AutónomoJosé Luis Llorente, un arquitecto con una larga trayectoria profesional a sus espaldas, fue despedido en 2012 de la constructora para la que llevaba años trabajando. Unos meses después, le propusieron volver a trabajar con la compañía y seguir haciendo lo mismo que antes. Eso sí, con unas condiciones laborales muy distintas: abandonaba definitivamente su antigua condición de asalariado y pasaba a tener una relación comercial con la empresa (no laboral). Para ello tenía que hacerse autónomo y asumir él mismo los costes de la Seguridad Social.

De esta forma, José Luis se convirtió en un falso autónomo: volvió a integrarse de forma completa en la estructura empresarial, sometiéndose a tareas y horarios regulares y predefinidos y a decisiones y retribuciones monetarias tomadas, normalmente, de forma unilateral, pero sin los derechos que tienen los trabajadores dependientes.

Este caso se repite, una y otra vez, en el sector de la arquitectura. De hecho, un 60% de estos profesionales reconoce que trabaja o ha trabajado alguna vez como falso autónomo, según ha denunciado el Sindicato de Arquitectos (Sarq). Pero los falsos autónomos no son sólo cosa de este sector. Los sindicatos denuncian que se dan cada vez con mayor fuerza en buena parte de las actividades y profesiones: construcción, transportes, agricultura, comercio, turismo, hostelería, marketing, periodismo, informática, textil…

La crisis económica, la pérdida de competitividad de las empresas y el elevado desempleo están provocando cambios históricos en las relaciones laborales: los contratos laborales cada vez se hacen más flexibles a las necesidades de la empresa en el corto plazo (contratos por obra, de prácticas, por horas, días, semanas…) y las empresas cada vez optan más por la externalización. Esta subcontratación comenzó a realizarse con servicios no productivos (limpieza, seguridad, mantenimiento…) pero, ante la necesidad de reducir costes, ha acabado acaparando todas las fases del proceso productivo. Así se explica, en parte, el resurgimiento de los autónomos al que estamos asistiendo en plena crisis y los nuevos términos que comienzan a ser ya familiares en el argot laboral: autónomos dependientes y falsos autónomos.

“Están cambiando las fórmulas de contratación laboral, en parte por la crisis pero también por la necesidad de ir hacia modelos más flexibles y acordes con los tiempos”, explica Pedro Barato, presidente de CEAC, la Federación Española de Autónomos de la CEOE y de la patronal agrícola ASAJA, quien reconoce que el empresario cada vez opta más por reducir el número de asalariados y recurrir a la externalización y subcontratación.

Sin embargo, los sindicatos vienen denunciado desde hace años el creciente uso fraudulento del régimen de trabajo por cuenta propia. Afirman que entre los autónomos hay trabajadores que llevan a cabo su actividad en condiciones más cercanas a las de un asalariado común: en primer lugar, porque trabajan en exclusiva, o casi, para una sola empresa. En muchos casos en las instalaciones de la propia compañía y con horarios que ésta fija. Es el falso autónomo el que debe hacer frente a todas las cotizaciones, al tiempo que se ve desprovisto de la cobertura social que procura el Régimen General. Por su parte, la empresa no tiene que asumir costes laborales y el cese de la relación comercial con el autónomo es mucho más fácil y barato que el despido.

Trabajadores “económicamente dependientes”

Para atender a la creciente necesidad de las empresas de recurrir a la externalización, está regulada, desde hace seis años, la figura de autónomo dependiente. Es lo que se llama el Trabajador Autónomo Dependiente (TRADE), una categoría laboral que se ideó, precisamente, para intentar acabar con los falsos autónomos pero que ha cosechado muy escaso éxito (menos de 10.000 autónomos están inscritos como dependientes).

El TRADE es un trabajador por cuenta propia y la relación con su principal cliente es mercantil. En otras palabras, se entiende que debe de trabajar con sus propios medios y no está sometido a la organización de la empresa para la que fundamentalmente trabaja. Tiene que obtener de una misma empresa el 75% de sus ingresos. Además, no puede tener trabajadores a su cargo o subcontratar a terceros parte de su trabajo. La relación entre el autónomo dependiente y su cliente principal ha de formalizarse en un contrato por escrito que defina los términos de la relación y que, pese a que dicho contrato debe tener la consideración de mercantil, ha de registrarse en la Oficina de Empleo. El autónomo dependiente tiene derecho a unas vacaciones de, al menos, 18 días hábiles y una indemnización por daños y perjuicios en el caso de que su cliente principal decida resolver el contrato.

Sin embargo, las empresas han desconfiado del Trade, ya que da unos derechos al autónomo dependiente de los que se desconfían y, por su parte, el autónomo ante el temor de perder el trabajo no suele reclamar a la empresa que le haga un contrato y le incriba en el Trade.  “Cada vez más empresas ofrecen trabajo con la condición de que el empleado se inscriba en el Régimen Especial del Trabajador Autónomo (RETA) e incluso se han dado muchos casos en los que la empresa ha despedido a sus trabajadores para luego convertirlos en autónomos. Pero claro, según están las cosas, muchos trabajadores no tienen más remedio que aceptar estas nuevas condiciones”, apuntan en el sindicato CCOO donde añaden que cada vez les llega más gente “comentando que les han ofrecido un trabajo con la condición de que se hagan autónomos».

“La única forma que he visto para poder mantener la compañía viva es despedir a una parte importante de trabajadores y, después, que algunos de éstos se conviertan en autónomos. O hacía eso o cerraba la empresa. No podía seguir afrontando los costes laborales”, explica Ana F., propietaria de una pequeña empresa de servicios del sector hotelero, que evita hablar de falsos autónomos. “Las cosas han cambiado y si queremos ser competitivos y mantener la actividad no hay más remedio que ir hacia nuevas fórmulas laborales mucho más flexibles”.

Cifras difusas

Pero, ¿cuántos falsos autónomos hay en España? Es imposible saberlo con exactitud, aunque hay datos reveladores: la Encuesta de Población Activa (EPA) revela que un total de 160.000 autónomos declararon desarrollar su actividad sólo para un único cliente y 90.000, casi en exclusiva para una sola empresa.

Por otro lado, en un estudio de opinión realizado, a finales de 2013, por InfoJobs, más de la mitad de los freelances encuestados (51%) aseguraba haber trabajado o trabajar como autónomo dependiente. Además, estos consideraban que no era una buena opción para ellos, por la precariedad en comparación con los empleados contratados, porque tenían que asumir cargas que deberían asumir la empresa y porque la exclusividad les impedía optar a otros proyectos.

Sucede, además, según denuncian los sindicatos que en muchos casos, estos falsos autónomos carecen de contratos laborales. Su acuerdo con la empresa, en muchas ocasiones, es verbal, con lo que ésta puede cesar su relación comercial (no laboral) cuando quiera.

Pero las asociaciones de autónomos, ATA y UPTA, rechazan que haya un crecimiento del falso autónomo y afirman que los nuevos que están surgiendo son gracias al autoempleo. En el último año, la Seguridad Social ha sumado 115.013 afiliados más, la mitad de ellos (53.568) autónomos y concentrados en el sector del comercio, hostelería y profesionales.

Solo en marzo se dieron de alta en el sistema 16.620 autónomos, lo que le convierte a este mes en el mejor marzo para el autoempleo desde que comenzó la crisis. UPTA ha atribuido el crecimiento de la afiliación de trabajadores autónomos registrado en marzo a las buenas expectativas para la Semana Santa y a la aplicación de la tarifa plana de 50 euros en la cotización a la Seguridad Social durante los primeros seis meses de actividad, extendida recientemente a todos los nuevos autónomos.

El crecimiento de autónomos no se debe a los llamados falsos autónomos, ni con que este trabajo sea precario o indigno. No vamos a negar que en torno a un 20% del crecimiento se deba a una mercantilización y que haya relaciones laborales, pero el 70% de los nuevos autónomos corresponde al comercio y la hostelería, y ahí no hay ‘falsos autónomos, afirma Lorenzo Amor, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), quien pronostica que en 2014 habrá entre 50.000 y 75.000 nuevas afiliaciones al RETA.

Fraude escondido

Detrás de los falsos autónomos también se esconde un creciente fraude a la Seguridad Social y a Hacienda. En el último Eurobarómetro publicado a finales de marzo, un 5% de los ciudadanos en España reconocía que trabajaba en negro.

Sin embargo, cuando se preguntaba al encuestado si conocía personalmente a alguien que trabajara sin declarar sus ingresos a la administración tributaria o a la Seguridad Social, el porcentaje aumentaba hasta el 33% (32% en el conjunto de la UE). Además, España figura -junto con Grecia, Chipre o Portugal- entre los países donde más ha aumentado (seis puntos) entre 2007 y 2013 el número de personas que declaran conocer a alguien que realiza un trabajo no declarado, algo que el informe atribuye al impacto de la crisis económica y el aumento del paro.

“Logicamente, si al trabajador se le insta a hacerse autónomo para seguir trabajando en la empresa e incluso, en ocasiones, bajándole el sueldo pues se fomenta más el descontento y, por lo tanto, el fraude”, explica José María Mollinedo, secretario general de Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), quien afirma que en ocasiones es la propia empresa la que financia el pago de este falso autónomo a la Seguridad Social.

Mollinedo precisa que entre estos falsos autónomos detectan el fraude, principalmente, entre aquellos acogidos al sistema de módulos, especialmente en los transportistas, industrias auxiliares del mueble y en el sector textil. En ocasiones, se topan con que las empresas instan al autónomo a emitir facturas con un mayor importe que el que realmente reciben, con el objeto de que la compañía se lo pueda imputar como un mayor gasto. A cambio, el empresario da a este autónomo una comisión por el importe del exceso de IVA que se ha cargado al emitir una factura por ese mayor coste.

En el sector agrícola también han comenzado a proliferar los falsos autónomos. El secretario General de Gestha explica uno de los fraude más extendidos: en las explotaciones agrícolas, donde en la época de recogida sigue proliferando la contratación de inmigrantes sin papeles, para justificar el pago de la cantidad de mano de obra requerida, lo que se hace es dar de alta a un falso autónomo. Éste suele ser una persona también inmigrante, aunque con papeles. Eso sí, sin arraigo en la zona y sin residencia fija.

Este falso autónomo es el que a ojos de Hacienda y la Seguridad Social contrata a la cuadrilla de trabajadores agrícolas. Pero, por supuesto, no paga por estos jornaleros ni a la Agencia Tributaria ni al sistema social. Cuando éstos organismos se dan cuenta del fraude e intentan perseguir al falso autónomo resulta que es dificilísimo localizarlo y, si se consigue dar con él, tampoco logran cobrar la deuda porque suele ser una persona insolvente. Sin embargo, el empresario agrícola ha conseguido sus objetivos realizar un pago aparentemente legal y deducirse los gastos.

En sus crecientes inspecciones, la Seguridad Social también intenta detectar casos de falsos autónomos en las empresas. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones sólo puede actuar si el trabajador decide demandar por su situación a la empresa.

Desde el punto de vista legal, los falsos autónomos están considerados como un fraude de ley, que en caso de denuncia suele tener graves consecuencias para el empleador. Si el trabajador logra probar su relación laboral con el empresa, ésta puede verse obligada por el juez a dar de alta al trabajador como indefinido, con el salario que hubiera venido percibiendo, reconociéndole su antigüedad inicial, así como las cotizaciones no prescritas. Además deberá pagar las consiguientes sanciones de la Seguridad Social por no haber cotizado por él. Sin embargo, en un país con una cola de 4,8 millones de parados en el INEM, el miedo a perder el empleo provoca que muchos de estos autónomos por obligación desistan de demandar a su jefe.

1 Comentario

  1. Efectivamente, es un fraude, como tal este trabajador autonómo no lo es realmente en este caso porque se ciñe a una disciplina, horario y organización ajena de su trabajo. Ante una inspección laboral, las consecuencias serían avidentes.

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