Gabriela BoldóPor Gabriela Boldó, juez sustituta

¿Qué es la compasión?

Etimológicamente compasión (del latín cumpassi), calco semántico o traducción del vocablo griego (sympathia), que literalmente significaría “sufrir juntos”, “tratar con emociones …” (simpatía).

Se define como un sentimiento humano que se manifiesta a partir del sufrimiento de otro ser. La compasión describe el entendimiento del estado emocional de otro, y, con frecuencia se combina con un deseo de aliviar o de reducir su sufrimiento.

Francesc Torralba explica que dicho término significa padecer con el otro; sentirse cerca del que sufre; de modo que se produce una situación que lleva a que la persona compasiva reaccione por razones de humanidad, y ayude, en lo que pueda, a la persona que ve sufrir, debido, muchas veces, al vínculo estrecho que existe con la persona que está sufriendo. La compasión es un acto gratuito de igual a igual. El filósofo Joan Carles Mèlich explica que la compasión es aquella experiencia en la que se supera la dualidad, “el yo y el tú” se difumina y forman una unidad; y, Schopenhauer decía que: “todo amor verdadero y puro comporta siempre compasión”.

Sin embargo, al hablar de la compasión no hay que confundir los conceptos de moral y de ética; la moral es un conjunto de normas o de hábitos, mientras que la ética es la respuesta que cada individuo da en el momento presente ante una situación que no se volverá a repetir y ante un persona que le interpela, pese a que esta respuesta pueda conllevar la transgresión de una norma moral, o, incluso, como veremos más tarde, de una resolución judicial. De hecho, la compasión es una decisión ética en la que uno se aproxima al otro y no es indiferente al sufrimiento que esta otra persona padece.

Hechas estas consideraciones, pese a lo que pueda parecer, el derecho penal no es ajeno a la compasión y contempla dicho comportamiento como una exención de responsabilidad criminal, dentro de las causas de justificación, en la figura del estado de necesidad. Para entender como se hace esa valoración desde la práctica jurídica, considero necesario mostrar la jurisprudencia del Tribunal Supremo al respecto (sentencias de fechas 19 de octubre de 199829 de mayo de 1997, 14 de octubre de 1996 y 5 de noviembre de 1994) a partir de la cual explica cuáles son los requisitos que deben concurrir para poder estimar el estado de necesidad como eximente:

– La existencia de una mal grave, ya sea propio o ajeno, que no es preciso haya comenzado a producirse, bastando con que el sujeto de la acción pueda apreciar la existencia de una situación de peligro y riesgo intenso para un bien jurídicamente protegido y que requiera realizar una acción determinada para atajarlo,

– Esta acción para atajar ese mal, necesariamente debe lesionar un bien jurídico de otro o infringir un deber

– El mal o daño causado no puede ser mayor que el que se pretendía evitar, debiéndose ponderarse en cada caso concreto los intereses en conflicto para poder valorar la mayor, menor o igual entidad de los dos males, juicio de valor que “a posteriori” corresponderá formular a los Tribunales de Justicia,

· Que el sujeto que obre en ese estado de necesidad no haya provocado intencionadamente tal situación y,

· Que ese mismo sujeto, en razón de su cargo u oficio, no esté obligado a admitir o asumir los efectos del mal pendiente o actual.

La esencia de esta eximente radica en la inevitabilidad de causar un mal para salvaguardar otro, es decir, que el necesitado no tenga otro medio de salvaguardar el peligro que le amenaza que causando otro mal o infringiendo un mal al bien jurídico ajeno. El mal que amenaza ha de ser actual, inminente, grave, injusto, ilegítimo, y es necesario que el que actúa en estado de necesidad lo haga con un ánimo de conservación, de modo que si se enturbia dicho ánimo por otros móviles, puede  dar lugar a eliminar la eximente, o, en el mejor de los casos, a degradarla a incompleta, en función de la preponderancia de la situación eximente que se propugna.

En la esfera personal, profesional, familiar y social, es preciso que se hayan agotado todos los recursos o remedios existentes para solucionar el conflicto antes de proceder antijurídicamente. Es necesario acreditar que el acusado ha intentado resolver su situación por todos los medios a su alcance, mediante pruebas practicadas en el acto de juicio oral, pues de otro modo se podrá o bien apreciar la eximente incompleta,art 21.1 en relación con el art 20.5 del CP (sentencia de la sección tercera de la AP de León, de 14/07/11, en un caso de drogadicción), o bien, directamente no ser estimada por no quedar acreditada dicha circunstancia (sentencia dictada por la sección 10 de la Audiencia Provincial de Barcelona, de fecha 23 de octubre de 2013, al valorar la posible concurrencia de la eximente de estado de necesidad en un delito de quebrantamiento de medida cautelar de alejamiento, cuando se había condenado a un taxista a no acudir a una determinada población. La AP de Barcelona valoró que pese a que el condenado fuera taxista la entrada en la población no estaba justificada porqué el condenado tenía a su disposición todas las demás poblaciones de Cataluña, a excepción de la que tenía el acceso prohibido, para ejercer su profesión de taxista)

En la realidad social, la compasión como estado de necesidad suele darse cuando se reanuda la convivencia, pese a la vigencia de una pena o medida de alejamiento. La reanudación de la convivencia se da por razones de humanidad derivadas del vínculo que persiste entre esas personas, de modo que actúan como si se tratara de un deber exigible, pese a las consecuencias que puede conllevar dicha acción; de modo que entran en conflicto dos bienes jurídicos, y surge la necesidad de escoger cuál se sacrifica, o cual prima sobre el otro. Recientemente la sección segunda de la Audiencia Provincial de Jaén ha apreciado la concurrencia del estado de necesidad, recogido en el art 20.5 del CP, en un delito de quebrantamiento de condena en que se había reanudado la convivencia, atendiendo a las circunstancias personales en las que había quedado el condenado, tras aplicarse la orden de alejamiento, como eran la edad, 78 años, su deterioro físico y psíquico, y el consentimiento o interés de su esposa en “recogerlo” según sus propias palabras: “dado que no tenía a donde ir, viéndolo todos los días deambular por el pueblo”. Como dice literalmente la propia sentencia: “El tribunal ha valorado todas estas circunstancias de modo que ha apreciado un estado de necesidad subjetivo para él, considerando suficientemente probado el estado de sufrimiento en que se encontraba el condenado, entendiendo que no podía acudir a otros medios”.

De este modo, por lo tanto, aunque la sentencia no lo diga literalmente el tribunal aplicado la eximente completa, valorando que debía prevalecer la compasión y la humanidad, frente a la prohibición de acercamiento, atendiendo a las motivaciones de la mujer en el momento de acoger a su pareja, sin que se valore en la sentencia la peligrosidad del condenado en atención a los hechos concretos que habían motivado que en su día se le impusiera la pena de alejamiento.

Esta no es la única ocasión ni el único supuesto en que se ha apreciado este estado de necesidad; la sección segunda de la Audiencia Provincial de Tarragona, en la sentencia dictada el 22 de Marzo de 2012, estima la eximente completa de estado de necesidad acogiendo, en este caso, el condenado a la víctima. En este caso el relato de hechos es el siguiente: “B residía en el domicilio de su madre y tenía una orden de protección hacia su mujer M, cuando ésta, hallándose en vigor el alejamiento impuesto, demandó a su suegra que la auxiliara a ella y a la hija de B, la suegra accedió y dicha decisión comportó que M y la hija común de la pareja trasladasen su residencia al domicilio antes mencionado, ya que M se hallaba en una situación de necesidad. B se limitó a dar cobijo a M y a la hija de ambos, priorizando la ayuda a éstas sobre las consecuencias que pudiera acarrearle el incumplimiento de la pena impuesta”. Ante estos hechos la primera instancia no estimó la eximente de estado de necesidad, pero la audiencia sí en base a que la reanudación de la convivencia no se dio sin más, sino con la finalidad de auxiliar a aquélla y a la hija común. De ahí que aunque la sentencia no habla del término compasión, la explicación que da casa perfectamente con el significado de compasión, antes expuesto. De hecho la sentencia razona que al acusado se le representó el auxilio que M le demandaba como un deber exigible hacia M y la hija que tenían en común, sin que se le pudiera exigir otra conducta al acusado, vistas las circunstancias del caso.

Los supuestos de hechos de las dos sentencias aquí expuestas ejemplifican una realidad familiar o social, en la que no sólo la víctima recoge al condenado, sino también el condenado a la víctima, reanudándose la convivencia de manera permanente ante el sufrimiento de unos de ellos. Considero que, en estos casos, se puede afirmar que pervive un vínculo estrecho entre ellos, pese al alejamiento en vigor, hasta el punto que ese vínculo les permite actuar por compasión a pesar de los hechos que en su día motivaron la adopción del alejamiento. Ante las respuestas jurisprudenciales pienso que estamos ante una solución ético-jurídica, ya que el derecho no puede exigir al padre, a la madre o al hijo que vean sufrir a sus familiares y que a pesar de ello se muestren indiferentes y que no se compadezcan de ellos y les ayuden, acogiéndoles nuevamente en su domicilio, de manera estable. Tal vez reconocer la figura de la compasión en estos casos surge al observar que si bien el alejamiento  es una medida que se adopta para solucionar un problema muy concreto, en el espacio y en el tiempo, dicha medida comporta a su vez un sufrimiento difícil de sobrellevar para los familiares, ante el hecho de tener que cerrar la puerta a quienes han perturbado la paz familiar sabiendo que no tienen dónde ir ni que comer, como dice la sentencia de Jaén, sabiendo que probablemente deambularan sin rumbo. De hecho, apreciar el estado de necesidad en estos casos nos muestra que la sociedad y el derecho no siempre van de la mano, pues con la adopción de la medida o la pena de alejamiento, a veces se ocasiona un drama humano, de difícil solución, por su duración temporal y desgaste familiar que puede conllevar situaciones humanamente insoportables, llegando a los extremos evidenciados en las sentencias expuestas.

La compasión o estado de necesidad supone en la práctica, aunque la ley no lo contemple, un perdón mutuo o una segunda oportunidad debido al vínculo que existe entre esas personas, en las que más allá del consentimiento mutuo, lo que se produce es un acto de humanidad. Opino que resolver de este modo estas situaciones es una opción ético jurídica necesaria para resolver problemas que el derecho no se había planteado al buscar una solución a determinados conflictos familiares, dándose en la realidad situaciones no deseadas, y, frente a dichas situaciones al familiar no se le puede exigir el deber de soportar esa situación, al familiar no se le puede pedir que no actúe; en definitiva, que no sea compasivo.

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