Septiembre no solo marca la vuelta a la actividad empresarial. Para muchas pequeñas y medianas empresas, también representa el momento en el que se comprueba si el crecimiento previsto para la segunda mitad del año está realmente financiado.
Tras el parón estival se reactivan pedidos, contrataciones, compras de materias primas, proyectos e inversiones aplazadas. El problema aparece cuando esas nuevas operaciones generan salidas de caja inmediatas pero sus ingresos no llegarán hasta semanas o meses después. La empresa vuelve a vender, pero no necesariamente vuelve a tener liquidez al mismo ritmo.
Esta tensión coincide además con un mercado financiero que se ha vuelto menos cómodo específicamente para las pymes. Según la última Encuesta SAFE del Banco de España, las compañías españolas registraron durante el segundo trimestre una evolución favorable de las ventas, aunque los costes, especialmente los no laborales, siguieron presionando los beneficios. El acceso a la financiación bancaria mejoró en el conjunto de las empresas, pero esa mejora se concentró en las grandes: el indicador de obstáculos para obtener financiación empeoró levemente en el segmento de pymes. Al mismo tiempo, los tipos de interés de los préstamos bancarios aumentaron por segundo trimestre consecutivo, y con más intensidad que entre enero y marzo.
Llegar a ese escenario sin planificación previa empuja a muchas compañías a recurrir a financiación urgente o a descubiertos en cuenta. Es una respuesta reactiva que el mercado penaliza con mayores exigencias de avales, intereses de demora y costes efectivos que, en la experiencia de Impulsa CFO, se sitúan con frecuencia entre el 15% y el 20% anual.
La propia Encuesta de Préstamos Bancarios dibuja un escenario aún más exigente: durante el segundo trimestre se endurecieron los criterios de concesión de crédito a empresas y las entidades financieras anticipan un nuevo endurecimiento durante el tercer trimestre.
El resultado es una combinación especialmente incómoda para una empresa que empieza septiembre con poco margen: más actividad, más necesidad de circulante y menor capacidad para recurrir a financiación en condiciones favorables.
El peligro de crecer antes de comprobar si hay caja
El error más frecuente en estas situaciones es confundir el volumen de ventas esperado con la capacidad financiera necesaria para generarlo.
Una nueva orden de compra puede mejorar la previsión de ingresos y, al mismo tiempo, obligar a adelantar dinero para comprar materiales, contratar personal, asumir transporte o producir. Si el cliente paga a 60, 90 o más días, la empresa tendrá que financiar ese intervalo.
En España, los plazos medios de cobro entre empresas siguen superando los 80 días en varios sectores. Eso significa que parte del crecimiento de una pyme puede estar financiándose con su propia tesorería o mediante deuda a corto plazo.
El riesgo aparece cuando esta dinámica se repite: una empresa utiliza financiación para cubrir un desfase puntual, vuelve a necesitar crédito para cubrir el siguiente y termina utilizando deuda para sostener un ciclo operativo que no genera suficiente caja por sí mismo.
Tres claves para iniciar el mes con solvencia
Para sortear las tensiones del nuevo curso sin deteriorar el balance, Impulsa CFO detalla tres decisiones directivas de aplicación inmediata:
- Previsión de tesorería a 13 semanas antes de comprometer pedidos: Cuantificar semana a semana qué cobros están realmente comprometidos, qué pagos no admiten aplazamiento y cuánto circulante exige cada nueva operación antes de aceptarla. Sin ese cálculo, la decisión de crecer se toma a ciegas.
- Alineación de los calendarios de pago al ciclo real de cobro: Renegociar y fraccionar vencimientos con los proveedores estratégicos, acompañando las salidas de tesorería al plazo de cobro efectivo de los clientes para evitar el drenaje de la cuenta corriente.
- Revisión del pool bancario en frío: Sentarse con las entidades durante los primeros compases de septiembre, con esa previsión ya en la mano, para unificar pólizas y líneas de circulante. Negociar con margen y con datos siempre sale más barato que pedir financiación cuando ya hace falta.
Septiembre no debería empezar con una petición de financiación
La planificación financiera del último cuatrimestre debería comenzar antes de que llegue la necesidad de dinero. Esto implica saber cuánto efectivo necesita la empresa para operar durante las próximas 12 semanas, qué cobros están realmente comprometidos y qué pagos no pueden aplazarse.
El contexto empresarial actual hace esa previsión todavía más relevante. Según Informa D&B, las disoluciones de empresas alcanzaron las 19.534 en los siete primeros meses de 2026, un 12% más que en el mismo periodo del año anterior, mientras los procedimientos concursales se mantuvieron por encima de los 600 mensuales. Ninguna de estas cifras puede atribuirse a la vuelta de septiembre, pero sí describen el estrecho margen financiero con el que opera una parte relevante del tejido empresarial.
«El objetivo no es evitar la financiación, sino evitar que se convierta en la única forma de sostener la actividad ordinaria. Cuando una empresa pide crédito cada trimestre para lo mismo, el problema ya no es el banco: es el ciclo de caja», concluye Belalcázar.






