Agente de la edificaciónLa Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha resuelto un litigio sobre responsabilidades derivadas de posibles vicios o defectos en la construcción, confirmando la sentencia de instancia que desestimó la demanda de reclamación de responsabilidad por la existencia de defectos porque el hecho generador de ellos debía considerarse fortuito o constitutivo de un supuesto de fuerza mayor. El Supremo recuerda que la sentencia recurrida ya declaró que el muro en cuestión se había realizado correctamente y que la «diligencia requerida también fue observada en atención a la impresivilidad de la causa que dañó la consistencia del muro, es decir, el deslizamiento general de la ladera».

A resultas de los daños y perjuicios sufridos por la ruina funcional de un muro, una empresa de Málaga formuló demanda contra el agente de la edificación que había participado en su construcción. Se aducía que dicho muro finalmente había tenido que rehacerse por las inestabilidades y deslizamientos producidos en su base, con un incremento significativo del coste inicialmente previsto. Frente a esta postura se opuso la exoneración de responsabilidad por tratarse de un caso fortuito o de fuerza mayor. Tanto el Juzgado como la Audiencia así lo entendieron, con fundamento en la imprevisibilidad e inevitabilidad del suceso. Ahora el Supremo confirma este pronunciamiento absolutorio.

La sentencia de la Sala, de la que ha sido ponente el magistrado Orduña Moreno, analiza la controversia desde la perspectiva del contrato de obra y su configuración como generador de obligación de resultado, pero partiendo en todo momento, como es obligado en casación, de los hechos que se declararon probados en la instancia, los cuales avalan la conclusión jurídica alcanzada por la sentencia recurrida de que la obra de rellenos y el muro se realizaron correctamente, “sin que sean achacables a vicios de ejecución los daños acontecidos en la obra”.

De ahí que considere incorrectamente formulados los motivos del recurso habida cuenta que la parte recurrente sostiene en todo momento, con marginación de esa base fáctica, que la construcción, la ejecución de los trabajos, no fue la correcta.

En todo caso, para dar una respuesta que agote el derecho a la tutela judicial efectiva, la Sala examina el juicio de valoración jurídica manifestando al respecto su discrepancia con la valoración jurídica que la parte recurrente desarrolla en su recurso. En este sentido, la sentencia afirma que de la configuración del contrato de obra como un contrato generador de una obligación de resultado, caracterizada por integrar en el contenido de la prestación el propio resultado buscado por las partes, no puede inferirse que, el resultado, en sí mismo considerado, “determine de un modo objetivo las perspectivas valorativas de la satisfacción del acreedor y la liberación del deudor que también concurren en la dinámica del cumplimiento de la obligación, de un modo diferenciado”, lo que determina que incluso la consecución del resultado pueda no satisfacer al acreedor por no cumplimiento de algunas prestaciones accesorias o por la no obtención de algunas finalidades o utilidades perseguidas.

Para la Sala, esta diferenciación se hace aun más nítida desde el plano o perspectiva de la posible liberación del deudor, donde la existencia de una obligación o un deber de resultado no excluye que el deudor pueda quedar exonerado de responsabilidad conforme a la previsión general del artículo 1105 del Código Civil, si la no consecución del mismo se debe a la concurrencia de caso fortuito (en este supuesto, que el muro se dañe por causas ajenas a la actividad de los responsables de su construcción). Según la Sala, no cabe hablar de culpa sino de «pérdida sin culpa», de la imposibilidad fortuita en las obligaciones de entregar una cosa (artículos 1182 y 1184 del Código Civil), originando esa imposibilidad sobrevenida derivada de caso fortuito, en cuanto no imputable al deudor, la plena liberación de este.

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