Alejandro López Ortiz
Alejandro López Ortiz

Licenciado por la Universidad Carlos III de Madrid y con un LL.M. en la London School of Economics, AlejandroLópez Ortiz desembarcó en el mundo del arbitraje de la mano de Bernardo Cremades. Tras una completa etapa de aprendizaje y experiencia dio el salto a Hogan Lovells, donde continuó su desarrollo profesional en el mundo del arbitraje internacional con especial dedicación en América Latina. Su práctica incluye sectores tales como ingeniería y construcción, energía, sector financiero, telecomunicaciones o disputas societarias.

Así, entre los muchos asuntos llevados a lo largo de su carrera, López Ortiz ha representado a un estado latinoamericano en varios arbitrajes de inversión; asesorado a otro gobierno de América Latina en un procedimiento de ejecución de un laudo Ciadi; o ha representado a varias empresas de construcción en dos arbitrajes relacionados con un proyecto petroquímico en México. Ahora, este profesional del arbitraje internacional acaba de dar un nuevo salto en su carrera: París, como nuevo socio Mayer Brown y con el objetivo claro de impulsar el arbitraje internacional de esta firma en América Latina y en sectores claves como la construcción y la energía.

Acaba de desembarcar en París como nuevo socio de Mayer Brown. ¿Cuál será su cometido en esta nueva etapa profesional que inicia?

Mayer Brown es un despacho que tiene una gran práctica en arbitraje internacional, por un lado, y con una importante presencia en América Latina, por otro y, para aunar estos dos ángulos, la idea era incorporar a un socio que hiciera arbitraje internacional en Latinoamérica y que, evidentemente, fuera hispanoparlante. Me plantearon un proyecto en este sentido muy interesante y ambicioso: básicamente, convertirnos en un despacho líder en arbitraje internacional en la región, y me cautivó. París es una de las capitales del arbitraje en el mundo, y Mayer Brown cuenta con un destacado equipo de arbitraje en esta ciudad, por lo que era una ubicación evidente.

Dentro de mi proyecto, voy a estar trabajando de forma muy cercana con la oficina de Houston y estaré pasando un tiempo allí. Es otra ubicación fundamental para el derecho de la energía y cercana, geográficamente, a América Latina. No hay que olvidar la reciente reforma energética mexicana, donde tanto el mercado eléctrico como de petróleo y gas, sectores reservados hasta ahora al Estado mexicano, se están abriendo a la inversión extranjera. Eso va a provocar un cambio en cómo los actores extranjeros se relacionan con México, va a haber importantes flujos de inversión a este país que, sin duda, darán lugar a disputas.

¿Cuáles son los objetivos que Mayer Brown se ha marcado para los próximos años?

Seguir creciendo en su práctica de arbitraje internacional. Yo soy la última incorporación pero no la única reciente. Hace dos meses se incorporó, como nuevo socio a la oficina de Houston, Michael Lennon, especialista en disputas de energía. Y también ha habido incorporaciones recientes de socios de arbitraje en las oficinas de Brasil. Pero la apuesta de Mayer Brown no sólo es América Latina. También estamos desarrollando nuestra práctica de arbitraje en África, que es una región cada vez más importante, y en Asia. No hay que olvidar los flujos de inversión tan significativos que se están generando desde Asia (China, especialmente) hacia África y América Latina. Esa conexión a través del Pacífico puede generar disputas y Mayer Brown quiere estar ahí, ayudando a sus clientes en la resolución de estos conflictos.

¿Cómo decidió especializarse en arbitraje internacional?

Hice mi LL.M. en la London School of Economics, y tenía muy claro que a lo que quería dedicarme era al derecho internacional y a la resolución de disputas, ya que, claramente, soy un abogado litigador. Y, si unes las disputas y el elemento internacional, fácilmente terminas dedicándote al arbitraje internacional. Empecé en el despacho de Bernardo Cremades, padre del arbitraje internacional en España. Estuve cinco años con él y después me incorporé a Hogan Lovells en Madrid, donde continué desarrollando mi práctica de arbitraje internacional, tanto comercial como de inversión, especialmente centrada en América Latina.

¿Pese a que en España el arbitraje no termina de tirar, considera que hay buenos profesionales del arbitraje en nuestro país?

Bueno, no creo que el arbitraje no termine de tirar en España. El arbitraje en nuestro país ha multiplicado su presencia en los últimos años. De todas formas, no podemos hablar del arbitraje en general. Creo que hay que diferenciar entre el internacional y el doméstico.

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“El arbitraje en nuestro país ha multiplicado su presencia en los últimos años. Pero hay que diferenciar entre el internacional y el doméstico”.

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Está el arbitraje internacional, que utilizan las empresas españolas que están operando, invirtiendo y construyendo en el exterior. Tenemos compañías líderes en el extranjero como Telefónica, Repsol, ACS, FCC, Santander o BBVA, por citar sólo unas cuantas, y que, a día de hoy, tienen una buena parte de su negocio en el exterior. Y cuando uno opera fuera de España entra en relaciones jurídicas internacionales que se acaban decidiendo, en caso de que haya disputa, en arbitraje internacional. Estas empresas están muy activas en el arbitraje internacional y, en ocasiones, van acompañadas en estos arbitrajes de abogados españoles.

En cambio, el arbitraje doméstico es cierto que, quizás, no está tan arraigado ni ha despegado tanto. Pero en resumen diría que sí que hay grandes profesionales del arbitraje en España.

¿Y por qué no hay un gran desarrollo del arbitraje a nivel doméstico?

Va mejorando y va habiendo una mayor confianza hacia el arbitraje. En primer lugar, porque la alternativa, que son los juzgados, no siempre es satisfactoria; a veces por una cuestión de lentitud -todos sabemos la carga de trabajo que tienen los jueces- y, en otras ocasiones, por una cuestión de especialización -no se puede pedir a un juez de primera instancia que sepa de todo, de negocios tan complejos como contratos de suministros de gas o de telecomunicaciones-.

Sí, es cierto que, a día de hoy, todavía algunas partes tienen ciertos recelos con el arbitraje y, es más, toleran peor un resultado que consideren injusto que les provenga de un arbitraje, que el que provenga de un juez. Pero, en general, creo que la calidad del mecanismo de resolución de disputas que tiene uno con el arbitraje es superior. Sin embargo, sí que hace falta superar algunas dudas de las partes, aunque se va por el buen camino.

Hace unos años hubo un gran proyecto para convertir a Madrid en una importante sede de arbitraje internacional. Sin embargo, parece que no se avanza en este objetivo. ¿Cree que España ha perdido la oportunidad de convertirse en un centro destacado del arbitraje a nivel global?

Es cierto que hace unos años se afrontaba el proyecto de hacer de Madrid una importante sede de arbitraje internacional –especialmente para disputas con partes latinoamericanas- con mucho optimismo. Pero también otras sedes han demostrado estar muy bien preparadas para este proyecto, como es el caso de Miami, o sedes en América Latina como pueden ser México DF, Santiago de Chile o Panamá. Sin embargo, no diría que España ha perdido una oportunidad.

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“Madrid es una sede fantástica para arbitraje porque tenemos todos los elementos necesarios: una ley que apoya esta fórmula, una institución arbitral de primer nivel, un proyecto internacional o ventajas geográficas y lingüisticas”.

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Creo que nuestro país, y Madrid en concreto, es una sede fantástica para arbitraje porque tenemos todos los elementos necesarios: una ley que apoya esta fórmula de resolver conflictos; unos jueces, que cada vez entienden mejor y se sienten más cómodos con el arbitraje; se ha dado el paso de tener un juzgado especializado en Madrid en arbitraje, como es el Juzgado de Primera Instancia 101; una institución arbitral de primer nivel, con un proyecto internacional, como es la Corte de Arbitraje de Madrid; sin olvidar las conocidas ventajas geográficas y lingüísticas de la capital de España para el arbitraje con partes latinoamericanas. No creo que haya una oportunidad perdida; lo que sucede es que hay también buenos competidores y, tal vez, el punto de partida era demasiado optimista.

¿Considera que los despachos españoles están bien posicionados Internacionalmente?

Creo que sí. Hay despachos españoles líderes en lo que hacen, en materias transnacionales y también bien posicionados en arbitraje… Sin duda, hay firmas nacionales que tiene una gran marca internacional.

¿Qué cualidades cree que tiene que tener un profesional del arbitraje internacional?

Lo primero es que le guste la disputa, que se sienta cómodo en ese entorno. Además tiene que tener cualidades idiomáticas, porque en los arbitrajes internacionales suelen intervenir varios idiomas. No solamente es relevante el idioma del procedimiento, sino que el cliente o los testigos a veces hablan en un idioma distinto y los documentos pueden estar en un tercer o cuatro idioma.

Tiene que tener también habilidades interculturales, en el sentido de saber entender que la reacción, la forma de aproximarse a un negocio y a una disputa es muy distinta para una persona que procede del norte de Europa o de Europa del sur, de América, del mundo árabe o de China. Son formas muy distintas de enfocar la relaciones litigiosas y de plantear los argumentos y el abogado debe saber entenderlo, leerlo y sacar partida. Esto se aplica a las partes, sus abogados, pero también a los árbitros. El hecho de que un árbitro sea de un origen o de otro puede tener consecuencias muy importantes en cómo va a entender una determinada disputa internacional.

Relacionado con esto también es importante que el abogado que se va a dedicar al arbitraje tenga formación en las dos principales tradiciones jurídicas: el derecho civil o derecho continental (al que pertenece España) y el derecho anglosajón o common law, porque, al final, suponen dos filosofías distintas de entender no sólo los procedimientos sino también las cuestiones jurídicas de fondo que se discuten. De nuevo hay que decir que, cuando en un arbitraje las partes y los árbitros proceden de tradiciones jurídicas distintas, puede haber concepciones muy diferentes de la disputa, de lo que va a ocurrir en el procedimiento y de su resultado.

Otro elemento fundamental es que el abogado que se dedica al arbitraje internacional esté preparado para entender el negocio de su cliente, su sector y cuál es la realidad y necesidades en las que el cliente se desenvuelve. Esto implica un aprendizaje permanente de cuestiones no necesariamente jurídicas. Al fin y al cabo, nosotros no somos más que herramientas de los clientes que tienen un problema o una disputa y quieren que se resuelva. Y, a veces, resolver el problema no significa ganar todas las pretensiones y alcanzar un laudo óptimo. Se trata de maximizar sus opciones de negocio y eso, en ocasiones, pasa por saber pactar a tiempo aunque haya que renunciar a algún punto de la disputa, si con ello se maximizan vías de negocio en el futuro.

Siempre se dice que una de las ventajas del arbitraje es su menor duración de tiempo frente a la demanda judicial. ¿Cuánto puede durar un arbitraje internacional?

Los arbitrajes pueden ser también largos. El arbitraje, al final, es un traje a medida frente a un procedimiento judicial, en el cual uno se encuentra con las leyes de enjuiciamiento establecidas y que se aplican del mismo modo para un caso de 100.000 euros que uno de 200 millones. En el arbitraje uno puede definir cómo quiere que se desarrolle el procedimiento. Si quiere que sea muy rápido va a poder tener esta opción. Pero, a lo mejor, uno tiene una enorme disputa relacionada con un proyecto de infraestructura, donde alcanzar una solución rápida no es lo prioritario. Además, cuando las partes quieren contar en el procedimiento con los mejores expertos y los mejores árbitros, es necesario sacrificar un poco la celeridad, ya que los profesionales más demandados suelen tener agendas complicadas.

Pero incluso así, en estos casos que pueden llevar más tiempo, sigue existiendo una ventaja en el arbitraje:  la decisión de los árbitros no es generalmente recurrible. En un procedimiento judicial en España (como en otras jurisdicciones), uno sabe que tiene la posibilidad de apelar y, en ocasiones, acudir en casación ante el Tribunal Supremo y eso, obviamente, alarga las disputas y prolonga el impacto que el conflicto tiene en las cuentas de la empresa.

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“Hay que desterrar la idea de que el arbitraje (sobre todo el internacional) sea buscar justicia de alta velocidad; se trata de buscar una forma de resolución de la disputa adecuada, a la velocidad adecuada”.

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Hay que desterrar la idea de que el arbitraje (sobre todo el internacional) sea buscar justicia de alta velocidad; se trata de buscar una forma de resolución de la disputa adecuada, a la velocidad adecuada. Un arbitraje internacional de un gran proyecto es frecuente que tenga una duración de dos, tres años. Pero si uno quiere, también puede hacerse un arbitraje en seis meses e incluso en menos. En definitiva, la duración será, en gran medida, la que las partes quieran que sea.

¿Qué tipo de conflictos resolvéis con más asiduidad?

Evidentemente, los proyectos de ingeniería y construcción son claros candidatos al arbitraje. Es raro un gran proyecto de ingeniería en el que no haya una disputa en algún momento: retrasos, calidad de la construcción, reparto de riesgos, costes extras, trabajos adicionales… Y en estos proyectos es habitual resolver las disputas en arbitraje.

También son frecuentes las disputas en proyectos de energía: electricidad, gas, petróleo. Por ejemplo, en España ha habido en los últimos años muchas disputas relacionadas con energías renovables. No hablo sólo de las demandas que hay ahora mismo contra el Reino de España por los cambios en las tarifas de las renovables, sino de disputas entre promotores, constructores, proveedores o financiadores de plantas renovables por cuestiones muy diversas relativas a su construcción y puesta en marcha.

También hay muchas disputas de carácter financiero y bancario. Estamos viendo cómo los bancos, que tradicionalmente no habían sometido sus disputas a arbitraje, en los últimos años sí que lo están haciendo.

Luego está el arbitraje de inversiones, en el que los inversores reclaman a los estados por actuaciones que consideran que no son conformes al derecho internacional. Este es un tipo de arbitraje más nuevo, que se ha desarrollado principalmente en los últimos 15 años, más que nada porque los inversores están siendo cada vez más conscientes de que el arbitraje es una herramienta muy útil para proteger su inversión en el extranjero.

¿Considera que los procesos de arbitraje abiertos en el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones) contra el Reino de España por el recorte de las primas a las renovables terminarán en condenas para nuestro país?

Estas demandas tienen su fundamento en unos tratados internacionales que otorgan protección a las inversiones extranjeras. Estos tratados protegen a los inversores de actos del Estado que puedan perjudicar su inversión, bajo parámetros de derecho internacional. Además, la resolución de estas disputas se encomienda a árbitros, que serán quienes tendrán que decidir, en este caso, si las modificaciones tarifarias cumplen o incumplen los compromisos internacionales de España. Si España resulta condenada, tendrá que cumplir sus obligaciones internacionales (como siempre ha hecho) e indemnizar a quien tenga que indemnizar.

Estas demandas internacionales son una vía totalmente independiente de la de los tribunales españoles. En otras palabras, se puede dar el caso de que los inversores extranjeros reciban un trato distinto (más beneficioso) que los nacionales que han acudido, con escaso éxito, a los tribunales españoles. Esto a muchos les puede sonar complicado, pero tenemos que recordar que cuando Argentina en 2001 y 2002 tomó medidas como la pesificación de su economía, los inversores extranjeros, incluidos los españoles, se beneficiaron de estos mecanismos de protección de inversión y se declaró su derecho a recibir compensaciones, cosa que para los inversores domésticos no existió. Entonces nadie en España puso el grito en el cielo.

El derecho internacional está ahí para ser aplicado. Los Estados suscriben tratados internacionales y tienen que ser conscientes de las consecuencias que éstos pueden tener.

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