Acaba de incorporarse a su nuevo reto profesional tras dirigir durante muchos años el departamento procesal civil de Díaz-Bastien & Truan.

Daniel Jiménez es el nuevo responsable del área procesal y arbitraje del despacho multinacional Ashurst. “Es evidente que es una gran ilusión y oportunidad formar parte de uno de los despachos internacionales más importantes y con más proyección en España. Me ha encantado el proyecto que se me ha presentado y la calidad humana de todos los socios y el resto de profesionales”, comenta En la actualidad, en la práctica de procesal y arbitraje de Ashurst colaboran 11 abogados y ofrece asesoramiento en litigios relacionados, fundamentalmente, en la compra de empresas, asuntos de mercado de valores, temas inmobiliarios, procedimientos concursales y arbitrajes, tanto nacionales como internacionales.

Daniel Jiménez es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Derecho Privado por el Instituto de Estudios Superiores de la Fundación Universitaria San Pablo C.E.U con el número uno de su promoción.

Para Gonzalo Jiménez-Blanco, socio director de la firma en Madrid, “con esta incorporación se refuerza la práctica de procesal en Madrid, práctica con enorme potencial y que ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años, y se pone de manifiesto una vez más la consolidación de Ashurst en el mercado español”.

La oficina de Madrid, en la que en estos momentos trabajan 60 abogados, está especializada en Derecho mercantil, M&A y private equity; Derecho bancario y financiero (mercado de valores) y project finance; Derecho inmobiliario; Derecho tributario; Derecho de la competencia; Tecnologías Media y Telecomunicaciones (TMT); energía, transportes e infraestructuras (ETI); Derecho concursal; Derecho procesal y arbitraje; Derecho laboral; y Derecho del deporte, media y entretenimiento.

Señor Jiménez, usted acaba de aceptar el reto de dirigir el área procesal y arbitraje de Ashurst. ¿Qué objetivos se ha planteado en este primer año de trabajo?

Me gustaría aumentar la visibilidad del departamento procesal en el mercado en general y obtener un mayor reconocimiento, que sin duda merece, para el excelente equipo de abogados procesalistas que tenemos en Ashurst. También potenciar la relación con el resto de oficinas de Ashurst en el mundo y que el trabajo referido por dichas oficinas al área procesal aumente significativamente. Me gustaría también reforzar la posición del despacho en el área penal económica. Tenemos experiencia en ese campo y cada vez más las empresas demandan que el despacho que les atiende en sus asuntos diarios y en las grandes operaciones corporativas, les pueda prestar servicio cuando se ven afectados por una circunstancia tan desagradable como un fraude cometido por un directivo o empleado.

¿Cuál es la estructura del área procesal en Ashurst y qué tipología de clientes demandan sus servicios?

La estructura anterior a mi llegada era la de tres socios que co-dirigían el área y supervisaban el trabajo de los abogados del departamento. Con mi incorporación, se ha buscado que alguien se ocupe de manera exclusiva de la dirección del departamento procesal y todo lo que ello conlleva a nivel de organización y coordinación, potenciando en definitiva su importancia dentro de la firma y de cara al exterior.

Vivimos momentos especiales a nivel mundial por la crisis. ¿Cree que ha llegado la hora de los métodos extrajudiciales; más rápidos y económicos que la justicia convencional?

La crisis probablemente facilita que los clientes se conciencien más del coste que tienen los litigios. No tanto por el coste de los servicios legales, sino por la duración que tienen los pleitos, en muchas ocasiones totalmente excesiva. El arbitraje y la mediación son medios eficaces y más rápidos para resolver conflictos pero no son la panacea ni están exentos de desventajas. En todo caso, sí es cierto que la utilización del arbitraje en España es inferior a otros países de nuestro entorno y esto va a ir cambiando.

Recientemente en la Convención de la IBA se han celebrado diferentes eventos de arbitraje. De todas formas, aún se ve al abogado poco implicado. ¿Qué debe cambiar para que el letrado ayude a desarrollar una cultura arbitral en nuestro país?

El abogado puede hacer algo pero no puede hacerlo sólo. Para que se desarrolle esa cultura, que yo creo ya existe en muchas empresas y despachos, hace falta que los arbitrajes sean resueltos por personas con la máxima competencia profesional y, preferentemente, dedicados en exclusiva a la labor arbitral. Si se eleva la calidad de los árbitros y del arbitraje, los abogados confiaremos mucho más en ese método de resolución de conflictos. Iniciativas como las que está promoviendo el Club Español del Arbitraje y su propia existencia pueden contribuir a ello.

¿Cree posible que Madrid se convierta en capital internacional del arbitraje? ¿Qué habría que hacer en ese caso?

Creo que ello es más probable en relación a disputas que se planteen entre empresas de países de habla hispana. Es sin duda difícil que podamos desplazar a otras cámaras arbitrales de otros países que tienen mucha tradición en el mundo del arbitraje, son muy respetadas y se han ganado su posición. Además, en el mundo del derecho internacional al igual que en de los negocios, el idioma que se utiliza es el inglés, y esa situación atrae los arbitrajes al mundo anglosajón.

¿Por qué hay tantas Cortes Arbítrales en nuestro país? ¿No cree que tanta diversidad asusta al empresario y le hace confiar en Cortes extranjeras?

No creo que haya muchas cortes arbitrales de prestigio en nuestro país, aunque sí algunas como CIMA, de hecho entiendo que hay pocas y debería haber algunas más. También sería importante que las cámaras estuvieran especializadas por materias, ya que no es lo mismo un arbitraje comercial sobre un contrato financiero que un arbitraje sobre un contrato de obra. Creo que la creación del Comité Bancario y Financiero de la AEADE es un paso en la buena dirección.

Usted, que es director de procesal y arbitraje de un despacho multinacional que ha apostado por el arbitraje, ¿cuál considera que es la clave a la hora de ganarse la confianza de sus clientes? ¿Qué rasgos deben definir a un buen árbitro?

La confianza de los clientes se gana hablando con claridad, siendo rigurosos en el asesoramiento, cobrando un coste razonable por el servicio y, obviamente, obteniendo resultados favorables para el cliente. Aunque también se mantiene la confianza del cliente cuando el resultado es adverso si se han comunicado desde el principio cuáles eran los riesgos que se corrían. El buen arbitro es el que ejerce de tal, esto es el que resuelve una diputa entre dos partes con absoluta independencia de criterio y sobre la base de sólidos conocimientos jurídicos y sobre la materia concreta sobre la que versa la contienda. El que no tiene inconveniente en otorgarle la razón a una de las partes, cuando realmente la tiene, en lugar de buscar soluciones salomónicas que a nadie contentan y que son en realidad una denegación de justicia.

¿Cuál debe ser la formación de un letrado para llevar a cabo este tipo de casos? ¿Qué deben hacer las universidades para fomentar el arbitraje?

El letrado debe tener conocimientos no sólo jurídicos sino sobre el concreto sector de actividad económica donde ha surgido la controversia. No puede defenderse a un cliente si no se entiendo su negocio. Las universidades deben fomentar el arbitraje (también la mediación), dedicando más esfuerzo y tiempo a la enseñanza de las leyes nacionales e internacionales que las regulan y, desarrollando una experiencia práctica. No estaría de más tampoco que el arbitraje se enseñara como una asignatura más, al mismo nivel de importancia, que el derecho procesal civil.

¿Qué opinión le merece la puesta en marcha de iniciativas como Moot Madrid, en el plano universitario, de fomento del arbitraje en las aulas españolas?

Me parece absolutamente loable y positiva. Es un mundo globalizado como el que vivimos los estudiantes de derecho deben familiarizarse con el derecho internacional privado y el arbitraje internacional, pues ese es el ámbito donde muchos de ellos ejercerán la profesión de abogado.

Por último, dénos su opinión sobre el problema de la Justicia en España y una forma de resolverlo.

Pues si no se ha resuelto hasta ahora sería muy pretencioso por mi parte dar alguna solución mágica. Lo que falta es, en mi opinión, voluntad política para dar a la justicia la importancia que tiene realmente en la vida de un país y para el desarrollo de su actividad económica y dotarla de los recursos materiales y humanos que se precisan para que el ciudadanos y los profesionales se sientan satisfechos con su sistema judicial. Cualquier regulación novedosa no solucionará el problema del retraso de la justicia y prueba de ello es que la Ley de Enjuiciamiento Civil aprobada en el año 2000, siendo una buena ley, no ha acortado la duración de los pleitos ni mejorado la opinión que los ciudadanos tenemos sobre el funcionamiento de la Justicia.