En poco menos de tres años el Colegio de Abogados de Málaga de la mano de Manuel Camas, su actual decano ha desarrollado diversas actividades que mejoran su trayectoria como institución. Se trata, en definitiva, d adaptarse a los nuevos tiempos; en este sentido su equipo ha mejorado la comunicación con el colegiado via online; también se han puesto en marcha diferentes programas formativos se ha impulsado la comunicación con el ciudadano y lo que es más importante este Colegio es uno de los primeros que certifica su trabajo a través de auditoria externa. “Lo hemos hecho tanto a nivel de gestión como en el propio turno de oficio, obteniendo la norma ISO 9001, proceso que debería tener en cuenta cualquier despacho que quiera ser competitivo”.

Manuel Camas Jimena ejerce como abogado desde octubre de 1987 y Decano del Colegio de Abogados de Málaga desde noviembre del 2006. De ese mismo año es su incorporación tanto al Consejo de la Abogacía Española como al propio Consejo Andaluz de Colegios de Abogados en calidad de Consejero

– Ha sido Profesor Asociado de la Facultad de Derecho de Málaga, desde el 1 de octubre de 1988, adscrito al área de Derecho Financiero y Tributario al 30 de septiembre de 2005 y Consejero del Consejo Económico Social de Andalucia. Tiene en propiedad la Medalla al Mérito en el Servicio a la Abogacia Española concedida por el Pleno del Consejo General de la Abogacía Española en sesión celebrada el 20 de febrero de 2004.

– Colaboración profesional con la Junta de Andalucía en la redacción de un borrador de Anteproyecto de la Ley del Deporte de Andalucía. Ha impartido clases en el curso organizado por el Colegio de Economistas y la Junta de Andalucía sobre Fiscalidad (diciembre de 1993) así como habitual conferenciante en temas tributarios y arbitrales.

¿Podría hacernos un balance de estos años al frente del Colegio de Abogados de Málaga? ¿Qué nivel de participación de los abogados malagueños en las actividades de su entidad se puede señalar?

Aún no llevamos trabajando dos años y medio, pero creemos que hemos conseguido que el Colegio avance en distintas direcciones:

En la prestación de servicios a los colegiados, hemos puesto a su disposición gratuitamente: una importante base de datos de acceso on line; comunicamos diariamente la actualidad legislativa, la jurisprudencial, un resumen de prensa de noticias relacionadas con el derecho y la abogacía, una revista electrónica semanal de actividades colegiales; hemos contratado medicina general y enfermería con una compañía de primer nivel, un seguro de vida, un servicio de asistencia técnica remota para solucionar problemas con el ordenador, los préstamos de fondos de la biblioteca se realizan a domicilio, editamos la revista científica abogacía, etcétera.

En formación: comenzamos a impartir el Master en Abogacía con nuestra Universidad, en la propia sede del Colegio y con el programa homologado por el Consejo General de la Abogacía Española. Los alumnos de la Escuela de práctica Jurídica obtendrán con ello un título oficial universitario. Hemos iniciado con la Universidad Internacional de Andalucía una serie de Cursos de Experto en doce especialidades distintas (familia, responsabilidad civil, societario, laboral, administrativo, urbanismo, ya han comenzado y le seguirá tributario, concursal, defensa del consumidor, penal, propiedad horizontal y arrendamientos); se imparten igualmente en el colegio y parte en modalidad on line. Permitirán facilitar conocimientos muy especializados a los letrados. Hemos potenciado la formación continua, con jornadas cada dos semanas en distintas ramas del derecho. Por último destaca la celebración de un congreso jurídico anual, con más de cincuenta conferenciantes de primer nivel nacional y con una media de asistencia de ochocientos letrados.

La tercera línea de actuación es la de comunicación con los ciudadanos; hemos propiciado que la abogacía malagueña sea noticia constante en los medios de comunicación, noticia positiva por sus actividades, el congreso anual, desayunos con abogados, etcétera.

Directamente hemos iniciado una importante campaña de publicidad en televisión, cines, radios y prensa escrita, apoyada por programas de televisión por los que pasarán más de cien letrados en lo próximos meses.

Esta actividad ha generado una gran participación, la presencia en cursos es numerosísima, más de un centenar de letrados, a veces, cuando coincide con la celebración de jornadas, muchos más, pasan por el colegio diariamente. La constitución de las comisiones en su día y ahora la de secciones por especialidades han vertebrado de forma muy importante a la abogacía malagueña.

¿Qué opinión tiene del desarrollo actual de los despachos de abogados; es necesario pertenecer a una red para sobrevivir en este mundo tan competitivo?

No, este mundo tan competitivo, precisamente por eso, permite que coexistan grandes despachos y despachos que solemos denominar tradicionales. Estoy seguro que durante mucho tiempo ambas formulas serán posibles, no obstante la tendencia es la de aumentar la dimensión de los despachos para compartir sinergias y facilitar la especialización.

A la hora de la internacionalización de los bufetes, ¿cuál es la opción más recomendada, crear una delegación propia o la fórmula del best friend con abogados nativos?

Cada uno debe elegir su propia fórmula; una legación propia exige mayor esfuerzo inversor y de personal, un despacho amigo en el país puede facilitar la implantación, pero es difícil que sea eficaz sin que se traslade un profesional del propio despacho, con capacidad de liderazgo.

Todavía hay en nuestro país despachos tradicionales que subsisten frente a las grandes firmas y bufetes multinacionales, ¿cuál es la clave de que se mantengan activos?

Prestan un buen servicio, representan una cultura de siglos en la prestación de servicios por abogados, se perciben más accesibles y cercanos, en consecuencia son fuertes y atienden una parte muy importante de la demanda de servicios jurídicos.

Por cierto su colegio es pionero en crear un área de Gestión de Despacho profesionales, ¿podría decirnos qué primeros resultados están consiguiendo con esta nueva práctica?

No sé si somos pioneros, desde luego es una respuesta a la necesidad de que los despachos incorporen herramientas del mundo empresarial que les permitan ser más competitivos, prestar mejores servicios. El interés por este tipo de herramientas, de información y de formación sobre calidad, gestión, organización, estructuras, uso del tiempo, formación de equipos, comunicación, marketing, etcétera, es muy grande y en la situación de crisis que atravesamos más necesario que nunca.

Otro dato que destaca es que su Colegio ha sido auditado y por ello dispone de un certificado de calidad como institución, ¿Cree conveniente que todos los Colegios hagan algo parecido a lo que han hecho ustedes?

El Colegio se ha certificado en gestión de calidad ISO 9001 tanto en su gestión general como en el turno de oficio.

Ha sido bueno para nosotros analizar cómo trabajamos, normalizar nuestra operativa interna y usar las herramientas de mejora que la calidad aporta. Pero el segundo objetivo es despertar con la certificación el interés en los abogados, en los despachos, por sumarse al uso de sistemas de gestión de calidad; se trata de herramientas muy eficaces para la mejora en las formas de trabajo y en la atención a los clientes.

¿Considera que la irrupción de las nuevas tecnologías está generando un nuevo quehacer de la abogacía? ¿Qué opinión tiene de la firma electrónica?

Las nuevas tecnologías son una necesidad para poder competir en un mercado moderno de servicios y sin duda de ninguna clase, un instrumento sumamente eficaz para mejorar nuestra capacidad profesional y nuestro trabajo. La apuesta por las nuevas tecnologías parece del todo imprescindible en cualquier proyecto de despacho de abogados que quiera tener éxito a medio plazo.

La firma electrónica será decisiva para la modernización de la justicia, permitirá entre otras cosas, el acceso a los expedientes judiciales directamente desde el ordenador de cada letrado y la presentación de escritos con toda garantía.

Organizaciones como Scevola denuncian el deterioro de la imagen del letrado a nivel social ¿Cómo puede mejorarse esa impresión en concreto?

Comunicando mejor, haciendo partícipes a los ciudadanos del valor que añadimos con nuestros servicios a sus negocios, sus empresas o incluso sus relaciones personales, tanto en situaciones de conflicto como de forma preventiva. El abogado aporta tranquilidad, estamos recuperando el papel de consejero, de profesional capaz de aportar una visión más amplia de muchas cuestiones, de advertir posibles problemas, de aportar soluciones cuando estos se presentan.

Todo ello tenemos que trasmitirlo con políticas de comunicación sistemáticas y bien diseñadas. El Consejo General de la Abogacía ha aportado a los colegios instrumentos importantes para conseguirlo, spots de gran calidad, mensajes uniformes y claros. Pero es una labor diaria y de toda la abogacía, no sólo de sus instituciones, durante demasiado tiempo hemos estado alejados de los medios de comunicación y hemos descuidado este cauce para trasladar a los ciudadanos la mejor imagen de nuestra profesión.

Mala imagen y masificación de abogados, ¿cómo cree que la nueva Ley de Acceso a la Profesión, aprobada recientemente va a ayudar a mejorar la imagen y cualificación del letrado?

Es un paso importante, absolutamente necesario, pero que llega con mucho retraso.

Aporta una nueva concepción del acceso a la profesión y por ello de la profesión misma; a medio plazo influirá decisivamente. La formación continua y las especialidades tienen que contribuir a hacer llegar a la sociedad la alta cualificación de los profesionales de la abogacía y erradicar la imagen de masificación y baja calidad que ella puede traer.

¿Cómo ve las nuevas generaciones de abogados que llegan ahora a los despachos? ¿Por qué a los cuatro años muchos abandonan esta profesión de jurista?

Las nuevas generaciones de letrados y letradas son el futuro de la profesión, están mejor preparados en muchas cuestiones que serán decisivas o lo son ya: los idiomas, una cultura más abierta a la globalidad del planeta, al uso eficaz de las nuevas tecnologías, etc.

Que se abandone la profesión no es algo nuevo, la abogacía tiene muchas exigencias y ni el éxito, ni la carrera están garantizados.

Usted tiene una formación notable en el campo arbitral, ¿hasta que punto las soluciones extrajudiciales son atractivas para el abogado?

Lo son en la medida que generen confianza en los clientes y sean una alternativa con garantías, eficacia, rapidez y no aumente los costes de manera importante.

El arbitraje es una vía de solución de conflictos adecuada en muchos asuntos, pero no debemos engañarnos, su papel siempre será limitado.

Junto al arbitraje debemos comenzar a utilizar y potenciar la mediación, también un instrumento complementario muy válido.

Por último, denos sus claves para mejorar nuestra justicia como servicio público.

La primera condición, la absolutamente necesaria, es el mayor consenso entre los principales partidos políticos; sin un gran acuerdo político no es posible la reforma de la justicia. A partir de ahí lo que debe hacerse está muy definido en sus líneas gruesas: la reforma de la organización es lo más prioritario, l ajusticia se gestiona con métodos del siglo XIX, con esquemas de funcionamiento absolutamente superados; debemos propiciar una organización propia del siglo XXI, sistemas de gestión moderna y medios modernos.

A la vez son necesarias reformas procesales que simplifiquen procedimientos, que reconsideren el coste que suponen procedimientos excesivamente complejos para resolver asuntos de escasa importancia y cuantía.

Debemos buscar un equilibrio entre la garantía, la efectividad y los costes del sistema.

Por último resulta obvio que los distintos grupos profesionales que intervienen en la administración de la justicia deben afrontar cambios profundos: el acceso a la carrera judicial, el papel del juez, que debe limitarse a juzgar y ejecutar lo juzgado, abandonando la gestión de lo que es puramente administrativo, la oficina judicial debe ser dirigida por profesionales de la gestión.

Los abogados debemos abandonar la idea de una justicia basada más en el procedimiento que en el fondo de las cuestiones, una justicia en la que la lentitud pueda ser un factor a considerar en la defeca de los intereses de nuestros clientes gracias a los déficits del procedimiento. Los secretarios judiciales deben redefinir sus funciones y asumir el reto de que la oficina judicial sea verdaderamente un instrumento de gestión rápida y eficaz. Los procuradores igualmente deben redefinir sus competencias, la firma electrónica, el acceso directo al expediente informáticamente desde el ordenador del letrado, la presentación de escritos telemáticamente con seguridad, agota su papel actual y deben encontrar alternativas, como pueden ser las notificaciones a la otra parte con fe pública o las diligencias de ejecución, que añadan verdaderamente valor.

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