¿Un paciente carcomido por el dolor en una cama de hospital puede tomar una decisión libre e informada cuando el mismo padecimiento lo coacciona a querer la eutanasia?

De ese modo fue planteado el interrogante durante el debate en la plenaria de la Cámara del proyecto de ley que busca reglamentar la eutanasia en Colombia.

En dicho encuentro, la representante Ángela Sánchez Leal presentó una serie de argumentos en contra de la aprobación de este proyecto.

La legisladora manifestó que “El proyecto de ley intenta someramente regular el “derecho” a la muerte digna, sin que el estado previamente garantice la vida digna de los pacientes, quienes no son atendidos por las EPS, tienen que interponer acciones de tutela para entregas de medicamentos y para que realicen procedimientos médicos”.

En reiterada jurisprudencia referida a la eutanasia, la corte constitucional sostuvo que el derecho fundamental a la vida no significa la simple posibilidad de existir sin tener en cuenta las condiciones en que ello se haga, sino que, por el contrario, supone la garantía de una existencia digna, que implica para el individuo la mayor posibilidad de despliegue de sus facultades corporales y espirituales.

“Hoy los pacientes con cáncer se están muriendo en las puertas de las EPS tratando de que les den los medicamentos que por constitución y la ley tienen derecho”, señaló la representante.

“El Estado ha fracasado en la atención en salud, en donde hay un estado de cosas inconstitucionales que vulneran los derechos de vida digna de cada colombiano. La solución no está en matar a cada colombiano que tiene una enfermedad terminal como lo propone este proyecto. Sería un fracaso aprobar una legislación que permita matar pacientes terminales y no una que les dé garantías en sus tratamientos”, añadió.

Por otro lado, la representante enfatizó que la eutanasia desestimula la investigación y la inversión en tecnologías y tratamiento del manejo del dolor.

Hay medicamentos como el Larotrectinib que inhibe la translocación del cáncer y proporciona una larga supervivencia con calidad de vida, que puede lograr que un paciente que con un tratamiento convencional de quimioterapia que se estima viva 1 año y medio supere los 60 meses e incluso viva de 9 a 10 años más de lo estimado, superando la enfermedad y el dolor, sin embargo, aún se encuentra en trámite para ser avalado por el INVIMA. 

“¿Cuántas vidas se pudiesen salvar con estas tecnologías que hoy el INVIMA tiene represadas? ¿Cuántas de estas tecnologías represadas son las que permitirían el manejo del dolor a pacientes con enfermedades terminales?

“Se requiere de un buen sistema de salud que garantice tratamientos, medicamentos y cuidados paliativos, en vez de favorecer un sistema indolente que por omisión mata a las personas y con este proyecto lo quiere hacer por acción”, concluyó Ángela Sánchez Leal.

Fuente: Con información de la Oficina de Comunicaciones Representante Ángela Sánchez

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