Alfonso Caldevilla tiene la difícil tarea de redirigir el timón de Dutilh Abogados. Tras la escisión con el despacho catalán Vialegis, el recién nombrado socio director de esta firma madrileña está centrado ahora en su vocación internacional. El próximo proyecto de este veterano laboralista al que no le arredra la crisis, es tender puentes con Latinoamérica, con Polonia y los países escandinavos, mercados “con mucho potencial”.

Le han nombrado socio director en un momento económico difícil. ¿Cómo afronta este año frente al despacho?
A nosotros la crisis no nos ha afectado especialmente, no hemos tenido caída de actividad y no estamos perdiendo clientes. Lo que sí nos afecta es que los clientes tardan más en pagar. Algunos son de una solvencia tan importante que pagan inmediatamente, pero hay otras empresas que sí que se retrasan. Impagos no hay, pero retrasos sí y nos complican un poco el trabajo.

¿Cómo han cerrado el año 2012?
No lo hemos cerrado todavía por la escisión con el despacho catalán Vialegis, pero más o menos terminamos el año como 2011, en positivo. En laboral, de hecho, hemos facturado mucho más. Se superó el presupuesto. En el resto de áreas se hicieron presupuestos muy ajustados y se han cumplido. Además, no nos hemos visto obligados a reducir el número de abogados. Hemos mantenido el mismo equipo.

¿Qué planes tiene Dutilh Abogados para el presente ejercicio?
Tenemos que salir de la resaca de la división que hemos tenido, empezar con un nuevo espíritu y recuperar nuestras ideas: la de la expansión y el abrir mercados en el exterior muy focalizados a Sudamérica. Este era un proyecto que teníamos en mente y que durante la fusión no lo pudimos desarrollar.

¿Qué mercados creen que tienen potencial?
Estamos estudiando el mercado polaco porque hay muchas posibilidades de actividad económica, grandes proyectos, sobre todo, en construcción y en obra pública. Tenemos buenos contactos que pueden ayudar a la empresa española a trabajar allí. En los países escandinavos nos pasa lo mismo, tenemos muy buena clientela escandinava y hay muchas posibilidades para las empresas españolas. Me refiero a las empresas medianas que con el apoyo de la Administración española tienen muchas posibilidades de trabajar fuera.

¿Y el mercado latinoamericano?
Hemos visitado Colombia, Brasil y Chile, y hemos estado haciendo contactos allí, estudiando las posibilidades de asociarnos con firmas de aquellos países. Es evidente que tenemos una voluntad de desarrollo y que la queremos llevar hacia delante porque en la época de fusión no lo hicimos porque estábamos pensando más en la integración.

¿Y la expansión en España?
No, ahora pensamos más en mercados exteriores. Nosotros trabajamos en toda España sin ningún problema y no necesitamos tener oficinas fuera de Madrid. Hay grandes despachos, de la primera línea, que están cerrando muchísimas sedes porque hoy en día los desplazamientos se han acortado y deja de tener sentido estar físicamente en cada comunidad.

¿Y en Barcelona? ¿Van a abandonar ese proyecto?
Barcelona es un mercado muy complicado para un despacho de Madrid. Nuestros socios catalanes son muy buenos profesionales, pero tenemos planteamientos de negocio totalmente distintos. Ellos están mucho más focalizados en el mercado catalán, ahora pensando algo en Madrid, mientras nosotros estamos más centrados en el mercado internacional.

Tras la experiencia de la escisión, ¿qué modificaría en un futuro si el despacho se plantease una unión con otra firma?
Lo tenemos que hacer con otro planteamiento. No se puede ir a una fusión por conseguir una mayor facturación. Eso tiene un riesgo de fracasar. Hay que buscar que haya identidad en otros planteamientos profesionales, formas de trabajo… Sobre todo tiene que haber una mentalización clara y total, y una actitud proactiva de los socios de la firma hacia la fusión. Si no existe esa actitud, es muy difícil. Es un problema de filosofía, de estrategia, de cómo entiendes la abogacía. Por lo demás, nuestra experiencia en la fusión con Vialegis ha sido buena, pero nos hemos dado cuenta de que no tenemos identidad de criterios de cómo ejercer la profesión.

Como abogado laboralista, ¿qué papel cree que ha jugado la reforma laboral en la sangría del desempleo? ¿Ha sido peor el remedio que la enfermedad?
La reforma laboral se ha quedado corta. Evidentemente cuando entró en vigor los despidos se aminoraron porque al flexibilizar las condiciones la única opción no era la del despido. De hecho, nosotros en el despacho hemos hecho muchos expedientes de reducción de jornada, de suspensiones temporales, de modificación de escala salarial… Pero ahora están remontando los despidos, lo cual me hace pensar que la reforma no es suficiente. Ahora tenemos una actividad muy importante en expedientes de regulación de empleo, en asesoramiento en la negociación colectiva y en los juzgados de lo social.

¿Qué necesita España para revertir esta situación?
Una reforma laboral no genera empleo, lo que puede ayudar es a no generar más despidos. El empleo tiene que venir de la mano del sistema financiero. Mientras los bancos no dispongan de recursos para financiar al emprendedor, va a ser muy difícil que la situación mejore.