El GovTech es el modelo de gobernanza pública que la UE ha diseñado para la próxima década. Se trata de potenciar y prestigiar las políticas públicas de innovación como motor económico. Su objetivo es doble: por un lado, aspira a la modernización y mejora de los servicios públicos a través de la tecnología y la digitalización; por otro  lado, pretende utilizar esa transformación de los servicios públicos como ariete para espolear la creación de un ecosistema empresarial innovador.

Uno de sus instrumentos  principales es la compra pública de innovación, es decir, la licitación y contratación de tecnología innovadora que aún no ha sido desarrollada o que lo ha sido a un nivel muy preliminar. Pero se vale de otros numerosos recursos como  plataformas tecnológicas, hubs de innovación, comunidades de conocimiento,  infraestructuras públicas, corporate Venturing etc., que, de acuerdo al documento de recomendaciones que acaba de publicar el Joint Research Centre de la Comisión Europea, deben ser desplegados de acuerdo con una estrategia unificada e integral.

En el fomento de las políticas de GovTech, la UE tiene previsto invertir 20 billones de euros, consciente del retraso europeo en innovación tecnológica y de lo mucho que nos jugamos con el éxito o el fracaso de las políticas públicas de apoyo a la innovación. Un éxito o un fracaso que dependerá fundamentalmente de los siguientes factores que ahora mismo obstaculizan este desafío.

Efectividad incierta. El GovTech supone una estrategia que no ha sido ensayada hasta ahora de una forma generalizada y por tanto no podemos estar seguros de la efectividad de estas nuevas políticas. Lo que sí es cierto es que el modelo clásico de estímulo de la innovación, que es el modelo de subvenciones, no ha funcionado y ya se sabe lo que dijo Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Falta de formación y experiencia. El éxito del GovTech dependerá indudablemente de la formación y el cambio cultural de los funcionarios públicos. Es preciso capacitar desde lo público en nuevas estrategias de contratación y sería conveniente incluso liberar a grupos de funcionarios, poniéndolos a trabajar con ingenieros y tecnólogos del sector privado y convirtiéndolos en la avanzadilla de esta gran transformación.

Posición de dominio de las grandes compañías. Quizás el mayor reto en la creación de un ecosistema empresarial innovador alrededor de la mejora de los servicios públicos es la dificultad para start ups y emprendedores de competir con grandes tecnológicas con una posición de hegemonía en el mercado.

Dependencia del capital riesgo. Esa dificultad viene motivada en gran medida a su falta de músculo financiero,  a su dependencia excesiva de fondos de capital riesgo que por su propia naturaleza están más interesados en invertir en productos tecnológicos que en servicios. Y eso, en el caso del que  estamos hablando es un hándicap, porque la mejora de los servicios públicos suele estar más asociada a servicios tecnológicos de valor que a productos.

Dificultad de escalar.  Relacionado con lo anterior, otro problema reside en la dificultad de escalar las innovaciones generadas a otros mercados y sectores y por tanto de generar rentabilidad en poco tiempo. No es fácil vender  a otra administración lo que se ha hecho para otra, lo es dentro de un Estado, más difícil aún resulta a nivel internacional. Y en cualquier caso no es un proceso automático, ya que no es un producto que se vende en un mercado igual que se vende en otro, sino un servicio que, como mínimo, requiere una importante adaptación.

Retraso en el cobro y burocracia legal. Por último, están las barreras de entradas que suponen para las pymes tanto la tardanza en “cobrar” los contratos públicos, como toda la burocracia legal relacionada con la participación en estos procesos. Para las grandes empresas, ninguno de esos aspectos es problema, pero para las start ups y pymes ambos son decisivos.

Acertar en el despliegue de la estrategia de GovTech es, en buena medida, acertar en las políticas para combatir estos obstáculos.


Sobre el autor

  • Francisco José Fernández Romero
  • Socio-Director
  • Cremades&Calvo-Sotelo

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