Eduard SagarraPor Eduard Sagarra Trias, Presidente de la Asociación para las Naciones Unidas (ANUE) en España, socio en Roca Junyent y profesor de ESADE. 

Estos días, desgraciadamente, y después de constatar que en Siria han matado impunemente más de un millar de civiles indefensos, en especial niños, todos volvemos a reclamar la presencia y la reacción de las Naciones Unidas para parar este dramático, largo e inexplicable conflicto que, cómodamente, presenciamos des de los sofás de casa.

El desconocimiento o ignorancia general de lo que es y, especialmente, de lo que no es la ONU, provoca que la opinión pública diga muchas barbaridades que se reflejan en los medios de comunicación y que nos indignan y averguenzan. Lamentablemente, la ONU no es ni Lourdes, ni Fátima ni un prestidigitador que consiga la paz. La ONU es una organización internacional, de seguridad colectiva, creada por los vencedores de la segunda guerra mundial para evitar que se produzca una tercera y holocáustica tercera guerra mundial. Forman parte de ella todos los Estados del mundo.

¿Por qué no actúa la ONU, ahora y de inmediato, frente a la catástrofe humanitaria que se está produciendo por el uso de armas químicas prohibidas en Siria? La respuesta es, desgraciadamente, muy sencilla: para tomar una decisión en este sentido, es necesaria la unanimidad de los cinco miembros del Consejo de Seguredad (EEUU, Rúsia, China, Francia y el Reino Unido). Rúsia, y en parte China, vetan que se tome una resolución excepto si se envía una comisión de investigación. ¡La causa es que son aliados de Siria en esta zona tan conflictiva y explosiva!

La legalidad internacional que representa la ONU no puede actuar militarmente si no es con esa unanimidad. De lo contrario, como ocurrió en Irak hace diez años, se tomaría una medida ilegal y al margen de la ONU. Duele decirlo así pero eso es así mientras no se modifique la ONU. Ello, a pesar de que todos creamos que se debe actuar para ayudar a las víctimas y para evitar que los 110.000 muertos y 2.000.000 de refugiados que ya se han producido incrementen.

Hay que decir, pero, que la ONU y todos sus organismos especializados (FAO, UNICEF, Ayuda a los refugiados, OMS, etc.) están actuando en defensa de la gente y de las víctimas con ayuda humanitaria, asistencia a los refugiados, reparto de alimentos, sanidad, etc. Sin embargo, solo lo pueden hacer si las partes en conflicto (en este caso gobierno y opositores) se lo autorizan. Su tarea no es ningún juego. Arriesgan sus vidas en favor de la gente y de sus derechos.

Como sociedad que creemos en la justicia, que defendemos a las personas y a sus derechos, tenemos que exigir a los Estados y a sus gobiernos que, sin dilación ni retrasos formales se investiguen los hechos, pero que esta no sea una excusa y que, con toda urgencia, se tomen las medidas colectivas previstas en la ONU para evitar más vulneraciones de los derechos humanos y se sancione a los culpables. La intervención unilateral de algunos Estados (como sucedió en Irak) puede comportar una ampliación del conflicto, lo que sería contrario, como ya he señalado, a los principios de la ONU. Es una obligación que tenemos como ciudadanos y que no podemos rehuir.

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