Àlex SantacanaEn los últimos años se ha producido un claro abuso de la utilización del concepto “acoso laboral” para definir múltiples conflictos laborales que, de ninguna forma, pueden ni deben calificarse como tal.

Así, ha sido práctica habitual que en demandas judiciales por despido se solicitara la nulidad del mismo en base a la supuesta existencia de “acoso laboral” o demandas solicitando la extinción del contrato por parte de trabajadores fundadas en un supuesto “acoso”, demostrándose en muchos casos en el proceso o bien que la demanda carecía de fundamento alguno o bien que se confundía la existencia de una cierta conflictividad laboral con algo absolutamente distinto como es el acoso laboral o “mobbing”.

Esta situación indeseable se produce por la ausencia de una definición legal de lo que debe entenderse por acoso laboral o moral, situación sorprendente cuando en cambio el legislador sí que ha definido legalmente que debe entenderse por acoso sexual o por razón de sexo. Este vacío normativo ha tenido que ser suplido por nuestros tribunales y por la doctrina científica.

En este sentido, una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de 10 de febrero de 2014, más allá de establecer una definición de lo que debe entenderse por acoso laboral o mobbing, realiza una interesante distinción entre las conductas que deben ser consideradas realmente como acoso de aquellas que, aunque generadoras de conflictos laborales e incluso sancionables, no pueden ni deben ser consideradas como tales.

El citado Tribunal afirma que el acoso implica una “sistemática y prolongada presión psicológica que se ejerce sobre una persona (se le ningunea, hostiga, amilana, machaca, fustiga, atemoriza, amedrenta, acobarda, asedia, atosiga, veja, humilla, persigue o arrincona) en el desempeño de su trabajo, tratando de destruir su comunicación con los demás y atacando su dignidad personal con el fin de conseguir que, perturbada su vida laboral, se aleje de la misma provocando su autoexclusión.”, pero que no toda actitud de tensión en el trabajo puede merecer el calificativo de acoso moral. Así, según su opinión, debe distinguirse lo que es una conducta “de verdadera hostilidad, vejación y persecución sistemática de lo que puede ser la exigencia rigurosa de determinado comportamiento laboral”.

Por ello, como ha ocurrido a menudo, entiende que no puede confundirse el acoso moral o laboral con los conflictos, enfrentamientos y desentendidos laborales en la empresa. Como bien expresa la sentencia, el conflicto es inherente al trabajo por lo que cierto grado de conflictividad es consustancial a las relaciones laborales. A su vez, el Tribunal entiende que “tampoco el estado de agotamiento o derrumbe psicológico provocado por el estrés profesional, propio de la tecnificación, competitividad en el seno de la empresa, horarios poco flexibles para compatibilizar la vida laboral y familiar, la precariedad del empleo y la falta de estabilidad laboral, debe confundirse con el acoso moral, caracterizado por el hostigamiento psicológico intencionado y reiterado.” Pero es que incluso “manifestaciones de maltrato esporádico, de sometimiento a inadecuadas condiciones laborales o de otro tipo de violencias en el desarrollo de la relación de trabajo” no son equiparables al propio y verdadero acoso moral.

Esta sentencia debería hacer reflexionar sobre el mal uso que del concepto “acoso” se ha venido realizando y se realiza en muchos casos en el marco de las relaciones laborales. Creo que tanto los operadores jurídicos como los actores sociales deberíamos utilizar dicho concepto con precisión para evitar su inadecuada utilización como un arma arrojadiza y estigmatizadora ante cualquier clase de conflicto laboral.

Àlex Santacana i Folgueroles, socio del Departamento de Derecho Laboral de Roca Junyent

3 Comentarios

  1. El resultado de años de vivir una situación anómala, incumpliendo el perfil y funciones asignadas a mi puesto por parte de otra persona que no podía soportar que tuviera ninguan iniciativa ha supuesto una merma en mi salud de la que no se si algun día me repondré. Soy funcionaria, presente una denuncia y ahora estoy momentaneamente en otro puesto, se me ha ofrecido tratamiento psicológico, pero a la persona causante de mi situación no se le ha hecho nada. No se si en muchos casos se puede definir algo como acoso, pero el ninguneo, la sensación de pérdida de credibilidad , la percepción de pisar terreno minado durante tiempo hace un daño mental difícil de curar. Sea acoso o sea maltrato esporádico, estas conductas deberían estar duramente sancionadas por las organizaciones y no se está haciendo. Tu mente dañada no se ve como una herida sangrante en cualquier lugar del cuerpo y las consecuencias en tu vida personal tampoco se valoran,e ls ufrimiento que ven tus hijos, que no tengas vida de pareja porque has perdido la alegría de vivir ¡con que se paga esto!. De ser una persona a la que le encantaba su trabajo, como no me acabo de poner bien estoy deseando que me ofrezcan una salida para irme de esta universidad. Si no fuera por la situación económica me habría ido hace tiempo. Es mi desgracia, tener que continuar aquí.

  2. Muy buenas, la verdad es que has planteado un debate muy interesante por la figura en si, que es compleja. Hasta el momento en España este tipo de violencia se estaba tratando desde el ámbito social como una infracción laboral, a veces desde el ámbito contencioso si nos encontramos ante una Administración Pública, ahora bien, desde la reforma del vigente Código Penal en 2012, el art,. 173.1 se tipifican algunas conductas como delito:

    1. El que infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años.
    Con la misma pena serán castigados los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante, supongan grave acoso contra la víctima.
    Se impondrá también la misma pena al que de forma reiterada lleve a cabo actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante, tengan por objeto impedir el legítimo disfrute de la vivienda

    Si bien, han sido los Tribunales a través de la jurisprudencia los que han ido adaptando la realidad social al momento ya que nuestro legislador siempre llega tarde al estudio y tratamiento de este tipo de conductas violentas y por tanto a su regulación.

    Yo diría que lo sufrido por gsb en su exposición anterior, si es un caso de acoso moral, que si bien a nivel laboral no has obtenido solución, a lo mejor conviene valorar la vía penal.

    • Muchas gracias por la información que me ofrece. Hoy he vuelto a releer el planteamiento de Alex Santacana que en su día me revolvió por dentro y me impulsó a contar mi caso.

      Como bien dice, conflictos los hay en el ambiente laboral y diría que son consustanciales con la vida, otra cosa es cómo se resuelvan. La ausencia de una definición legal y lo complejo de demostrar la existencia de esta situación complican la aplicación de la justicia en estos casos. Mi parecer es que el legislador va siempre por detrás de lo que sucede en la realidad, también hay una preocupante ausencia de datos estadísticos sobre la situación y tratamiento de riesgos psicosociales en las empresas. Por desgracia no abundan el establecimiento de códigos de conducta, las encuestas de clima laboral y las actuaciones contundentes ante cualquier atisbo de desviación en la dirección de personas. En las oposiciones al grupo A1 del cuerpo funcionarial al que pertenezco solo hay un tema dedicado a la gestión de personal. Si unimos estos dos aspectos: formación de mandos y control por parte de la empresa del clima laboral veremos , a mi entender, que si se incidiese en ambos probablemente muchos casos no llegarían a los tribunales porque se prevendría y se solucionaría antes.

      En mi caso,no todo ha sido negativo. La profesionalidad del jefe de personal me ha permitido recibir tratamiento psicológico y su comprensión ha sido fundamental en que haya podido seguir viniendo a trabajar, nunca le estaré lo suficientemente agradecida. El problema es que los daños mentales son difíciles de curar y , como comentaba anteriormente, sin contundencia con el acosador, el desencanto y el temor no te abandonan ya nunca. Eso y el “despido interior”, como se ha definido en alguna publicación, es todo uno.

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