Jesús Pedraz
Jesús Pedraz, vocal de Comunciación de Aprocta y la Asociación Profesional de Controladores de Tránsito Aéreo

El mes de julio ha sido trágico para la aviación comercial. Además del derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, abatido cuando sobrevolaba Ucrania, dos accidentes aéreos en menos de una semana, un avión de TransAsia en Taiwán y otro propiedad de Swiftair, operado por Air Algérie, en Mali abren ciertos interrogantes. ¿Cómo funciona la seguridad en el sector aeronáutico? ¿Quién, y a través de qué mecanismos, mantiene la seguridad aérea? ¿Cómo se tratan las responsabilidades en el sector?

Estas cuestiones llevan al concepto clave Just Culture, que la Comisión Europea traduce en español como Cultura Justa. La Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea, Eurocontrol, define Just Culture como “cultura en la que operadores de primera línea u otros agentes no son castigados por sus acciones, omisiones o decisiones tomadas de acuerdo con su formación y experiencia, mientras que, por otro lado, la negligencia, violación grave o actos ilícitos no son tolerados”. Este concepto, asentado en el mundo aeronáutico, no trata de eximir a los profesionales de sus responsabilidades sino de crear una cultura que mejore los estándares de seguridad a través del estudio de las fallas del sistema, así como de los millones de operaciones que transcurren con normalidad a lo largo de cada año. Países como Dinamarca, Finlandia y Reino Unido pueden ser tomados como ejemplo de implantación de este concepto.

En este sentido, la seguridad en las operaciones aéreas comienza con la notificación. La Unión Europea sienta las bases normativas acerca de la necesidad de disponer de un sistema de notificación de sucesos a través del Reglamento 996/2010. Este sistema, implantado en España, es necesario para desarrollar una Cultura de Seguridad y requiere que los profesionales, pilotos, controladores aéreos, mecánicos, entre otros, informen sobre cualquier incidente grave o suceso  de seguridad, entendido como un episodio que podría haber derivado en un accidente. De esta forma, se trabaja siempre con un enfoque proactivo y no sólo reactivo, que se desarrolla únicamente a través de investigaciones de seguridad una vez ha ocurrido un accidente.

España estableció, a través del Real Decreto 1334/2005, un sistema de notificación obligatoria de sucesos gestionado por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, AESA, como organismo adscrito a la Secretaría de Transporte del Ministerio de Fomento a través de la Dirección General de Aviación Civil, DGAC. Asimismo, con el Real Decreto 995/2013, en el marco del Programa Estatal de Seguridad Operacional de Aviación Civil, se fijó que, al igual que los trabajadores de una aerolínea deben notificar a su compañía cualquier incidente o suceso de seguridad, los empleados de proveedores de servicios (en estos momentos, en España podemos hablar de Aena, FerroNats, Saerco e Ineco) deben dar parte de sucesos relativos a la seguridad operacional, sin perjuicio de notificar también a los organismos públicos supervisores competentes.

Las notificaciones son estudiadas por comisiones oficiales amparadas por la AESA. Una vez se pone en conocimiento de estos organismos un suceso o incidente, se analizan y debaten las causas y se proponen medidas con el objetivo de que no se vuelvan a reproducir una situaciones similares. Estas medidas se transmiten a las partes implicadas a modo de recomendaciones de seguridad y sus destinatarios están obligados a informar de las acciones correctoras implantadas. Asimismo, la investigación es también útil para detectar problemas sistémicos y alertar a la AESA de la necesidad de emitir directrices de seguridad generales de mayor calado.

El concepto Just Culture cambia la forma de entender las decisiones que desembocan en ‘errores’ o ‘fallos’, asentándose sobre un sistema no punitivo de notificaciones en beneficio de la seguridad a través del aprendizaje. Aspecto esencial a tener en cuenta es dónde se debe trazar la línea entre los errores provocados por actos negligentes graves o intencionados y el ‘error’ a consecuencia de factores humanos, elementos del propio sistema y su estructura organizativa. Sin duda, son las autoridades judiciales las que deben determinar dónde termina el error honesto y donde comienza la negligencia grave.

Con el objetivo de fomentar la praxis de la notificación y eliminar cualquier tipo de incertidumbre entre los profesionales, además de establecer quien vigila las reglas del juego, éstas deben quedar definidas. En un contexto extremadamente regulado, y dejando de lado errores provocados o actos negligentes, el profesional debe ver garantizados tres puntos esenciales: la confidencialidad de las notificaciones, así como de sus comunicaciones en frecuencia y, como se ha adelantado, el establecimiento de un sistema no punitivo, protegiéndoles de posibles represalias como la pérdida de la licencia para ejercer su profesión o su procesamiento judicial. En este sentido, el Gobierno español estableció en el artículo 8 del Real Decreto 1334/2005 garantías de confidencialidad y protección de los profesionales, así como en el artículo 18 de la Ley 1/2011, por la que se establece el Programa Estatal de Seguridad Operacional para la Aviación Civil y se modifica la Ley 21/2003, de 7 de julio, de Seguridad Aérea.

La aviación es el modo de transporte más seguro. Según la Asociación Internacional del Transporte Aéreo, IATA, en 2012, se realizaron 29,6 millones de vuelos, lo que establece un ratio de menos de un accidente por cada millón de operaciones. Como recuerda la IATA en su última memoria anual “a pesar de los magníficos resultados sobre seguridad, no debería ocurrir ningún accidente. Por ello, no hay lugar para  la complacencia. El sector y sus reguladores deben seguir buscando mejoras”. En este sentido, hay que subrayar la necesidad de seguir mejorando los estándares de seguridad a través de la inversión en la formación de los profesionales y en tecnología, así como en construir una Cultura de Seguridad compartida por todos los actores del sector y continuar trabajando en el desarrollo del concepto Just Culture.


Por Jesús Pedraz, vocal de Comunciación de Aprocta y la Asociación Profesional de Controladores de Tránsito Aéreo

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