La presión de Trump sobre su país vecino resultaría cada vez mas evidente al usar al narcotráfico como excusa para su accionar
En esta especie de estrategia resuenan fuerte dos nombre como arquitectos de la maquinaria de presión sobre México: Sebastian Gorka y Stephen Miller.
¿Quiénes son estos “arquitectos”?
Sebastian Gorka es un estratega político, analista de seguridad nacional y presentador de medios de comunicación británico-estadounidense que actualmente se desempeña como Asistente Adjunto del Presidente y Director Sénior de Contraterrorismo en el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, bajo la segunda administración de Donald Trump.
Stephen Miller es otro influyente asesor político estadounidense de extrema derecha que se desempeña como subjefe de gabinete de la Casa Blanca para Políticas y asesor de seguridad nacional en la segunda administración de Donald Trump.
Miller ha sido una de las figuras clave en la redefinición de la lucha contra el narcotráfico mediante el concepto de «narcoterrorismo». Desde el Consejo de Seguridad Nacional, coordinó operaciones militares en el Caribe dirigidas a interceptar embarcaciones, un esfuerzo que sus aliados vinculan con la caída del mandatario venezolano Nicolás Maduro. Junto con Sebastian Gorka, lidera las estrategias de presión comercial, fronteriza y arancelaria sobre el gobierno de México.
Ambos personajes don dos viejos conocidos del círculo de leales a Donald Trump, aliados ambos durante su primera presidencia a los que el jefe reclutó en cuanto supo que se había asegurado un segundo mandato.
La constante presión en países del caribe y Latinoamérica estaría violando, de cierto modo y para el afuera, la famosa Doctrina Monroe. Sumariamente, la Doctrina Monroe fue una política exterior de Estados Unidos, enunciada en 1823 por el presidente James Monroe y su secretario de Estado John Quincy Adams, que estableció que cualquier intervención de potencias europeas en el continente americano sería considerada un acto de agresión. Su principio rector se resumió en la frase «América para los americanos».
La actual política exterior norteamericana no aplicaría de un modo recíproco la Doctrina Monroe respecto de los demás países. La lucha contra el narcotráfico es la principal excusa o fundamento para el accionar del gobierno de Trump, el cual presiona fuertemente a los países conocidos por contener una alta participación de grupos narcotraficantes.
En esta interpretación aparece el líder salvadoreño, Nayib Bukele, quien manifestó públicamente que, a su parecer, el narcotráfico y el crimen organizado a gran escala solo pueden operar si cuentan con complicidad dentro del gobierno. Su postura es que ningún Estado es impotente ante las mafias y que, cuando los países fracasan en frenar la violencia, se debe a falta de voluntad política o corrupción institucional.
Bukele ha reiterado en múltiples foros que el Estado siempre supera en fuerza a cualquier organización criminal. Según su visión, si el crimen controla amplios territorios (como ha señalado ocurre en otras regiones de América Latina), es porque los criminales tienen protectores o socios dentro de las propias estructuras gubernamentales. Desde su perspectiva, los carteles no son más fuertes que los gobiernos; simplemente logran permearlos.






