Por Fernando Vizcaíno de Sas.Socio Director Departamento de Laboral Jiménez de Parga Abogados

Papá Noel es un señor que me cae (y está) gordo. Yo siempre he sido de los Reyes Magos; de celebrar la Epifanía del Señor. Preparar la carta que es una lista de ilusiones, siempre emborronada porque vas tachando y poniendo aquello que deseas fervientemente te dejen Sus Majestades al lado de un zapato. Carta que quieres entregar en persona a los Pajes Reales por mucho que Correos te asegure que hay un servicio especial para hacerle llegar las comunicaciones a Oriente. Ni SMS, ni Whatsapp, ni nada. Tú quieres ver la cara del paje (lo de las rodillas, el beso y los deseos “in situ”, es también un invento norteamericano).

Sus Majestades los Reyes Magos dícese que eran hombres poderosos y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo, hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento de hombre y de la naturaleza, esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios y lo divino. ¡Menuda Comisión para encomendarle tus más profundos deseos!

Pues resulta que nuestro futuro Presidente del Gobierno, el Sr. Rajoy Brey, es igual que yo. Cree en los Reyes Magos y a modo.

Por eso les ha escrito una carta. Una misiva en la que les pide flexibilidad laboral, movilidad y no automaticidad en los convenios colectivos, contrataciones más flexibles, Diálogo Social y acuerdos que ayuden a este país roto, a salir de la crisis. Les pide una Reforma Laboral “Marca ACME”, aunque como estamos en época de recesión, le sirve una de segunda mano que retoque la que su antecesor en el cargo publicó.

Y, escrita la carta, se sienta con los Reyes directamente (él puede, claro) y le dice a Méndez, Toxo y Rosell sus deseos. La verdad es que no suena como petición de ilusión, sino como imposición de realidad. Les da de plazo hasta su día, el seis de enero, para que su encargo se cumpla, se entregue. O, sino, se pasará a la Sra. Merkel y a Papá Nöel….

Contado así parece un Cuento de Navidad de Dickens pero yo creo que es más Pesadilla de Navidad de Tim Burton.

Esta España se nos desangra en desempleados y nos hemos limitado a poner cara de pena y darles dinero para que se mantengan durante más meses en el subsidio. Teníamos una Fondo de la Seguridad Social solvente y con unas provisiones matemáticas inmaculadas y nos lo hemos comido en cuatro años. No sabemos qué hacer con la inmigración, con la jubilación o con la sanidad y lo único que se legisla es incompleto, inacabado y, a la postre, inútil.

Los convenios colectivos fomentan lo automático. Se nos prometió cambiar la ultractividad y mejorar la movilidad (flexibilidad) de las normas convencionales y nada. Se nos llenó la boca con la palabra “flexiseguridad” (traída de las tierras de Papá Noel, por cierto), que casi nadie entendía ni sabía que era inaplicable a España, y lo único que nos ha dejado es un enredo de Fondo a la austriaca que ha empeñado dineros del FOGASA, consiguiendo que otro Organismo saneado pase a estar con estrecheces.

No hemos hecho nada, señores.

Y, por lo tanto, nos falta todo. Es preciso aprenderse que lo único importante es el fomento del empleo y la reactivación de las contrataciones. No hay “Estado del Bienestar” sin trabajo y no hay población feliz simplemente subsidiada. A la gente no les gusta vivir del Estado por mucho tiempo, lo que quieren es tener trabajo y ganarse la vida para mantener a sus familias. A los empresarios no les gusta despedir, no quieren perder la formación dada a sus empleados y buenos trabajadores. Y, ni unos ni otros, entienden de leyes complejas, de convenios colectivos enrevesados, de complicaciones en el camino.

Por eso proclamo que habría que suspender la eficacia del Estatuto de los Trabajadores y de la totalidad de los convenios colectivos de España durante seis meses para, desde un cero normativo, regular las relaciones laborales acordes a las circunstancias que nos tocan vivir. Reducir el subsidio de desempleo a no más de un año (probablemente en dos tramos de seis y seis meses).

Actualizar la deuda de organismo públicos a las empresas de servicios con carácter inmediato y abrir una línea de financiación nacional por la implantación de empresas y la contratación de desempleados. Volveríamos al contrato temporal puro, de duración de hasta tres años con tramos prorrogables y debería crearse un contrato especial de lanzamiento de nueva actividad/reactivación de sectores en crisis.

No abarataría el despido, lo que haría, es catalogar supuestos en los que no existiera posibilidad de revisión a las decisiones adoptadas entre el empresario y sus Representantes Sindicales o entre empresas y Organismos de arbitraje y mediación; esos no se podrían impugnar ante juzgados de los social ni dejarse al arbitrio de un sistema judicial lento y más arbitrario de lo que la situación tolera.

Hay que seguir retrasando la edad de jubilación y los requisitos de acceso a la prestación, pero hay que recuperar la cotización antes que nada, por eso habría que dotar al Sistema de beneficios por la creación de empleo y hacer más asequible a los empresarios un muy elevado coste de la cotización. Reduciría las subvenciones a Sindicatos y Patronal, entidades que deben nutrirse de las cuotas de sus afiliados principalmente y más si cuando se les pide el esfuerzo de negociar y cerrar en Paz Social medidas drásticas y necesarias por el momento en que vivimos, dan la espalda o amenazan con el ejercicio de legales (que no legítimas) protestas

Espero haberme portado bien porque esa es mi carta a los Reyes Magos.

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