Luisa GómezPor Luisa Gómez Solórzano, Abogada de Baker & McKenzie 

Mi amigo Marcelo trabaja para Prada. Qué curioso, el mundo de la moda, destinado fundamental y tradicionalmente a la mujer, pero gestionado y controlado por hombres.

Le pregunto a mi amigo “Marcelo, ¿qué opinas del día de la mujer trabajadora?” Venga, lo primero que se te ocurra”… y me responde “que todas luchan por ser como Rhiana o como la Mérkel… pero que en el fondo la mayoría quieren ser Adele”.

Puede parecer un comentario superficial, pero en absoluto lo es. Me pongo a pensar en las mujeres que hay a mi alrededor en mi entorno laboral, en mis clientes, en mi círculo de amistades, etc. y me veo rodeada de mujeres trabajadoras, de éxito la mayoría. Así, empiezo a reflexionar sobre lo que nos diferencia de nuestros colegas masculinos y dónde radica nuestra lucha actual.

La lucha comenzó hace muchísimos años bajo el grito de “nosotras también podemos trabajar y ser independientes”. Luego, pasó por la superación del estereotipo de los trabajos calificados como “femeninos” y hacer ver que “podíamos hacer el mismo trabajo que un hombre”. Más recientemente, se ha luchado por la defensa de medidas tendentes a una igualdad efectiva en el sentido más estricto y matemático del término (desacertada paridad, en mi opinión).

La andadura no ha sido fácil. Pero estaremos todas de acuerdo en que esas etapas están a día de hoy ya superadas (aunque no debemos olvidar brechas de desigualdad aún abiertas, como la diferencia salarial entre hombres y mujeres). Por lo tanto, dejemos todo eso atrás y afrontemos nuestro actual entorno laboral demostrando que nuestro “desigual” modo de trabajar funciona y da resultados.

En los estudios publicados sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres en el trabajo, se concluye que ellos prefieren responsabilidad y autonomía en su puesto de trabajo, así como el reconocimiento y sentir que su sueldo está acorde con las tareas que desempeñan. Nosotras, sin embargo, valoramos más el buen ambiente y la flexibilidad, tendiendo a ser más colaboradoras y a tener en cuenta las opiniones y las sugerencias de nuestro equipo en la toma de decisiones1.

Es decir, si somos diferentes, ¿por qué nos empeñamos en actuar igual que ellos? La mujer tiene una capacidad comunicativa muy superior a la del hombre, aprovechémosla desde un punto de vista constructivo. La mujer tiene un estilo de liderazgo más humanista y no percibe el trabajo en equipo ni la delegación como una amenaza. Potenciémoslo. La mujer prioriza y organiza su jornada laboral de forma diferente al hombre. Hagamos efectiva entonces dicha prioridad, no sintamos miedo a rechazar una larga comida de trabajo y sugiramos comentar ese tema a las 11 de la mañana con un café o en una llamada. En fin, os animo a leer los numerosos estudios que hay sobre las diferencias entre hombres y mujeres en el trabajo, y podréis fácilmente corroborarlos en vuestro entorno laboral.

Por todo esto, cada vez tengo más claro que mi amigo Marcelo tiene razón. ¿Por qué todas eligiríamos ser como Adele? Porque a diferencia de las otras dos mujeres, ella ha alcanzado el éxito dejando de lado los estereotipos, dejando de luchar por ser la más perfecta, la más masculina, la más agresiva, la más todo, simplemente demostrando su talento sin renunciar a su esencia. Ahí esta la clave del éxito de la mujer trabajadora actual, no renunciar a reconocer que tiene un estilo de trabajar distinto al del hombre, una forma distinta de demostrar su productividad, sus resultados y sus logros, sin necesidad de convertirse artificialmente  en un hombre más de su entorno laboral. Al fin y al cabo no debe ser tan difícil.

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1. Estudio realizado recientemente por Susan Clancy, Ph.D. Experimental Psychology, de Harvard University y profesora asociada de INCAE Business School

4 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho la claridad del artículo y como captas la atención hasta el final con la pregunta inicial.Todos queremos saber la respuesta al tema de Adele!!Lejos de soltar una parrafada jurídica aportas de un modo ameno tu experiencia como laboralista desde una visión femenina y personal,lo cual es de agredecer.

    Enhorabuena Luísa.

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