Mariola Quesada, especialista en coaching

Si no hubiera sido por el estallido de la burbuja inmobiliaria hace siete años, Mariola Quesada, entonces especialista en derecho inmobiliario y urbanismo, quizás no hubiera conocido el coaching. Acuciada por la necesidad de reorientar su carrera, decidió probar esta metodología que prometía un mayor desarrollo profesional y personal. Se formó en el IDDI de la Universidad Francisco de Victoria y su vida cambió. Mariola Quesada se ha convertido en una de las pocas especialistas en coaching enfocado al sector legal que hay en España y es coach ejecutivo por el IE Business School y coach de equipos por el Instituto de Desarrollo Directivo Integral (IDDI).  Ahora está a punto de impartir un curso de Coaching en el Colegio de Abogados de Madrid en el que tratará de proyectar a sus compañeros de profesión las habilidades del coaching y su aplicación para hacer más fácil el día a día en su profesión. Su labor como coach la compagina con la de abogado de familia, donde utiliza sus habilidades para buscar que las parejas lleguen al mutuo acuerdo. “Hay un antes y un después desde que soy coach”, afirma.

¿Qué es coaching?

Coaching es una metodología de desarrollo personal y profesional enfocada a conseguir sacar el potencial que cada persona lleva de serie pero que por, múltiples razones, algunos no desarrollan o exteriorizan a lo largo de su vida. Es hacer visible lo invisible que hay dentro de nosotros.

Desde el coaching, acompañamos de forma muy efectiva a nuestros clientes a ser la “mejor versión de sí mismos” generando cambios en ellos y ayudándoles a salir de su zona de confort para conseguir un cambio transformador que les haga vivir su vida, tanto profesional como personalmente, de forma más alineada con sus valores y principios.

¿Cómo te iniciaste en la técnica del coaching?

Llevo 22 años trabajando como abogado y siempre me han gustado las personas. Desde el principio reconocía tener habilidades innatas para acercarme a las personas y conectar con ellas (de hecho de niña, en el colegio me llamaban “la escuchadora”), pero solo las aplicaba a mis relaciones personales. En algunos casos las reprimía profesionalmente por considerar que no me ayudaban demasiado al hacerme parecer sensible, vulnerable o “blanda”. Esas habilidades eran para mí un lastre profesionalmente hablando, que no veía como un potencial para aplicar en mi profesión como abogado y en mi comunicación con clientes y con el resto de profesionales. Pero llegó la crisis. Tras 12 años de experiencia en derecho inmobiliario y urbanismo trabajando en un grupo promotor me encontré con la dura realidad de que tenía que hacer un viraje y empezar por otro lado. Tuve que reorientar mi carrera y mi vida para adaptarme al gran cambio al que me enfrentaba. Fue duro porque tuve que cambiar paradigmas, modelos mentales, dedicarme a varias áreas del derecho hasta que encontré la que definitivamente me había marcado siempre y que nunca abandone mientras me dedicaba al derecho inmobiliario, el derecho matrimonial. Una buena amiga y profesional coach me hizo un proceso de coaching para acompañarme en ese cambio profesional y más tarde decidí formarme como coach,

Me forme en coaching dialógico con enfoque humanista en el IDDI de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid y di un giro de 360º a mi forma de ver y llevar la profesión, con unos resultados muy positivos tanto para mis clientes como para mí, profesionalmente hablando. Una vez que vi el potencial que tiene el coaching para generar cambios en las personas y en las organizaciones, para ayudarte a ver desde otra lente tus propias luces y sombras, es decir para autoconocimiento, pensé que tenía que compartir con mis compañeros de profesión esta experiencia aportándoles todo lo aprendido. Además, pude validar esta experiencia y reflexión con otros compañeros de profesión que igualmente se formaron en Coaching.

Me pareció muy práctico, rápido y eficaz ya que iba “al grano”  y no me hacía perder tiempo sino ganarlo. Me fascina el potencial del coaching para generar cambios a nivel  profesional  y personal y por ello me forme haciendo mi especialización como coach ejecutivo en el IE para enfocarme al coaching para profesionales, especialmente del sector legal.

Mi experiencia está siendo apasionante,  pues me aporta y me enriquece día a día, comprobar como mis clientes (abogados, procuradores, jueces) crecen en su autoconocimiento para sacar todo su potencial que, por la profesión que desempeñamos, algunas veces está oculto y no nos permite actuar alineados con nuestra propia esencia ni valores personales.

¿Qué aporta al profesional del sector legal el coaching?

Le dota un mayor valor como profesional. Te enseña a aplicar técnicas como la empatía, habilidad  que deberíamos desarrollar todos, por sus efectos positivos. El coaching te ayuda a saber manejar esa empatía y a gestionar también cómo te relacionas con los clientes, los compañeros o el resto de profesionales de nuestro sector. En el día a día de la profesión generalmente lo que hacemos es hablar, no comunicar eficazmente ni escuchar de forma activa. Sin embargo, con las técnicas de coaching se aprende a desarrollar las habilidades que tenemos todos dentro pero que no utilizamos  porque estamos totalmente saturados por el trabajo y la presión. A veces,  no nos paramos  a pensar cómo tenemos que decir las cosas para obtener el resultado que queremos, porque nuestro día a día es frenético.

El coaching es como un paso más allá del desarrollo profesional en el que aplicas una serie de técnicas que te sirven para comunicar, para la gestión del tiempo, para gobernar esa agenda brutal con la que solemos cargar, gestionar el impacto de la adversidad como la crisis que estamos viviendo. Aprendes que hay que hacer una gestión del estrés y para ello utilizamos técnicas muy efectivas, que aplico como abogado en mis actuaciones en Sala.

¿El coach es un poco psicólogo?

El coach no da consejos, sino que ayuda a la persona y a los equipos en las organizaciones a descubrir sus recursos para lograr un reto u objetivo. Cuando se trata de la toma de desarrollo profesional, toma de decisiones o ciertos bloqueos racionales o emocionales, la figura del coach es muy apropiada. Somos expertos certificados y cualificados con las competencias y herramientas necesarias para acompañar y ayudar a nuestros clientes.

Por lo tanto, cuando se trata de una patología, la opción no es el coaching, lo mejor es acudir a un profesional de la salud mental.

Yo era muy escéptica con respecto a cualquier metodología de desarrollo profesional y personal pues pensaba que no eran efectivas y, sobre todo, porque creía que todas entraban en la parte psicológica y en profundizar en el pasado para encontrar explicación a lo que somos en el presente. De hecho la terapia y el coaching son antagónicos. Nada que ver con el coaching al que no le importa el pasado pues solo trabaja el presente para conseguir resultados en el futuro. 

¿Personalmente, qué crees que estás consiguiendo al trasladar tus conocimientos de coaching a otros colegas de profesión?

Procuradores, abogados, jueces, secretarios judiciales y en definitiva todos los agentes intervinientes en este apasionante y desbordante mundo judicial.  Nos vemos necesitados de “parar” alguna vez, mirarnos y cuestionarnos si lo que estamos haciendo y de la forma que lo hacemos, es la que queremos o la que nos marca la profesión y los estereotipos que parece que nunca podrán desaparecer. Nos tildan de estirados, soberbios, insensibles o sobrados pero en el fondo o en la esencia de cada uno de nosotros, lo que hay son personas con sentimientos, emociones, inquietudes, deseosas de estar con sus familias, tener tiempo para ellas mismas, gestionar mejor su tiempo solos o en compañía, y en definitiva, vivir más conectados con nuestra esencia que con la del mundo que nos rodea.

Al ser abogado conozco las preocupaciones que, día a día, nos ocupan la mente y que en muchas ocasiones nos bloquean y nos hacen sentir mal en nuestra profesión. Mi aportación al sector legal viene avalada por el éxito de los casos en los que he ayudado a mis clientes a implementar y aplicar las habilidades y herramientas del coaching en su tarea diaria, generando un cambio en el profesional.

Trabajo con los compañeros, para que consigan un objetivo, un reto profesional. Por ejemplo, reorientar  su carrera. En esta época de crisis, cuántos compañeros se han visto abocados a dejar la profesión y dedicarse a otras cosas o a reorientar sus carreras. ¿Qué tiene de bonito, qué es lo que me encanta? El coach no te dice cómo tienes que hacer las cosas, sino que acompaña al cliente a que descubra su objetivo, cómo quiere conseguirlo, qué pasos tiene que dar, qué tiene que dejar atrás, qué tiene que hacer que no ha hecho antes para intentar conseguir ese objetivo. Hay que intentar ayudarle a cambiar la lente con la que ve las cosas. Muchas veces estamos anclados en creencias limitantes de “yo no puedo”, “no voy a llegar”, “con mi edad ya no valgo”… ¡Pero si se vale! Es cuestión de que uno quiera hacerlo y desde el coaching conseguimos ayudar a que salga el potencial que tenemos todos. Hacer que sea visible lo invisible. Sacar poquito a poco, a través de conversaciones con la escucha muy profunda, con preguntas abiertas y preguntas poderosas, que hacen que el cliente dé una respuesta como: “Nunca me había planteado dar esta respuesta y ahora que me escucho, lo veo de otra forma”.

También trabajo con equipos y  grupos dentro de las empresas para conseguir que estos sean de “alto rendimiento” en el que ese equipo sea más que la suma de sus miembros, para ello,  aprenden a interrelacionarse entre sí, a entenderse, comprenderse y a trabajar todos hacía un mismo objetivo.

Se dice que los españoles somos malos en el trabajo en equipo.

Pues no nos va a quedar otra que aprender a trabajar en equipo. Es ahí hacia donde tendemos. Los grandes despachos trabajan así. El individualismo a la hora de trabajar está desfasado. En este país nos queda mucho trabajo que por hacer,  aunque es cierto que se está haciendo mucho. La idea del abogado en su despacho, encerrado y no compartiendo con los demás, está desfasada. Se tiende ya más a colaborar con los compañeros y a trabajar en equipos multidisciplinares.

¿Cuál es el porcentaje de éxito del coaching?

La verdad es que no lo hemos medido pero es un porcentaje,  muy alto. El 85% o 90% de mis clientes cambia y entra en un proceso de trasformación.

¿Está abierto el sector de la abogacía al coaching?

No, ese es justamente mi reto profesional,  que conociendo lo cerrados que somos en general  los profesionales del sector legal a este tipo de cosas, nos vayamos abriendo, poco a poco a desarrollar nuestro potencial profesional y personalmente hablando. Soy la primera que cuando empecé a informarme sobre el coaching dije: ¿pero esto qué es? Pensaba: “No creo en estos cursos, yo sola me arreglo mis cosas”.  Sin embargo, luego te das cuenta de que no es así, que es muy distinto. Estamos encorsetados por una profesión y, además, parece que queremos seguir ahí en esa zona de confort. Es el momento de que aprovechemos la situación que estamos viviendo para dar un nuevo giro y para, de alguna manera, “humanizar” esta profesión, darla otro enfoque en el que empecemos a ofrecernos y se nos vea con otra imagen.

¿Qué tipo de cliente sueles tener?

Abogados de medianos despachos, principalmente.

¿Qué problemas se repiten?

Entre los temas y objetivos a trabajar que encuentro suele haber una mala gestión del tiempo, también la gestión de la adversidad,  me tropiezo con la problemática de la gestión de nuestra  vulnerabilidad. Hay que aprender a encajar los fracasos o problemas que te da la vida. Estamos acostumbrados a ganar o a tener éxito. Ahora las cosas no son iguales, la competencia es feroz y cada uno está intentando salir adelante como puede, por lo que hay que gestionar nuestra respuesta ante la adversidad.  Aquí encontramos mucho trabajo en hacer.

Además trabajamos  en comunicación para mejorar la que día a día tenemos que mantener con compañeros, clientes, jueces…

En cuanto a la gestión del tiempo y de nuestra agenda hay mucho que hacer. Para una reunión, por ejemplo, hay que hacer una lista de lo que queremos hablar, de lo que queremos conseguir, de a qué hora tenemos que acabar y, además, hay que cumplirla. Llegar a la hora, marcharse a la hora, hablar de lo que se tiene que hablar y no de fútbol o hijos…

¿Cómo llegan los clientes. Funciona aquí también el boca a boca?

Sí, los clientes que han quedado satisfechos con el proceso te recomiendan. Como al final todo el mundo habla, alguien dice: “pues yo ya gestiono fenomenal mi agenda. He estado trabajando la gestión del tiempo con un coach” y dan tu nombre. Además tengo mi página web.

¿Los despachos están dispuestos a gastar en coaching en estos tiempos de crisis?

Un proceso de coaching consta de un número de sesiones que suelen ser de un mínimo seis, de aproximadamente una hora y media y que se desarrollan cada dos semanas. El precio es asequible y el retorno de la inversión suele ser rápido porque el proceso no solo aporta autoconocimiento personal y profesional sino que su eficacia se hace patente en poco tiempo.

Y la competencia. ¿Hay muchos profesionales de coaching especializados en el sector legal?

Somos muy pocos. No hay mucha competencia.

¿Algún caso que te haya dejado huella?

Un compañero que estaba a punto de cerrar su despacho porque se dedicaba al sector inmobiliario y con la crisis se había desplomado el negocio. Llevaba años en ese sector, no conocía otra cosa más que lo que hacía. Estaba hundido, no sabía por dónde salir. Me decía “Soy abogado, sólo se hacer esto y a mi edad con 47 años, no creo que pueda hacer otra cosa”. Estaba en un bucle muy complicado del que no sabía salir, entre otras cosas, porque estaba instalado en esa creencia del ‘yo no puedo por mi edad y mi profesión’. Empezamos a trabajar y descubrimos que, en el fondo, él quería iniciar otra andadura profesional que le fascinaba y que nunca se le había ocurrido tocar porque le parecía políticamente incorrecta para ser un abogado. Tenía una idea de montar un negocio relacionado con la náutica muy original. Emprendió y ahora es feliz. En ocasiones me llama y me dice: “Cómo pude estar tantos años pensando que yo no podía hacer otra cosa”.

¿Qué ventajas tiene el coaching aplicado a tu otra área profesional: el derecho matrimonial?

Es muy potente. Primero cuando hablas con tu cliente mi prioridad es intentar escucharle de forma activa  y ver si hay alguna posibilidad de que su problemática se pueda resolver de mutuo acuerdo. Ese trabajo para mi es fundamental,  pero muy complicado. Llegar a que una pareja alcance un acuerdo no es tarea fácil. Ambos dos tienen que estar convencidos de lo que están acordando y de esa manera se comprometerán a cumplirlo. Es un trabajo en el que ya tienes que entrar en el ámbito más de la persona, de las emociones y hay que saber gestionar esa emoción. Para mí ha habido un antes y un después desde que soy coach. Ya los asuntos los llevo de otra manera y el ‘feedback’ del cliente es distinto. Noto que hay más complicidad, más compromiso por parte del cliente y eso me parece fundamental.

Desde el momento en que tomé conciencia de mis habilidades de escucha, empatía,   asertividad y comencé a verlas desde otra perspectiva, es decir, como una fortaleza más que como una debilidad, empecé a trabajar para aplicarlas a mi profesión de una manera distinta y esto lo hice a través del coaching.

¿Buscas ahora más la conciliación?

Sí. Para mí lo más fácil sería escuchar el problema del cliente, pedirle datos, documentación y hacer una demanda. Pero prefiero buscar la conciliación y creo que si se hace un buen trabajo de inicio, lo que vamos a conseguir es evitar problemas al cliente en el futuro.

Actualmente, tengo enfocada mi carrera hacia el derecho de familia porque es el área en la que más puedo desarrollar mi potencial de orientación a la persona y a la vez  una función pedagógica tendente a fomentar el dialogo entre las parejas para que su relación de futuro después de una crisis matrimonial, en caso de tener hijos comunes, se vea con perspectiva y en ella se introduzcan elementos como la forma de escuchar y de manifestar las opiniones para así conseguir evitar conflictos futuros y, por tanto, ser un poco más felices. Tras muchas horas de vuelo, estoy convencida de ello.

¿Sueles conseguir que haya acuerdo entre las parejas?

Sí. La verdad es que ahora mismo en un 80% de los asuntos consigo la conciliación. Lo cierto es que cuando tienes un abogado representando al contrario de tu cliente y ambos dos estamos llevando una negociación para que lleguen al mutuo acuerdo, todo es mucho más fácil. Es fundamental que el abogado tenga esa sensibilidad o predisposición a que los clientes lleguen a ese acuerdo y por eso hay que tener una serie de habilidades.

¿Las habilidades que potencia el coaching, se nace con ellas o se hacen?

Todos nacemos con ellas, todos. Cada cual tiene sus preferencias y cada cual las desarrolla de una forma diferente por cuestiones de educación, cuestiones religiosas, circunstancias de la vida. Todos tenemos habilidades suficientes como para poder ser la mejor versión de nosotros mismos. Algunos las trabajan y otros no quieren conocerse. Se dicen: “Yo soy así y no voy a cambiar”.

Como propulsora de la conciliación y la mediación: ¿Qué opinión te merece la nueva normativa de mediación?

Realmente creo que hacía falta una regulación como la que tenemos ahora mismo. Es cierto que en España a la mediación le queda un camino muy importante que recorrer. Si miramos a otros países, estamos en pañales. Es necesario que haya una formación específica. No vale cualquier cosa. Tenemos entre manos temas muy complejos de clientes y hay que estar muy formados.

¿Qué te parece que los notarios puedan casar y acordar algunos divorcios?

No estoy de acuerdo. Si la normativa se hace para descongestionar los juzgados no veo que vaya a resolver nada.

¿Qué opinión te merece el Anteproyecto de ley que elimina la excepcionalidad de la custodia compartida?

Muy positivo. Estamos tendiendo a un cambio de paradigma. Hace años, la custodia compartida era absolutamente impensable. Incluso los abogados la veíamos tremendamente horrible. Este cambio atiende a una realidad social  que habita entre nosotros. Antes era difícil encontrar a un padre que tuviera la custodia compartida con su ex esposa y ahora cada vez hay más padres que quieren abordar esa responsabilidad porque pueden y quieren hacerlo.

 

 

7 Comentarios

  1. Mi enhorabuena a Mariola Quesada; su proyecto de introducir el coaching en el sector legal constituye un soplo de aire fresco para un sector, como el de los profesionales del mundo del Derecho, bastante reacio a las innovaciones y con evidente resistencia a los cambios en los métodos, hábitos y estilos de trabajo. Ya era hora de que alguien tratara de renovar el mundo de la abogacía enseñando nuevos modos de gestión del tiempo, técnicas de empatía y autoconocimiento, afrontamiento de los sprobelmas, técnicas de funcionamiento de equipos de trabajo y la influencia de las relaciones personales en el ámbito laboral.Tenemos tanto que aprender de los snorteamericanos en ese campo…

  2. Enhorabuena, Mariola. Soy abogada, mediadora y coach. He comenzado un nuevo camino ejerciendo mi profesión de abogada que compatibilizo con la mediación y el coaching; y efectivamente, gracias al coaching he descubierto muchas posibilidades y todas ellas con gran valor para vivir feliz y entusiasmada. Ahora mi trabajo tiene mucho sentido y también ayudo a compañeros de profesión y del mundo legal en general para desarrollar todo su potencial como personas y como grandes profesionales del Derecho.
    http://www.coachingazul.com

  3. Yo he sido una de las “agraciadas” con las técnicas de Mariola Quesada, y como abogado en ejercicio puedo asegurar que sus métodos de gestión de tiempo y organización de la agenda son muy eficaces, y suponen una auténtica ayuda para la planificación de nuestro día a día, priorizando lo urgente e importante, llegando al fin de semana con los objetivos logrados.

    Enhorabuena, fantástica entrevista!!

  4. Felicidades Mariola. Gracias por aportar algo novedoso al sector legal, que considero que nos servirá de gran ayuda y superación. Una pena haberme quedado en la lista de espera, del curso que impartirás en el colegio de abogados, espero que haya otra oportunidad y esto siga creciendo.
    Por otra parte, en cuanto a los comentarios sobre un giro de 360º, en mi humilde opinión, ha podido ser o bien fallo de la edición de la entrevista, ya que se podía apreciar alguna errata, o bien simplemente por los nervios ante una primera entrevista.
    Enhorabuena!

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