LUPICINIO RODRIGUEZ, socio director de Lupicio AbogadosEl socio director de Lupicionio Abogados, una de las firmas españolas mejor calificadas por la prestigiosa editorial inglesa Chambers and Partners en áreas como el derecho bancario, mercados, competencia u operaciones corporativas, explica como el despacho que dirige ha superado la crisis económica buscando nuevos nichos de negocio y especializándose en países sancionados como Irak, Turkmenistán o Cuba. “Vamos a donde nos ha dejado el mercado, a donde nos piden nuestros clientes y sólo nos demandan ayuda para países complejos”, explica Lupicinio Rodríguez, especialista en fusiones, adquisiciones y derecho industrial y energético. Este prestigioso abogado cree que las empresas españolas no tienen más remedio que internacionalizarse y salir al exterior para crecer y considera que la reestructuración en el sector legal español todavía no ha llegado a su fin.

Tiene a sus espaldas una gran experiencia en derecho mercantil (OPAs, fusiones, adquisiciones…). ¿Vislumbra ya movimientos corporativos de calado en el sector empresarial español?

Bueno, los inversores extranjeros, en algunos casos buitres extranjeros, han detectado oportunidades o carroña y han venido a por ellas. Pero fusiones, en el sentido de que se unen empresas para crear unidades más eficientes e inversiones extranjeras para crear áreas más productivas o nuevos sectores, no veo. El país no da de sí para eso. Es muy caro, con un empleo caro.

Pero en los últimos años, la mayoría de los españoles hemos visto como bajaban nuestros ingresos laborales.

Sí pero el empleo sigue siendo caro comparativamente. Es más caro que en Portugal y es casi como en Inglaterra y Alemania. No sé si compensa venir aquí. Creo que, probablemente, al inversor extranjero le convienen países con más flexibilidad laboral, más estabilidad política…

¿Entonces, no ve en el corto medio plazo fusiones en sectores como el constructor o energético?

En el sector energético de generación hay pocos actores y no caben más fusiones. Aparecerían posiciones muy dominantes. Con tres actores está bien. No debe haber menos.

En construcción, para qué fusionarse si no hay obra pública ni privada. No tiene sentido. Las constructoras tienen que ir saliendo al exterior o diluyéndose. En España hemos bajado de 800.000 a 20.000 unidades de viviendas construidas. Quizás en el sector agroalimentario de valor añadido sí que pueda haber alguna fusión pero poco más.

¿Percibe la recuperación económica de la que habla el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy?

La naturaleza tiende a regenerarse lo que pasa es que tiene que deshacerse la masa forestal para que empiece a generarse nuevo arbolado. Hacen falta tres cosas para que España vuelva a crecer con fuerza: un Estado austero, una educación eficiente de verdad, formativa y constructiva de los individuos, y despido libre en las empresas, eso sí, con un estado benefactor y filantrópico.

Pero en España hay gente bien formada, principalmente jóvenes, que tiene que emigrar a otros países en busca de trabajo.

Sí, creo que la población titulada es buena y eficiente. Me refiero más a los no universitarios. No es tanto una educación instructiva y de conocimiento sino una educación en valores. Un porcentaje muy importante de la empresa española es Pyme y no hay verdadera excelencia en el producto de, por ejemplo, la hostelería o de otras pequeñas empresas. Por eso creo que el despido libre es una buena solución. La última reforma laboral lo que te permite, sin carácter retroactivo, es llevar a cabo reestructuraciones de empleo, siempre que se justifiquen económicamente. Pero lo que es el despido individual por voluntad del empresario todavía es muy caro para todos los trabajadores anteriores a la reforma. Cuesta 45 días por año trabajado y un empresario de hostelería o un pequeño taller no pueden asumir esa indemnización en alguien que puede llevar 10 o 15 años en la empresa y se ha tornado ineficiente. No hay dinero para eso. Es muy duro y me da mucha pena pero prefiero pagar más impuestos para que el Estado ayude a la gente en paro y que las empresas sean hipereficientes.

Las Pymes achacan también buena parte de sus males a la falta del financiación.

Sí también. Pero creo que eso se irá arreglando.

¿Y en cuanto a la austeridad de las administraciones públicas se irá arreglando también?

No, imposible. Eso es una crisis educativa en valores. Esa parte son titulados pero no tienen valores, los han ido perdiendo. Creo que el político de los años 70 y 80 era más auténtico, más crítico y con las ideas más claras. No invadía territorios ajenos. No se corrompía tanto como ahora. Siempre ha habido una cierta crisis de corrupción en España pero se ha agravado muchísimo.

¿Qué valores ha perdido el político?

El primero, lo que llamamos accountability: yo respondo y por lo tanto voy a ser una persona honesta. Ahora no hay sensación de que el político sea accountable. No hay una responsabilidad política clara y cuando hay una sensación de impunidad, el político no va a reprimirse, no va a autogobernarse. Va a hacer cositas.

¿Le noto un poco pesimista?

Soy un pesimista antropológico.

¿Y un bufete como Lupicinio Abogados, especializado en operaciones corporativas, cómo ha afrontado estos últimos años de sequía en OPAs y fusiones en el orbe empresarial español?

La profesión ha sufrido mucho. Han sido años muy duros. Creo que se han reducido los ingresos de las firmas de abogados entre un 30% y un 60% en todos los despachos. Exceptuaría de esta crisis a los penalistas y laboralistas. Nosotros como todo empresario hemos tratado de diversificar, concentrándonos en fuentes de generación de menor rentabilidad pero suficientes, como ha sido el trabajo en masa para entidades financieras, con márgenes escasos pero con volumen. Así se sobrevive y creas empleo.

Luego hemos salido al exterior. Hemos abierto oficinas en Asia Central (Caspio), y en Emiratos Árabes (Dubai). Considero que tenemos una posición ya definida y perceptible por algunos actores de esos mercados.

¿Por qué en el Golfo?

Conocemos un poco la región por distintos motivos y, bueno, estamos siendo exitosos en temas que no hace casi nadie en el mundo, como son sanciones en países sancionados -perdona por la redundancia-. Es decir, la defensa de las empresas sancionadas con fondos congelados, con actividades comerciales restringidas, por ejemplo, en la Unión Europea. Nosotros lo hacemos porque tenemos profesionales del Golfo, en Irán, expertos en el asunto y que pueden soportar casos complejos.

En Cuba ya no tenemos oficina propia. Ahora tenemos una alianza con un bufete internacional. Pero con ocasión de la liberalización que parece que se cierne sobre la isla, estamos buscando la fórmula de abrir algo allí otra vez. Tuvimos una oficina durante 10 años en Cuba y nos gustaría volver. Es un país sancionado (principalmente por EEUU), que hace que la inversión extranjera requiera un asesoramiento más complejo y sofisticado y, por lo tanto, está dentro de nuestra especialización. Además hacemos planificación fiscal internacional, inversión en infraestructura y acompañamos mucho a los empresarios.

Esta crisis nos ha servido también para, definitivamente, cimentar valores de esta firma, que la marea de la burbuja a veces los hacía tambalear: es el caso de la conciliación. Este es un despacho en el que los profesionales trabajan y viven. Tienen unos horarios racionales. Aprovechando que no había tanto trabajo empezaron a salir antes y eso está muy bien.

Somos una firma de seniors y becarios. Formamos a los jóvenes, después, normalmente, se van a hacer sus juniors a firmas grandes y luego los recuperamos como seniors. No nos gusta mucho trabajar con juniors, ya que lo que hacemos es muy complicado y requiere mucho valor añadido desde el punto cero.

Después como nos sobra un poco de espacio hemos sido ‘businnes angels’ para algunos pequeños jóvenes empresarios, a quienes les hemos dejado una oficina gratis durante algún tiempo, les hemos presentado a algunas compañías y les hemos dado algunas ideas. Generalmente son empresas dedicadas a la consultoría de inversión internacional, que ayudan a las empresas a salir al exterior, principalmente a Asia, África o Golfo Pérsico. Es decir, empresarios un poco en sinergia con nosotros.

¿Y alguna apuesta nueva de Lupicinio Abogados para los próximos años?

Queremos aumentar nuestra presencia en las Pymes y ser un despacho de referencia para ellas. Los grandes despachos, sobre todo los extranjeros, están tomando el control de las grandes operaciones corporativas. Nosotros aspiramos a las medianas operaciones, de hasta 100 millones de euros, pero sin dejar ninguna fuera.

Básicamente, las pymes son dinámicas y continuistas. Tienen un dinamismo lineal. Son menos transversales que las grandes empresas. Pero espero que, desde esa alineación, las pequeñas y medianas empresas vayan creciendo en calidad, servicios y visión. Quizás tienen que internacionalizarse un poco más, pero claro de una manera muy prudente y más por el lado del comercio. No con inversión directa, imposible es muy cara. La Pyme en España tiene sentido y se renueva. No he visto ninguna nueva gran empresa con 100 millones de capital social en los últimos años pero sí muchas nuevas Pymes. El español es una raza de gente muy lista y que ha inventado muchas cosas. En ocio, servicio o tecnología se crearán cosas constantemente.

¿Considera que ha concluido ya la reestructuración en el sector de la abogacía?

Tiene que haber más. Sobran profesionales. No hay trabajo para todos. Los despachos tienen que tener los recursos justos y suficientes. Es cierto que ya han salido miles de abogados de los bufetes como consecuencia de la crisis. En el sector hay mucho trabajo precario, mucha gente en paro o emigrada a otros países y muchísimos abogados que no ejercen como tales.  Pero esto mismo pasa en casi todos los sectores. Este país da de sí lo que da.

Por otro lado, también ha habido un cambio en el sector de la abogacía. El trabajo de alto valor añadido se ha ido desplazando, progresivamente, hacia despachos multinacionales, firmas globales extranjeras. Los bufetes no se han globalizado. Son irrelevantes en la arena internacional. Han abierto muy pocas oficinas en el exterior y éstas no son realmente competitivas sino que son más de representación, lo que se llama antenas comerciales. El mercado legal lo han cubierto primero los ingleses -con éxito notabilísimo- y luego los americanos. Ellos dominan el mundo global. ¿Quiénes han asesorado la operación de compra de ONO o hecho los arbitrajes de Repsol/YPF?  Firmas extranjeras. Desgraciadamente, el despacho español va perdiendo cuota de poder en la arena internacional.

¿Por qué ocurre esto?

Primero, porque los grandes contratos se siguen sujetando al derecho inglés y segundo, porque las soluciones globales las dan los despachos ingleses, que están muy extendidos. Hay firmas con 100 oficinas repartidas por todo el mundo. No puedes competir con ellas. Pueden dar soluciones instantáneas y globales para cualquier empresa. Si  por ejemplo, una multinacional española o alemana quiere poner en valor un nuevo modelo de distribución comercial en sus filiales, estos grandes despachos anglosajones te lo pueden hacer en un sólo día. La educación jurídica inglesa, por razones que se me escapa, es muy buena. Los abogados anglosajones razonan, escriben y presentan muy bien. Pero también cobran muy caro.

El sector legal español es doméstico, local, con alguna presencia en Latinoamérica por parte de algún bufete, pero escasa, y con tendencia a la retracción y la contracción. Tiene escasísima presencia en Europa y nula presencia en Asia y África.

¿Por qué en Lupicinio Abogados no habéis apostado por Latinoamérica?

Nosotros sólo vamos a jurisdicciones donde tiene sentido nuestra presencia, donde aportamos valor. En Latinoamérica hay bufetes excelentes, no podemos aportar nada. Otra cosa sería que hiciéramos una operación de corte globalizador, absorbiéramos una gran firma en un país latinoamericano y nos pusiéramos a competir allí. Pero a nosotros poner antenas comerciales no nos interesa. No es nuestro modelo. En Cuba sí que tiene sentido nuestra presencia; en un caso como el de Ángel Carromero hemos aportado mucho. En Irak tiene sentido también nuestra presencia: no hay abogados españoles o hispanohablantes y hay quien necesita introductores, coordinadores, valedores…

¿Van a los sitios más difíciles?

Sí, donde nos ha dejado el mercado. Vamos a donde nos piden nuestros clientes y sólo nos demandan ayuda para estos países complejos: Irak, Turkmenistán, Moldavia… Y estamos encantados.

La internacionalización ha sido la asignatura eternamente pendiente de las empresas españolas. ¿Comienza ya a superarse?

Por razones de supervivencia, las empresas españolas están empezando a salir al exterior. No tienen más remedio que hacerlo. Deben de diversificar. Tienen que estar en los mercados latinoamericanos pero también en los asiáticos, en África y en Oceanía.

¿Queda un largo camino que recorrer?

Larguísimo. Faltan grandes redes de grandes agentes, magníficos distribuidores… falta mucho todavía.

¿Y la imagen de la marca España un tanto deteriorada en los años de crisis se va recuperando?

Un poco pero se tiene que recuperar más, sin fisuras de ningún tipo. Están las fisuras regionales que alteran un poco el programa de marca. Luego, las empresas españolas, en ocasiones, lesionan sus propios intereses cuando compiten sin excelencia. Los alemanes, por ejemplo, son más listos en este sentido. Cuando van a otros países a vender no suelen hacer dumping de mala calidad. Me explico: imagínate que tu tienes que vender tubos en Turkmenistán. Si va una empresa española que vende calidad, la marca España queda bien. Pero si una compañía consigue el contrato y los tubos fallan, ya no hay más contratos para empresas españolas. Es algo que se tiene que cuidar más. A veces veo mucho cortoplacismo. Hay que buscar el largoplacismo y que la marca no sufra en el medio plazo. Y para eso nuestros trenes tienen que funcionar fuera y dentro. No podemos tener accidentes en Galicia.

Cambiemos de tema y adentrémonos en el mundo del derecho. ¿Qué le parecen los cambios normativos que está promoviendo el ministro Gallardón?

El traslado de la justicia directa a capitales de provincia creo que va en la buena dirección. Hay que separar a los jueces de los justiciables a cierta distancia geográfica. Respecto a la instrucción por los fiscales y el estatuto fiscal: cuando el 70% de los fiscales está en contra es que no se va por el buen camino. La asignación a fiscales por ubicación y no por especialización no me gusta. El fiscal tiene que estar especializado, ya que el derecho es muy complicado.

Respecto a la reforma del Consejo General del Poder Judicial: no se ha hecho una regulación que guste y se adapte a las expectativas de los ciudadanos.

Luego, en el acceso a la carrera de la abogacía me parece que  hay una pequeña mejora. Pero ya veremos. Parece que el examen va a ser demasiado light y tenemos que competir con los grandes abogados ingleses.

¿Y qué me dice de la Ley de Tasas judiciales?

Es poco fina. Creo que tiene que haber un reparto equitativo de los costes pero no hay que privar a los ciudadanos del derecho constitucional de defensa. Puede tener sentido para ciertas empresas, determinados procedimientos pero, subjetivamente y objetivamente, muchos procedimientos debieran estar excluidos de tasación. Por ejemplo, todo lo que sean rentas inferiores a una cantidad determinada, lo relacionado con derechos fundamentales y con la defensa de intereses colectivos de asociaciones. Las asociaciones sin ánimo de lucro no deberían pagar tasas.

¿Y, como presidente del Club Scevola, qué le parece que la reforma del Poder Judicial prohíba a las asociaciones judiciales opinar sobre casos de interés público que estén en trámite?

Nosotros somos muy contrarios a las asociaciones de jueces, porque tal como están concebidas y armadas tienen un sustrato ideológico muy profundo que no trasmite a los ciudadanos paz y seguridad jurídica, al contrario, les crea una tremenda inseguridad. Los jueces no pueden tener opiniones colectivas. Tienen que tener una independencia radical de ideología, partidos y política. Tienen que ser absolutamente independientes.

¿Colegiación obligatoria?

Sí, obligatoria, con un colegio orientado a la defensa de los valores deontológicos, a la calidad de la abogacía y a la formación. Tenemos que tender a la colegiación única con organismos disciplinarios y de calidad muy potentes, muy lejanos de las rencillas particulares de los abogados y de carácter estatal. Además, los colegios tienen que simplificar los costes y aumentar su eficiencia.

¿Considera que el arbitraje comienza a afianzarse en España?

No despega. Es débil financieramente. No tiene una organización potente. Hay una fragmentación y atomización de entes o sedes arbitrales. Es cierto que hay algunas figuras grandes pero no suficientes. No ha habido una apuesta colectiva, unánime e integradora por el arbitraje latinoamericano. Hay dispersión y fragmentación.

A nivel local hay algunas cosas. Pero lo cierto es que el arbitraje no está reconocido todavía como una solución de conflictos. Falta una regulación que le dé mejor visibilidad. Hay cosas como los árbitros de parte o esa nebulosa de árbitros que son también abogados… El árbitro tiene que ser un ser independiente y huraño.

¿Por qué huraño?

Porque cuando hay demasiada simpatía se acaba su independencia. Los grandes árbitros que he conocido son huraños. Cuando digo huraño no es antipático. Sino relativamente egocéntrico y un poco apartado del mundo. Va a impartir justicia y tiene que parecerse en todo lo posible a un juez. El arbitraje tiene que ser una arquitectura muy coordinada con árbitros profesionales, letrados que sean letrados y reglas muy claras. Aunque en España tenemos también buenos árbitros, lo cierto es que, a nivel general, éstos no inspiran confianza en su independencia. No hay una reputación consolidada.

2 Comentarios

  1. Me encanta la libertad de expresión de ésta página. Que critique las faltas de ortografía no indica menosprecio hacia su autora. Sí en cambio que, en vez de dedicaros a corregirlas (porque son muy graves las tildes que faltan o que se diga, por ejemplo “en áreas como el derecho bancario, mercados, competencia O operaciones corporativas”) , os dediquéis a borrar mi primer comentario. Un saludo.

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