Guillermo BarriosGuillermo Barrios es catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos y ha sido galardonado recientemente con el XII Premio Aequitas de Investigación Jurídica por un estudio sobre el trabajo autónomo y la discapacidad. Junto a Barrio – como investigador principal – son autores de la obra premiada los profesores universitarios Yolanda Cano, Elena Lasaosa, Diego Megino y María Puy Abril.

En esta entrevista, Barrios se muestra convencido de que el trabajo autónomo puede ser una oportunidad para generar empleo y nos cuenta cuál es el estado de la situación para las personas con discapacidad y cuáles son sus propuestas de mejora. También hablamos sobre otros temas que afectan a los autónomos como los cambios en el el régimen de protección por desempleo u otras novedades en el ámbito del trabajo como la nueva cotización por retribuciones en especie o los efectos de la reforma laboral. 

¿Cuál es el estado actual de la situación para los trabajadores autónomos con discapacidad?

El trabajo autónomo de personas con discapacidad sigue la tónica habitual. No hay grandes picos de contratación de personas con discapacidad, existen incentivos, contratos con bonificaciones, etc. Nuestra propuesta es llamar la atención de que, en general, el trabajo autónomo puede ser una oportunidad para generar empleo y en particular, el de las personas con discapacidad también. Eso no se traduce en que actualmente haya un montón de personas autónomas con alguna discapacidad, pero no deja de ser una oportunidad.

¿Hay datos para cuantificar la situación?

Sí, pero son pocos y dispersos. Sin embargo, sí que es verdad que hay una mayor aparición de entidades y personas que se están dedicando a fomentar el empleo autónomo de las personas con discapacidad. El dato principal es que se va hacia adelante en esa línea.

Las personas con discapacidad tienen mayores dificultades para encontrar un empleo y las discapacidades son muy diversas. Realmente, no hablamos de personas discapacitadas sino de personas con una discapacidad y generalmente, el emprendimiento ya lo llevan inscrito en ellos mismos. De hecho, determinados deportistas de alto nivel que participan en las Paralimpiadas, por ejemplo, son personas muy emprendedoras y luchadoras y es gente que después suele emprender como autónomos. Des de las Administraciones Públicas, lo que tenemos que hacer es ayudarles a que tengan más facilidades ante las dificultades.

¿Existen medidas específicas en el ordenamiento español que regulen este sector?

El tema está tratado muy poco y de forma muy dispersa. A diferencia de la cantidad de normas y disposiciones que existen sobre el fomento del empleo para los trabajadores por cuenta ajena con una discapacidad, el fomento del empleo de las personas con discapacidad que quieren ser autónomas es muy poquito, y lo que hay está muy disperso en normas administrativas, fiscales y laborales.

Al menos, esa era la tónica de todo el tratamiento de la discapacidad, hasta que el pasado mes de diciembre se aprobó la Ley general de Discapacidad, un texto refundido cuyo objetivo es integrar las diversas leyes que están dispersas, que sí que contempla el trabajo autónomo y por lo menos es una declaración de intenciones. Sin embargo, en agosto se había publicado una ley sobre el fomento del autoempleo y su internacionalización, que era muy ambiciosa, y a penas cita el emprendimiento de personas discapacitadas.

Ahora lo que haría falta sería unificar lo que sigue estando disperso o, sobre la base de lo que hay, introducir propuestas nuevas sin olvidarse de los trabajadores autónomos con discapacidad.

¿Cuáles cree que serían las propuestas clave que faltan en la normativa actual?

Lo primero de todo sería ser consciente de que hay una realidad: con carácter general, hay que tener en cuenta que el empleo autónomo existe también para personas con discapacidad. Luego existen muchas propuestas específicas. En el ámbito fiscal serían, por ejemplo: incentivos fiscales, declaraciones, exenciones, microcréditos o créditos con intereses preferentes. Y en el ámbito de la seguridad social, bonificaciones, exenciones en la cuota de la Seguridad Social, fomento de determinadas prestaciones como la regulación del desempleo en pago único, etc.

Una de las noticias destacadas de los últimos días ha sido la de reformar la protección por desempleo a los empresarios y autónomos de modo que los que se den de alta como nuevos autónomos tendrán que pagar obligatoriamente por el derecho a desempleo. ¿Cómo valora esta iniciativa?

La idea de extender el desempleo a los trabajadores autónomos era una reivindicación que ya se venía haciendo hace bastante tiempo y que se consiguió hace unos poquitos años. Lo que pasa es que tal y como están las cosas, no es una medida que haya tenido mucho éxito. Los autónomos realmente no tienen un después. Así como el trabajador por cuenta ajena pueden tener un colchón, los autónomos no lo tienen.

Cualquier prestación que se ponga para los autónomos me parece perfecta y es que en el fondo hay una tendencia a equiparar regímenes entre trabajadores por cuenta ajena y autónomos. El problema es que las prestaciones de seguridad social son un coste. Si quieres prestaciones como autónomo, tienes que cotizar más.

El problema del autónomo parte de un enfoque equivocado porque hay una presunción de fraude contínua. ¿Por qué no se equiparan muchas prestaciones a las de los trabajadores por cuenta ajena? Porque hay una idea de fraude continuo, de “me la van a meter”.

¿Por parte de la Administración?

Sí, en general, por parte de la Administración. Pero en las circunstancias actuales, la Administración tiene tantos mecanismos de fiscalización que el enfoque debería ser el contrario: reconocer la prestación y luego establecer mecanismos de fiscalización.

¿Por qué no ocurre así?

Porque hay una especie de sensación de que, en materia de prestaciones, los autónomos hacen las cosas para defraudar. Ese enfoque, que es equivocado, debe cambiar. No tiene que haber problemas en extender la prestación protectora a los autónomos, porque en el fondo, eso va a cambio de cuotas. Cualquier medida que sea fiscalizar más allá de lo estrictamente necesario y razonable, para mi es un poco excesiva.

Además, la cotización se tiene que hacer a una mútua y no a la propia Seguridad Social.

Eso es. Las mutuas ya tienen mecanismos de control. En cualquier caso, tal y como lo han configurado, el éxito o fracaso de la prestación por cese de actividad es que la han vinculado a la cotización por contingencias profesionales. A un autónomo cotizar por desempleo no le supone tanto. Pero a muchos autónomos, lo que les supone mucho es cotizar por la contingencia profesional. A un transportista, por ejemplo, le sale mucho más caro cotizar por la contingencia profesional de accidente de trabajo, por ejemplo, que cotizar por desempleo. Pero si coge desempleo tiene que coger la cotización por contingencia profesional, por decirlo así. Entonces, no se está aplicando mucho. Además es una prestación muy menor en relación al desempleo de los trabajadores por cuenta ajena.

¿Considera positivo que exista la tendencia de equiparar el régimen de los autónomos al de los trabajadores por cuenta ajena?

Claro que sí. Puede ser que en otros tiempos se justificara la distinción en el régimen jurídico de unos y otros, pero hoy en día, sabiendo que son realidades distintas, no tiene sentido que la protección sea tan dispar en algunas materias.

Evidentmente no puede haber una indemnización por despido de un autónomo, porque uno mismo no se autodespide. Pero hay otras cosas que sí se pueden tener, especialmente la acción protectora de la Seguridad Social. La equiparación, aunque se está consiguiendo, todavía tendría que ser mayor.

En el fondo tendría que haber simplemente dos tipos de trabajadores ante la Seguridad Social: trabajadores por cuenta ajena y trabajadores autónomos. Dentro de esa diferenciación, aquellas cosas que no se puedan dotar a alguien que no tiene un empresario no las tendría el autónomo, pero para todo lo demás – cálculo de prestaciones, cuantía de las cotizaciones, etc – se debería equiparar.

¿Cree que se va a llegar a esa equiparación?

¿Cree que tendremos sistema de Seguridad Social? No lo sabemos porque al final son tendencias. Simplemente hay que tener clara una cosa: en Seguridad Social, la única tendencia clara es el cambio permanente. Y en ese cambio permanente depende de muchos factores el que se vaya en un sentido o en otro.

Otra de las novedades sobre la que se ha hablado estos días es la de cotizar por las retribuciones en especie. ¿Qué opina de ello?

Hasta ahora ya se cotizaba por las dietas si te pasabas de un determinado límite. Pero en el fondo es lo de siempre: una forma de procurar más recursos al sistema de Seguridad Social cuando en realidad las dietas no retribuyen trabajo. Si lo que se cotiza debe ser por lo que se efectúa, por el trabajo desarrollado, lo que no es trabajo – dietas por kilometraje, pluses por manutención y demás – no debería cotizar. Y si cotizan deberían tener una repercusión todavía más clara en la base reguladora de las prestaciones. Es una medida fundamentalmente destinada a obtener más recaudación.

¿Cómo valora la reforma laboral ahora que ya ha pasado un tiempo prudencial para poder analizar sus efectos?

Realmente, las reglas reglas de juego han cambiado totalmente y eso ha contribuido en una mayor precariedad laboral. Pero las condiciones laborales no derivan tanto de la regulación laboral, que también, sino de las circunstancias económicas. Ya no podemos cobrar lo que cobrábamos en época de vacas gordas.

En cualquier caso, lo que me preocupa es la mayor precariedad laboral. ¿Eso significa más flexibilidad? Bien, pero también es mayor precariedad: más contratos temporales, más contratos a tiempo parcial, y más contratos con menos condiciones. De todos modos, si las circunstancias económicas cambian, cambiará un poco todo.

1 Comentario

  1. Hasta que no se fije como objetivo desarrollar un mercado interno fuerte, las condiciones laborales no van a mejorar. Si mejora la economia, pero lo hace principalmente por las exportaciones, las condiciones laborales no mejoraran, porque tendremos una necesidad continua de ser más competitivos (devaluación salarial), lo que implica trabajo precario al fin y al cabo.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.