Por Marta Torres Maestre, Abogada de Legal & Media Advisers 

 

Una de las ideas básicas de la Unión Europea ha sido y sigue siendo crear un mercado único europeo en el que las personas, los bienes, los servicios y los capitales puedan circular libremente por el mercado de la Unión con la misma libertad que en el interior de su país de origen. A partir de ahora, esta premisa también ha de aplicarse a las tarjetas descodificadoras por satélite o por cable que se venden en los países miembros de la Unión Europea.

Algo que parece tan lógico y comprensible, puede trastocar seriamente los pilares del mercado de la retransmisión de los partidos de fútbol europeos. Y es que, el pasado 4 de Octubre, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó una sentencia que ordenaba la liberación del mercado de la retransmisión de los partidos de fútbol al declarar que “la prohibición de importar, vender o usar tarjetas descodificadoras extranjeras dentro de la Unión Europea es ilegal por ser contraria a la idea del mercado único de la UE”. Esto significa que cualquier usuario puede comprar un descodificador extranjero con su tarjeta correspondiente para ver los partidos de fútbol que no ofrecen los canales de televisión de su país.

La polémica surge tras el pleito iniciado por la Federación Inglesa de Fútbol (FA) y la cadena de televisión inglesa Sky Digital (BSkyB) que compró en exclusiva los derechos para retransmitir en Grecia los partidos de la liga inglesa contra la dueña de un pub de Portsmouth que utilizó una tarjeta descodificadora griega de la cadena Nova para exhibir en su local los partidos de la Premier League inglesa.

En los locales del Reino Unido, se estaba convirtiendo en una práctica cada vez más habitual la adquisición de tarjetas descodificadoras de otros países miembros de la Unión Europea, como por ejemplo de Grecia, que les permitían acceder al visionado de aquellos partidos de fútbol, nacionales o europeos, que no ofrecen los canales de su país, por un precio de venta inferior.

Los titulares de los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol, hartos de esta situación, y viéndose en la obligación de proteger el monopolio de las cadenas de televisión que les habían adquirido las licencias para la retransmisión de sus contenidos, decidieron demandar a estos particulares, que osaron no respetar las reglas del juego.

Tras muchos años de espera, nadie pudo imaginar que la propietaria de un pub pudiese obligar a cambiar el modelo actual de organización del mercado de fútbol europeo, en beneficio del consumidor final. Y todo ello, sobre la base de uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta nuestro derecho comunitario, el mercado único europeo, vigente desde hace ya casi veinte años.

Las consecuencias de esta polémica sentencia pueden ser drásticas. Por un lado, es evidente que las cadenas de televisión van a negarse a pagar las desorbitadas cantidades de dinero que se estaban pagando por retransmitir la liga nacional en un territorio determinado salvo que los propietarios de los derechos de retransmisión del fútbol les aseguren la exclusividad. Por otro lado, los equipos de fútbol pueden ver seriamente mermados los ingresos que obtienen de la venta de estos derechos y por consiguiente, van a contar con menos dinero en sus arcas para poder comprar a jugadores galácticos.

Los grandes beneficiarios van a ser los usuarios, que van a ver como, al igual que en el mercado de la telefonía o de las compañías aéreas, la tarifa para la adquisición de los partidos de fútbol, nacionales y europeos, van a disminuir drásticamente.

Sin embargo, no debemos cantar victoria aún. Y es que, sin duda alguna, los grandes beneficiarios del mercado del fútbol europeo, esto es las ligas nacionales y la UEFA, no van a dejarse amedrentar tan fácilmente y aprovecharán el pequeño resquicio abierto por la sentencia del Tribunal de la Unión Europea que, si bien permite la transmisión en directo de partidos en directo a través de servicios de televisión extranjeros, impide que dicha transmisión incluya obras audiovisuales protegidas por el derecho de autor.

Es evidente que un partido de fútbol no es en modo alguno una obra audiovisual que deba ser protegida por la Ley de Propiedad Intelectual por no existir creación alguna. Sin embargo, sí se incluye dentro del concepto de obra audiovisual los himnos, los logos y los resúmenes de los mejores momentos de las ligas, por lo que bastaría con mostrar de forma constante y periódica alguna de estas obras protegidas para evitar la retransmisión de los partidos de fútbol sin la autorización de los correspondientes titulares del derecho de autor. Aunque muchos creen que con esta medida se daría cumplimiento a lo dispuesto por los jueces comunitarios, lo cierto es que se seguiría manteniendo el monopolio de unos pocos en detrimento de la gran mayoría de seguidores del fútbol europeo.

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