El envejecimiento de la población, la baja natalidad y la jubilación de la generación del baby boom han convertido el relevo generacional en uno de los principales retos del tejido empresarial vasco. Aunque suele abordarse desde una perspectiva económica, desde el despacho de abogados Lawesome recuerdan que una sucesión mal planificada también puede derivar en importantes riesgos legales que comprometan la continuidad del negocio.

Las cifras reflejan la magnitud del desafío. Confebask identifica el relevo generacional como uno de los grandes retos del mercado laboral vasco y las previsiones apuntan a que hasta 2036 se generarán más de 524.000 vacantes en Euskadi por jubilaciones. Además, la UPTA (La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos de España) estima que cerca de 8.000 pequeños negocios podrían desaparecer en los próximos cinco años por falta de continuidad.

La situación resulta especialmente relevante en una comunidad donde la empresa familiar representa el 86,1% del tejido empresarial, genera más de la mitad del empleo y aporta el 45% del valor añadido de la economía vasca. Sin embargo, solo tres de cada diez empresas familiares llegan a la segunda generación y apenas una de cada diez supera el relevo hacia la tercera.

«Muchas empresas creen que el relevo generacional consiste únicamente en decidir quién dirigirá la compañía cuando llegue la jubilación. En realidad, es un proceso que debe prepararse con años de antelación para evitar conflictos que pueden poner en riesgo la continuidad del negocio«, explica Martín Eguía, Socio Director de Lawesome.

Mucho más que un cambio de dirección

Para el despacho, la falta de planificación puede provocar conflictos entre socios o herederos, problemas fiscales en la transmisión de la empresa, bloqueos en la toma de decisiones o incluso la pérdida de conocimiento estratégico cuando la experiencia permanece únicamente en las personas que abandonan la organización.

Los sectores más expuestos son la industria manufacturera, la metalurgia, el mecanizado, los talleres industriales y el comercio de proximidad, donde gran parte del conocimiento técnico se transmite de forma práctica y resulta difícil de sustituir.

«No planificar la sucesión puede acabar obligando a mal vender la empresa, cerrar la actividad o perder parte del valor construido durante décadas. La planificación jurídica es una inversión en estabilidad y continuidad, no un trámite administrativo«, añade Eguía

La planificación jurídica, un factor estratégico

Desde Lawesome recomiendan iniciar el proceso de sucesión varios años antes de la jubilación para diseñar una hoja de ruta que permita ordenar la estructura societaria, revisar los pactos entre socios, establecer protocolos familiares cuando existan varias generaciones implicadas y analizar la fiscalidad de la transmisión.

El despacho subraya que la sucesión debe integrarse en la estrategia empresarial, al mismo nivel que la digitalización, la sostenibilidad o la internacionalización. «Las empresas que preparan el relevo con tiempo no solo reducen riesgos legales, sino que afrontan con mayores garantías los nuevos retos del mercado y preservan el arraigo económico y el empleo en Euskadi«, concluye Martin Eguía.

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