Por
 María Reguera. Abogada del área de Litigation de ECIJA.

Hace unos días la revista Interviú nos sorprendía con la publicación de un reportaje fotográfico sobre la Duquesa de Alba, tomado hace 30 años, donde aparecía en “topless” en la cala de Ibiza Punta Galera. La publicación de este reportaje nos obliga a reflexionar una vez más sobre la extensión y límites del derecho a la Propia Imagen de los famosos.

El principal límite al ejercicio de este derecho por parte de los famosos se encuentra regulado en el artículo 8-2-a) de la L.O. 1/1.982, que legitima la captación, reproducción o publicación de de la imagen por cualquier medio a las personas de proyección pública en lugares abiertos al público. La ratio iuris de este precepto ha sido desarrollada por la Jurisprudencia que entiende que “el personaje público que en lugar público se expone a mirada ajena asume que su imagen pueda ser captada y difundida sin su consentimiento aunque no le satisfaga el resultado”.

Sentado lo anterior, para que opere este límite al derecho a la Propia Imagen de los famosos, es necesario que las fotografías hayan sido tomadas en un lugar abierto al público. Pero, ¿es la playa un sitio público? Parece que, a priori, todos consideraríamos una playa como un lugar abierto al público y, por lo tanto, entenderíamos que las fotos han sido legítimamente obtenidas. Sin embargo, determinar qué es y qué no un sitio público no es tan sencillo como parece.

La Jurisprudencia viene entendiendo que lo determinante para considerar si nos encontramos o no ante un lugar abierto al público es la voluntad de exponerse del sujeto de que se trate. En efecto, en estos casos–personaje público y lugar público– el Tribunal Supremo atiende a la voluntad del individuo para (i) condenar, en su caso, al medio que difundió las imágenes de un personaje público que había buscado un lugar público pero recóndito; y (ii) dar, por contra, vía libre al medio que captó al personaje público que se encontraba en un lugar público ampliamente concurrido por terceros.

En este sentido, destacamos el caso de Laura Ponte frente a la revista Interviú, con ocasión de unas fotografías publicadas en dicha revista en las que se reproducía su torso desnudo en una playa de Jamaica, que finalizó con una Sentencia del Tribunal Supremo desestimando sus pretensiones en el entendimiento de que la modelo había decidido libremente disfrutar de una playa pública y concurrida por terceros sin la pieza superior de su biquini, asumiendo con ello el riesgo implícito de ser fotografiada. En idéntico sentido se pronunció nuestro Alto Tribunal en las Sentencias dictadas en el “robado” de Elsa Pataky o en el caso de la ex Miss España María Reyes.

Sin embargo, supuesto distinto fue el de la modelo Martina Klein y su novio, el cantante Álex de la Nuez, en una cala nudista de la isla de Formentera, ella sin la parte superior del biquini y él completamente desnudo, en el que se condenó a la revista Interviú al pago de 72.121 euros a Martina Klein y 36.060 euros a De la Nuez, por entender que “no se encontraban en una playa concurrida sino en un lugar de difícil acceso, precisamente para procurar aquello que la publicidad y el conocimiento de su imagen les niega habitualmente, como es la privacidad».

En esta Sentencia, el Tribunal Supremo, flexibilizando el concepto de lugar abierto al público, establece que “no es posible exigir un aislamiento espacial extraordinariamente gravoso de estas personas para poder disfrutar de la privacidad a la que también tienen derecho ante el acoso de determinados medios de comunicación”.

Lo que desde luego resulta irrelevante a efectos de la licitud o ilicitud de las imágenes de una persona de notoriedad o proyección pública en una playa es si ésta tiene o no puesta la parte superior del biquini puesto que, según tiene reiterado el Tribunal Supremo, si esto fuera así “se estaría reconociendo implícitamente que prescindir de dicha pieza no está admitido por los usos sociales”.

En definitiva, según lo establecido por nuestros Tribunales, lo determinante para considerar un lugar como abierto al público y, por consiguiente, para saber si existe o no intromisión en el derecho a la Propia Imagen del famoso, es atender a la voluntad del individuo de exponerse a terceros, circunstancia que tendrá que determinarse caso por caso.

 

 

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