que calcular el activo corriente a los parámetros normales de funcionamiento[4] y ajustarlo.

  • Factoring con recurso[5].

Es habitual acudir a empresas de factoring para que nos anticipen el pago de los clientes –y no solemos reflejarlos en la contabilidad–. En este caso, el factor no asume el riesgo de insolvencia del deudor y, por tanto, mantiene un recurso frente a la empresa cedente en caso de impago del crédito cedido.

  • Descuentos de efectos de clientes.

La entidad bancaria nos anticipa los vencimientos de los clientes, así que tampoco asume el riesgo de insolvencia o de impago.

  • Deudas con proveedores de inmovilizado…[6]

Ya disponemos de dos de las tres variables necesarias que enunciábamos al principio: el flujo generado para el pago de la deuda y el valor de la deuda.  Solo falta calcular el coste de la misma.


[1] Léase el artículo Consideraciones sobre la deuda en la valoración de una empresa en el entorno económico actual provocado por la COVID 19, de Ignacio Gómez Cuesta, “Observatorio Contable Nº 9”

[2] No confundir el coste real de la deuda con el coste proyectado o contratado.

[3] Toda deuda comercial que exceda de los plazos legales, estén o no pactados, incluidos el personal propio y las administraciones públicas.

[4] Pago a proveedores a 60 días, pago plazo medio a los trabajadores a 15 días…

[5] Importante indicar que el factoring sin recurso asume el riesgo de insolvencia del cliente, pero si el impago es consecuencia de una disputa comercial –calidad del producto, incumplimiento del contrato, diferencias de precios…- la cesión del crédito NO es efectiva y el factor mantiene un recurso frente a la empresa.

[6] Especial atención a los contratos de renting, que se contabilizan como arrendamiento y no como deuda.


3er paso:
Calcular el coste de la deuda a valor de mercado

Es muy importante distinguir entre el coste aparente de la deuda y su coste real.

Coste aparente:

El coste al que ha sido financiada su deuda históricamente, teniendo en cuenta los ratings y la situación crediticia de la empresa en el momento en que se solicitó. 

Coste real:

El coste al que la empresa se financiaría en la actualidad en función de su riesgo actual.

El valor de la deuda se define como el valor actual de las obligaciones de pago (principal + intereses) que se adquieren al contratarla, descontadas al tipo de interés exigido por el mercado.

El cálculo se realiza a través de dos sumandos:

  • Tasa libre de riesgo (Rf)
    También llamada rentabilidad libre de riesgo. Es el coste al que emite la deuda una entidad/país con calificación crediticia AAA, son los llamados sin riesgo. En España se acostumbra a coger el dato de la rentabilidad que ofrecen los instrumentos de deuda estatales –Letras, Bonos, Obligaciones del Tesoro…-[7] a largo plazo.
  • Spread: Es el coste de financiar la empresa con un determinado riesgo y una probabilidad de insolvencia. Podría definirse como una prima de riesgo, por la situación en la que se encuentra la empresa.

Factores importantes para proceder al cálculo de la deuda:

  • Horizonte de vencimiento de la deuda a largo plazo.[8] Este dato es importante para poder elegir el activo de rentabilidad sin riesgo en el mercado, a un plazo determinado.
  • El ratio de cobertura de la deuda. Este dato nos indica la tasa de cobertura de interés y, con ello, la calificación crediticia de la empresa y el spread default

El default spread sale de la tabla siguiente, que es la que utilizan las agencias de rating para determinar la calidad crediticia de la empresa y su probabilidad de que esta no pueda atender sus obligaciones financieras[9].

Ya tenemos las tres variables de la ecuación necesarias para medir la capacidad de hacer frente al pago de la deuda.


[7] Lo normal es que la elección del Rf tenga una duración similar a la del crédito de la empresa. En muchos manuales acostumbran a recomendar las obligaciones a 10 años.

[8] Si no disponemos de esa información, podemos calcular el tiempo que tardará en pagarse la deuda teniendo en cuenta un EBITDA constante. Eso se calculará con el ratio D/EBITDA

[9] Aswath Damodaran 2021


Sobre el autor

Analiza y Decide

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