Por Juan Merodio. Socio director Emasfi

Hacemos demasiado ruido y no precisamente por nuestro medallero, sino mas bien por todo lo contrario. Las consecuencias inmediatas son simples: no hay dinero sin más condicionalidad.

El Gobierno por boca de su speaker, ya ha advertido que no admitirá más condicionalidad que la prevista en el MoU de rescate a la banca. Esto es un gran avance de hecho, se reconoce el rescate, lo que implica admitir la realidad.Queda por definir el cuándo, el cuanto y la forma. Respecto a la primera de las interrogantes, parece que no superamos el mes de diciembre, aunque se tratará de camuflar el rescate, con el anticipo previo del rescate a la banca.

Siempre hemos manifestado que no habrá un rescate, sino más bien “un préstamo exclusivo para gobiernos en condiciones más favorables de mercado”. El montante de la ayuda requerida, la más modestas la estiman en 300.000 mil millones euros y la forma en que se materialice la aportación de capitales normalmente sería mediante la compra de bonos, tanto en el mercado primario como secundario.

El problema es que por mucho que nos empeñemos en cacarear a los cuatro vientos la no exigencia de nueva condicionalidad, Alemania, después de los desatinos verbales aportados por nuestros ilustres políticos autonómicos, no se fía y exige a cambio mayor control del déficit de TODOS los que integran la marca ESP.

No hay demasiadas alternativas a esta solución, salvo nuestra salida del euro, por lo que lo más probable parece el primero de los caminos. Pero incluso en esta opción caben dos alternativas: la beligerante o la inteligente. Para entendernos, la intervención a la griega o a la irlandesa.

Las consecuencias de una u otra forma de actuación están a la vista, mientas que los primeros después de haber reestructurado deuda e incumplir repetidamente los compromisos asumidos, parecen predestinados a salir del euro, los segundos en la actualidad, después de 2 años de intervención, sus bonos a 10Y tienen rentabilidades inferiores a las de los españoles de la misma duración.

De los comentarios mostrados por la oposición al gobierno, ya se apuntan tambores de  guerra en el sentido de nuevas elecciones generales, pérdida soberanía y demás titulares muy acordes con el desconocimiento que implican sobre sus consecuencias económicas.

Hay una relación directa, que los mercados siguen a raja tabla, entre volatilidad esperada y solución del problema, de forma que una intensidad de la primera de las variables, fruto del avispero político necesitado de su momento de gloria, lleva necesariamente a una reducción en la misma proporción de las posibilidades de solución del problema.

Los comentarios vertidos y escenificaciones de nuestros políticos en las últimas semanas no ayudan a la solución y parece que vamos irremediablemente hacia la intervención del tipo helénica, salvo que los mantengamos de vacaciones permanentes, el Ibex no ha dejado de subir desde entonces. Nuestra gran apuesta hasta la fecha, la presión conjunta con Italia, parece que no surte efecto, pues los mismos italianos están haciendo nuevas amistades en el norte de Europa.

Habrá que esperar al viernes, para que como cada uno de los últimos, los opositores en excedencia lean los temas preparados en la semana, sin importarles lo más mínimo, que no haya convocadas nuevas oposiciones y que por lo tanto el trabajo de memorizarlos carezca de sentido racional por lo perentorio de los mismos.

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