María José González EspejoPor María Jesús González-Espejo, Socia Directora de Emprendelaw y Consejera Editorial de Diario Jurídico

La verdad es que la palabra que describe la acción de salir al exterior: “internacionalización” es tan complicada como lo es, poner en práctica esa acción. Es más que habitual que quien la pronuncia se trabe en la mitad, o bien que intercambie involuntariamente dos o más de sus sílabas intermedias, como lo es, que se queden a mitad de camino ambiciosos proyectos de emprendimiento exterior, concebidos por despachos de abogados bien cansados de no tener suficiente negocio local, bien seducidos por sus clientes, que les invitan a seguirles en sus propias aventuras en el extranjero.

Al sector de los servicios jurídicos le cuesta salir fuera. Es normal. Vendemos conocimiento y experiencia de un sistema jurídico concreto. Ambos valiosos activos, pero que no son, salvo en el caso de materias muy concretas, exportables. Además, los despachos son esencialmente organizaciones de personas, con culturas corporativas muy profundas y a la vez, por lo general poco “procedimentadas”.

Sin embargo, factores como un mercado maduro, una crisis que no acaba y que limita las posibilidades de conseguir nuevos clientes y sobre todo, el hecho de que las aumente el número de empresas con un carácter menos local y más global, están provocando que cada vez sean más los abogados y despachos que miren hacia fuera a la búsqueda de “El Dorado”, más negocio.

Es indiscutible que la internacionalización ha pasado a ocupar un lugar prioritario en la agenda de los despachos. Emilio Cuatrecasas, socio director del despacho que lleva su apellido, por ejemplo anunciaba hace poco que están firmando alianzas con despachos europeos (ver artículo) y Alfonso Caldevilla, socio director de Dutilh, explicaba también que Latinoamérica y Escandinavia están entre sus objetivos prioritarios para 2013 (ver entrevista). Siguiendo con este análisis de la estrategia de los grandes y medianos despachos, hace poco entrevistamos también en Diario Jurídico al socio director de Gómez-Acebo y Pombo, Manuel Martín (ver entrevista), quien hablando de su oficina de Nueva York señalaba que la misma estaba abocada al éxito porque tenían al frente a la persona adecuada. Su afirmación me hizo reflexionar sobre mis años pasados en Bruselas, en EE.UU. y en Holanda y sobre cómo eran las empresas españolas con las que tuve contacto en todos estos sitios, y en efecto todas las que tenían éxito tenían algo en común: una persona adecuada al frente.

La realidad es que no es fácil poner en marcha algo desde cero, ni dirigir un negocio que comienza. Está más que probado, que el perfil de quien lidera y/o trabaja con éxito en lo que los norteamericanos llaman una “start-up” es muy diferente al de quien lidera y/o trabaja en una empresa consolidada. Se trata de personas que, entre otros atributos deberían reunir los de ser algo aventureras, curiosas, flexibles y adaptables al cambio, innovadoras y sobre todo poder hacer alarde de una fuerte capacidad de resiliencia, es decir de sobreponerse ante la adversidad. No es fácil llegar a un país nuevo, entender sus idiosincrasias, crear una red de amigos y conocidos, comprender las claves de un sistema legal y económico nuevo. Sólo unos pocos tienen la capacidad de hacer todo esto y sobre todo de hacerlo en un plazo razonable. Y es que lo habitual, es que se espere obtener un retorno en un periodo de dos o tres años.

De entre los despachos que conozco que han decidido dar el salto fuera, son más los que para hacerlo han expatriado a un socio o abogado senior –por lo general un profesional muy comprometido con la firma y exitoso a quien o bien se le premia con la oportunidad de salir fuera (cuando el destino es atractivo: Nueva York y Londres, por ejemplo), o bien se le da la oportunidad de demostrar lo que vale (cuando el proyecto es en cierta forma un reto lo que suele ocurrir cuando se trata de abrir mercado en países en desarrollo). Y muy pocos, los que han buscado a un profesional ajeno a la firma, nacional o del país de destino para sacar adelante un proyecto de esta naturaleza. Las multinacionales de otros sectores, que nos precedieron en la aventura exterior, también lo hacían así en los primeros años, pero en los últimos, prefieren contratar a locales y ahorrarse muchos gastos de desplazamiento, retribuyendo además a precio de mercado y no de origen. ¿Podrían y/o deberían los despachos seguir también esta tendencia?

Obviamente aquí no hay fórmulas mágicas o al menos yo no la tengo, pero dejo estas reflexiones para el debate, porque la movilidad internacional de los abogados no ha hecho más que comenzar y cada vez serán más los que emprendan aventuras en el exterior. Desde aquí les deseo a todos el mayor de los éxitos.