A menudo se compara el sector legaltech con el fintech, buscando las semejanzas entre dos industrias emergentes que, a pesar de tener puntos en común, se encuentran en fases muy distintas de madurez. Si bien el sector fintech ha pasado ya al otro lado de la curva de disrupción, el legaltech atraviesa todavía las etapas iniciales de este viaje.

En 2018, las inversiones en plataformas de tecnología legal alcanzaron la cifra récord de 1000 millones de dólares en Estados Unidos, multiplicando por cuatro las inversiones de este tipo durante el año anterior. Esta cifra es un claro indicador de que el sector se encuentra en fase de crecimiento.

Ahora, es necesaria una evolución hacia la madurez, en la que la fragmentación de soluciones y de inversiones se consolide y dé paso a la transformación del mercado y a la emergencia de empresas con capacidad de romper las barreras que presenta un sector tradicionalmente conservador como el legal, que además se enfrenta al desafío de la globalización.

De acuerdo con el informe Lawtech Adoption Research, un estudio sobre la implantación de nuevas tecnologías en el sector legal elaborado en febrero de este año por Techmarketview y The Law Society del Reino Unido, las firmas de abogados son más lentas en adoptar los cambios que otros sectores. Frente a las ventajas potenciales de una tecnología transformadora, el sector legal opone un modelo fuertemente tradicional basado en el número de horas facturadas (lo que no induce a la eficiencia y el ahorro de tiempo precisamente) y muy preocupado por todos los aspectos relacionados con el cumplimiento normativo y la seguridad.

Sin embargo, la industria legal ya no puede seguir ignorando el cambio y la innovación por más tiempo. Con costes de operación cada vez mayores y serias amenazas de disrupción por parte de modelos no tradicionales, debe abandonar los planteamientos obsoletos y aumentar la eficiencia, transformando el modelo de negocio tradicional para poder mantener los beneficios.

Es en esta transformación donde entran en juego las soluciones de legaltech, un sector que ha crecido exponencialmente en los últimos años y que empieza ya a mostrar señales de madurez en algunas áreas, aunque no es erróneo afirmar que el mercado se encuentra todavía en la etapa de innovadores y early adopters (o visionarios) y que debe superar el abismo que lo separa de los pragmáticos y convertirse en algo mayoritario.

Tras los pasos del fintech

Las entidades financieras, al igual que el sector legal, suelen considerar difícil que alguien ajeno pueda comprender su mercado, su funcionamiento y hasta su lenguaje y, por esa razón, el sector financiero tardó en prestar atención al dinámico sector de las startups de fintech que empezó a crecer hace más de diez años, prefiriendo desarrollar sus propias soluciones internas. Esa desconfianza provocó  que al principio se invirtiera mucho esfuerzo y dinero en desarrollar herramientas y tecnología que ya se estaban haciendo mejor en otro lado. En la siguiente fase, se produjeron asociaciones y colaboraciones con startups, aunque seguía habiendo desconfianza, y el sector continuó evolucionando hasta llegar al momento de madurez en que se encuentra actualmente.

El sector legal, por el contrario, no cuenta con la tradición de inversión tecnológica de las instituciones financieras, que están acostumbradas a utilizar soluciones automatizadas para mejorar la eficiencia, un área en la que han realizado fuertes inversiones desde los años 80. Por el contrario, el sector legal ha opuesto tradicionalmente una gran resistencia a cualquier tipo de automatización, negándose a ceder a las máquinas tareas que, si bien tediosas, contempla como el mismo fundamento de la profesión.

Por otro lado,  existen también diferencias importantes entre uno y otro sector en función de su público mayoritario y del nivel de disrupción que presentan. En el ámbito del fintech, el mayor impacto se produce en el entorno B2C, ya que el sector se ha apoyado en la extensión casi universal de los teléfonos móviles para ofrecer a los consumidores tecnologías auténticamente disruptoras que suponen nuevos modelos para realizar operaciones financieras. El legaltech, sin embargo, se dirige sobre todo al público de B2B y los cambios que trae a la profesión legal no son tan disruptivos, ya que se basan más en ofrecer y mejorar las herramientas y modelos ya existentes que en crear auténtica innovación o modelos diferentes.

Los próximos pasos

A pesar de que la mayoría de los mercados se están viendo afectados por las últimas circunstancias económicas, los ingresos por servicios legales no han dejado de crecer, y se espera que sigan haciéndolo en el futuro. En este contexto, es lógico suponer que una parte de estos ingresos se destine a la innovación y la adquisición de nuevas tecnologías.

Según las previsiones de The Law Society, el mayor impacto del legaltech en los próximos años seguirá siendo en el área de B2B, específicamente en las tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, los servicios a demanda en la nube, las analíticas y búsquedas legales, y la gestión y análisis de los contratos.

Por otro lado, existen otras áreas de desarrollo donde todavía no se están dirigiendo los esfuerzos mayoritarios de las startups y que suponen un campo de interesantes oportunidades: se trata del cumplimiento normativo y la gestión de riesgos, dos sectores donde los efectos de la globalización y la mayor carga reguladora sobre las firmas legales se harán sentir con más intensidad en el futuro. Ya sea en estas áreas de oportunidad, ya en las áreas más desarrolladas donde existe una gran concentración de innovaciones, es evidente que el ritmo de los cambios se está acelerando y, aunque el sector legal se ha incorporado tarde a la revolución tecnológica, todos los expertos coinciden a la hora de señalar su confianza en el legaltech y su optimismo de cara al futuro.

Juan Zamora, CEO de Signaturit.

Sobre Signaturit

Signaturit es un prestador cualificado de servicios de confianza (QTSP) que ofrece soluciones innovadoras de firma electrónica, entrega electrónica certificada e identificación electrónica para garantizar y facilitar cualquier proceso de firma legalmente vinculante en un contexto de seguridad. Fundada en el año 2013, opera en el sector Legaltech y ha logrado más de 10 millones de euros de financiación, ha superado los cien empleados, los 10.000 usuarios y 2.000 clientes en 40 países distintos a los que dan servicio desde sus oficinas ubicadas en Barcelona, Madrid y París.

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