Con las precauciones sanitarias pertinentes, la bienvenida de la presidenta del CODPCAT, Mercè Ferran, la presentación del curso por parte de su director, Enrique Arranz, y una charla sobre la historia de los detectives, a cargo del periodista José Luis Ibáñez, ha comenzado en Barcelona una nueva edición del CAI, Curso Avanzado de Investigación, organizado por el Col·legi Oficial de Detectius Privats de Catalunya.

«Es un curso impartido por profesionales de la investigación privada para futuros compañeros», explica Enrique Arranz a Diario Jurídico; «su visión sobre la actividad profesional del detective privado es menos académica y mucho más pegada a la realidad». Le acompaña Celia Carpintero, antigua alumna y detective privada en ejercicio, para quien «el CAI enseña todos los básicos que un detective necesita para ejercer la profesión de manera íntegra y profesional».

El número de alumnos del curso es limitado, en torno a las diez plazas cada año. Para su director, es una manera de poder garantizar una atención individualizada. «Realizamos entrevistas de acceso para seleccionar a los alumnos que encajen con el perfil del CAI y, al mismo tiempo, para que sean ellos mismos quienes marquen sus objetivos de una forma personal».

El curso abarca y profundiza en materias que no suelen impartirse en los grados de Investigación Privada de nuestras universidades, un paso previo obligado para matricularse. Celia Carpintero está convencida de que «no está dirigido a complementar un CV, sino que es una auténtica oportunidad de aprender y de formarse como profesional en la investigación». De hecho, señala Enrique Arranz, «también tenemos alumnos que ya ejercen y que consideran que necesitan ampliar conocimientos de una forma transversal».

Los antiguos alumnos, como Celia, destacan la importancia de las clases prácticas, muchas de ellas diseñadas para que sean los estudiantes quienes detecten y corrijan sus propios errores. «Este tipo de ejercicios son muy importantes, porque nos permiten evaluar las consecuencias que esos mismos errores tendrían si se tratase de una investigación real». Entre las materias que se imparten sobresalen también las relacionadas con la gestión de los despachos profesionales y con las técnicas para atender a los clientes.

Otro de los grandes atractivos del CAI es la posibilidad de aprender de profesionales que están en activo y que acumulan años de experiencia. «Los estudiantes son tratados como futuros compañeros y no existen jerarquías», rememora su experiencia la antigua alumna. «Esto permite que adquieran la confianza suficiente con los profesores como para expresarles sus dudas, sus inquietudes e, incluso, los miedos de iniciarse en una profesión poco conocida y reconocida».

Enrique Arranz interviene para ampliar la información sobre este aspecto del curso, que considera esencial: «El 90% de los profesores son detectives y la característica principal es que cada uno imparte clases sobre la materia por la que profesionalmente es reconocido en el sector». Los profesores comparten también la convicción de que «la profesión mejora de forma general con la adecuada formación de todos aquellos que acceden a ella».

Además de ofrecer un punto de vista más práctico sobre la profesión, su ámbito de actuación y sus límites legales, el CAI ayuda a los alumnos a definir su vocación. «Todos los que hemos cursado el CAI tenemos algo en común, y es que nos enamoramos de la profesión», sonríe Celia Carpintero antes de mostrarse rotunda sobre cuestiones menos visibles del curso: «Transmite conocimientos, pero también valores. El esfuerzo y dedicación de los profesores crea en el alumno un sentimiento de fidelidad con la profesión y con el Colegio, que es quien lo organiza».

La relación profesional de los alumnos con los profesores va más allá de la entrega de los diplomas. «Se crea la confianza suficiente como para que podamos contactar con ellos en cualquier momento para solicitar consejo o para pedir ayuda durante una investigación», asegura esta antigua alumna. «También se da a menudo el caso inverso, cuando algún profesor contacta con los alumnos para trabajar juntos».

Celia Carpintero tiene muy claro que su paso por el CAI fue un acierto. «Se fomenta la integración de los nuevos detectives en el sector y se transmite al alumno una visión real de la profesión». Además, «es el abrepuertas perfecto para quien quiera iniciarse en la profesión».

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