Por Jesus Diaz-Mauriño, socio del Departamento de Protección de datos de Eversheds Lupicinio.

El parlamento europeo ha decidido poner a la venta seis escáneres corporales adquiridos en 2005 a precio de saldo. La razón argumentada es la obsolescencia de los mismos. Dichas unidades se encontraban en los sótanos e iban destinados para el control de acceso de la sede parlamentaria europea.

La noticia nos sirve de reflexión en la polémica suscitada por la introducción de estos aparatos en los aeropuertos, medida pendiente del informe que en el seno de la Unión Europea se está llevando a cabo para evaluar el impacto que tiene en la privacidad de los pasajeros.

El dilema “seguridad versus privacidad” no es fácilmente resoluble, especialmente cuando se entremezclan aspectos emocionales. Las garantías exigibles relativas a la visualización de las imágenes obtenidas –quién y cómo– impidiendo que otros pasajeros o personal puedan visualizarlas, así como las relativas a la no conservación de las imágenes que impidan un tratamiento ulterior (como por ejemplo la creación de perfiles ó “huella escaneada” que posibilite el seguimiento de determinados individuos) servirían de apoyo para conseguir el equilibrio deseado y amortiguar los efectos sobre la intimidad, privacidad y el derecho a la protección de nuestros datos personales.

Respetando la libertad del pasajero, de pasar o no por el escáner, la alternativa –el cacheo físico– es, a mi entender, más intrusivo de la intimidad.

Posiblemente, cuando el informe de la UE vea la luz, la tecnología haya evolucionado y dejado obsoletos a los actuales escáneres, y veamos sistemas inteligentes para el análisis de las imágenes que no necesiten de la presencia del funcionario o agente de turno. ¿Será la solución, o el comienzo de otro problema?

La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, dejando atrás costumbres, ideas, enseñanzas y, desde luego normas. Por otro lado, existe una creciente demanda de seguridad a costa de la pérdida de las libertades y derechos individuales, y la ausencia y/o retraso de una regulación que equilibre ambos vectores puede conducirnos a una inseguridad jurídica.

Parece que George Orwell tenía razón, y eso asusta más los escáneres.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.