El estudio ha sido presentado en Casa Árabe, en Madrid, sobre la situación de los musulmanes en 14 países comunitarios, que se basa en las encuestas realizadas a 23.500 personas inmigrantes fieles al islam, y es el primero de este tipo que se realiza por un organismo oficial.

La media de la Unión Europea es el 30%, lo que implica que uno de cada tres musulmanes declara haber sido víctima de algún tipo de discriminación por su condición religiosa. En España, el porcentaje llega a ser del 40%. Italia (55%), Finlandia (47%) y Dinamarca (46%) son otros cuatro países donde la tolerancia es menor.

Malta (64%) se sitúa a la cabeza de la lista pero, como indicó este jueves Ioannis Dimitrakopoulos, jefe del departamento de Igualdad y Derechos de los Ciudadanos de la FRA, es algo excepcional. Porque esta pequeña y poco poblada isla recibe a muchos de los inmigrantes que pretenden llegar después a territorio europeo. Y, añadió, suelen llegar en multitudes. Es por este motivo por el que Dimitrakopoulos exculpó, en cierto modo, a los malteses.

En España, 13% de los musulmanes que vive en territorio español declara haber sido discriminados en el último año en el momento de alquilar o comprar una vivienda, cifra que sólo supera Italia (29%).

Sin embargo, es cuando se trata de cuestiones legales y policiales cuando los musulmanes de España más víctimas se sienten. Porque el 43% declara haber sido parado por la policía en los últimos 12 meses (en Francia, el 44% y en Italia, el 28%) y el 72% lo atribuye a sus características raciales (en Italia, el 74% y en Francia, el 66%).

Y ante la agresión, en lugar de denunciar, se resignan. Así se refleja en el informe, en el que el 65% de los musulmanes que viven en España (la media europea es del 37%) asegura desconocer la existencia de una ley que les proteja de la discriminación en el trabajo, datos con los que logramos ponernos a la cabeza de la lista en este apartado.

Es más, el 84% no conoce ni una sola organización, ya sea pública o privada, a la que acudir en el momento de sufrir una agresión racista.