Esther Pérez García
Esther Pérez García

Hasta el 11 de septiembre Nueva York se ha convertido en el punto de mira de muchos medios de comunicación y, por supuesto, en el objeto de flashes. A partir de esa fecha y hasta el 16 de septiembre le tocará el turno a la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Es en este momento cuando sin pensarlo se pueden entrelazar los derechos de propiedad industrial e intelectual de diseñadores y los derechos de autor de los fotógrafos.

Los fotógrafos tienen que hacer frente a determinados riesgos cuando se sumergen a fotografiar a numerosos top models pero también a cualquier persona que puedan encontrarse en un desfile de alta costura o en la pasarela de la calle, en algunos casos puede que nos encontremos ante una nueva creación artística y, en otros, ante una infracción de derechos de propiedad intelectual e industrial de terceros o simplemente ante meras fotografías.

De este modo, si un fotógrafo incluye en sus fotografías de moda, prendas de vestir, joyas, esculturas o cualquier obra arquitectónica puede estar incurriendo en la reproducción de una obra protegida cuya titularidad le corresponde a su autor. Así, puede entenderse que fotografiar una obra protegida por un derecho de autor es ejercer el derecho de reproducción de la misma. Esta acción puede conllevar, en algunos casos, que los fotógrafos cometan una infracción contra el derecho de autor que conllevará compensar la pérdida económica y pagar los daños causados a su titular e incluso cesar en la comunicación pública de la obra. Acciones similares pueden ejercerse en el caso de infracción del derecho de marca o cualquier derecho de propiedad industrial bajo los que puede protegerse un nuevo diseño industrial.

Esta situación se acrecienta si tenemos en cuenta las variadas vías de difusión que encontramos en internet, ya sea, a través de blogs de moda u opinión, tweets o comentarios en las diferentes redes sociales. Es muy fácil imaginar que tras varios “retweets” y múltiples “shares” a través de las notorias plataformas de social media, en varios días una fotografía puede alcanzar una máxima difusión. Por lo que, no sólo debes plantearte si dicha publicación puede afectar a terceros sino también si puedes estar ante una nueva creación susceptible de protección.

Por un lado, si las fotografías incluyen derechos de terceros se necesita el permiso y en la mayoría de las ocasiones el pago de un canon al legitimo titular. Estos requisitos son conocidos por todos, pero la vulneración de este tipo de propiedad es común y en muchas ocasiones está rodeada de cierto halo de impunidad.

En el caso de la semana de la moda de Nueva York o de Madrid, la utilización de imágenes que recogen diseños o marcas protegidas por derechos de propiedad industrial o de creaciones artísticas protegidas por derechos de propiedad intelectual está permitida legalmente siempre que su captación y posterior difusión pública encuentre su base en la comunicación de una información de actualidad. El límite lo marca la finalidad informativa.

Por otro lado, debemos diferenciar cuando estamos ante obras fotográficas o meras fotografías ya que el alcance de los derechos de autor varía no sólo desde un punto de vista temporal sino también desde un punto de vista material.

Las meras fotografías gozan del derecho exclusivo a autorizar su reproducción, distribución y comunicación pública durante veinticinco años. Las obras fotográficas gozan de una amplia protección, durante setenta años, al ser consideradas “creaciones originales” que provocan el surgimiento de la protección de los derechos morales y económicos de su autor. Entre los primeros se encuentra el derecho a la divulgación, el reconocimiento a la paternidad de la obra, el derecho a la integridad de la misma y otros de menor transcendencia y; entre los segundos, el derecho a la reproducción, distribución, comunicación pública y transformación sobre la obra.

La diferencia entre uno y otro supuesto se encuentra en la capacidad del autor de probar la originalidad y la altura creativa de la fotografía. Así, en muchas resoluciones de nuestros tribunales se indica que “la concurrencia de estos requisitos depende de que el autor incorpore o no a la obra el producto de su inteligencia, un hacer de carácter personalísimo que trasciende de la mera reproducción de la imagen de que se trate”. La exigencia de ese nivel es lo que determina su protección, por transmitir al espectador emociones o ideas que no aflorarían ante la mera captación de la realidad.

En consecuencia y con independencia de la protección que la legislación en materia de propiedad industrial e intelectual nos brinda y su posterior reconocimiento por los tribunales, lo que está claro es que la fotografía permite a cada persona capturar su propia perspectiva de la realidad con una cámara y compartirla con el público en general. Es en ese momento, donde “no tomas una fotografía, la haces (Ansel Easton Adams)”.


 

Esther Pérez García

Abogada Ceca Magán Abogados

1 Comentario

  1. El mundo jurídico además de fascinante puede resultar tortuoso, cuando premeditadamente se aprecian hechos jurídicos dónde nunca los ha habido ni deben haber. Los derechos de unos y otros, incluidos los asistentes, deben ceder ante el caràcter público del evento; naturaleza pública de la cual debemos empezar a traer derechos más que deberes para los asistentes, especialmente si están debidamente acreditados. Un fotografo acreditado ante un evento público, incluso si es privado y abierto, no debe tener más responsabilidad que la que pudiere derivar de incumplir con la diligencia que le es debida en el ejercicio de su actividad, respetando los derechos básicos (intimiad, honor, etc) de los otros participantes o asistentes.

    También me indigna ver como cadenas de televisión impiden a otras facilitar imàgenes de sus programas ya televisados, ya publicitados, es decir que ya forman parte de la colectividad que los ha podido gravar y disfrutar en cuantas oportunidades haya querido hacerlo. La UE ya ha trabajado éstos temas y siempre se ha postulado a que dentro de un orden y un tiempo màximo de reproducción lo público pueda ser difundido por los diferentes medios de ciomunicación sin que presuntos derechos patrimoniales incidan sobre la noticia que bien puede ser de la prensa del corazón.

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