¿Cuál es la trama judicial que podría confinar a prisión al hombre más buscado por Estados Unidos, luego de la filtración de 250 mil cables diplomáticos secretos?

El 11 de agosto, Assange llegó a Suecia invitado por el movimiento de centro izquierda Brotherhood, para hablar en un seminario sobre “la guerra y el rol de los medios”. Antes de viajar, contactó a Anna Ardin, una militante feminista que le ofreció quedarse en su departamento durante su estadía, ya que ella iba a estar fuera de la ciudad. Ardin regresó a su casa antes de lo previsto, encontró a Assange, hablaron y decidieron que podía quedarse.

Después fueron a cenar juntos, volvieron al departamento y tuvieron sexo. Mientras mantenían relaciones, el preservativo que usaba Assange se rompió, un dato que no será menor a toda la historia. Después de la relación sexual, ambos mantuvieron un vínculo cordial y Ardin hasta le organizó una fiesta.

Al día siguiente, el fundador de WikiLeaks brindó el seminario por el cual había llegado a Estocolmo. En la primera fila del auditorio, había una joven de 20 años vestida de rosa que no dejaba de sacarle fotos. Los medios la llaman Jessica o la mujer B, aunque en medios suecos se baraja el nombre de Sofie Wilén.

Después de la conferencia, ella se acercó al australiano y se presentó. Lo acompañó a comer -no es claro si fue invitada o se autoinvitó- y durante el almuerzo él apoyó su brazo sobre sus hombros, según la reconstrucción del Daily Mail.

“Estaba halagada. Era obvió que estaba seduciéndome”, relató ella en reiteradas oportunidades. Luego fueron al cine a ver la película “Deep Sea”, donde habrían intimado más. Después del film, Assange regresó al departamento de Ardin. Ahí fue cuando Jessica le preguntó si volverían a verse y el creador de WikiLeaks le dijo que “por supuesto”. Unas horas más tarde, después de la fiesta que Ardin organizó para él en su departamento, volvió a llamar a Jessica para encontrarse.

Decidieron ir hasta la casa de Jessica en la ciudad de Enkoping. Cuando fueron a comprar los boletos de tren, Assange no tenía dinero y no quería usar tarjetas de crédito. El ex “hacker” no quería ser rastreado. Pagaron los tickets y partieron. Allí tuvieron sexo y Assange usó preservativo. Durmieron juntos y a la mañana siguiente volvieron a mantener relaciones, esta vez sin protección.

Ante la Justicia, la joven declaró haber estado enojada por la negativa de Assange a usar un preservativo. No obstante, en el expediente no hay evidencia de una violación. Ambos desayunaron juntos, el fundador de WikiLeaks prometió mantener el contacto y regresó a la capital sueca. Aquí es donde la historia se vuelve confusa y nace la denuncia por violación contra el ex hacker australiano.

La denuncia. Luego de todo eso, Jessica habría llamado a Anna Ardin -a quien había conocido en el seminario- para contarle que había tenido sexo con Assange. Tenía miedo de haberse contagiado alguna enfermedad o incluso de estar embarazada. Ardin le reveló que ella también había tenido relaciones con él. Fue entonces cuando, enojada y celosa, quiso echar al fundador de WikiLeaks de su departamento. Él se negó. Tres días más tarde abandonó el lugar.

El 20 de agosto, ambas mujeres se presentaron ante la policía sueca para denunciar a Assange por delitos sexuales. Si bien Jessica iba a ser la denunciante, Anna Ardin se presentó como militante feminista para aconsejarla y también brindó testimonio de su encuentro sexual -con un preservativo roto- con Assange.

La oficial que les tomó declaración concluyó que Jessica había sido violada por Assange y Anna, víctima de acoso sexual. Ahí fue cuando la cacería judicial contra Assange comenzó y luego se profundizó tras el Cablegate. Para justificar su denuncia ante los medios, Ardin señaló: “En ambos casos el sexo fue consensuado en un principio, pero luego se convirtió en un abuso”. En su caso porque se rompió un preservativo, en el de Jessica porque Assange no lo utilizó en una oportunidad.

“Las denuncias no fueron plantadas por el Pentágono, ni nadie más. La responsabilidad de lo que me pasó a mi y la otra joven es del hombre que tiene una visión torcida de las mujeres, que tiene un problema en aceptar la palabra ‘no’”, argumentó Ardin, en cuyo blog luego se encontró un post titulado “Siete pasos para una venganza legal”, en el que explica cómo las mujeres pueden utilizar la Justicia contra amantes infieles. “Haz sufrir a tu víctima, tanto como te hizo sufrir a ti”, sentencia el último de esos pasos.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.