Por José Luis Sagarduy. Director de Desarrollo de  Clarke, Modet & Cº  

La piratería es un problema que afecta tanto a las grandes compañías como a las pequeñas y medianas. Es una amenaza que reduce los incentivos para innovar, compromete la imagen de marca de empresas exitosas, merma la confianza del consumidor, elimina puestos de trabajo, disminuye ingresos por fiscalidad y alimenta grandes redes de criminalidad que dedican los beneficios a la financiación de otras actividades delictivas, mafiosas y terroristas como advierte Interpol.

No sólo afecta a ropa, complementos, relojería, etc. sino que está extendida a productos alimenticios, medicamentos, combustibles, piezas de recambio para automóviles o aviación… con todo lo que ello implica.

Las bandas organizadas tomaron buena nota de la débil reacción social e institucional, de la permisividad y de la meliflua respuesta ante el delito. Fomentaron falsos debates sobre propiedad intelectual (marcas, derechos de autor, patentes…) o sobre la difícil situación en la que tal vez se encuentre el eslabón más visible de un gran negocio. Quien maneja dinero a espuertas puede pagar plumas y “opinadores” para extender sentimientos que favorezcan su enriquecimiento.

Buena parte de las falsificaciones provienen de Asia. No obstante es necesario matizar el tópico sobre China y las falsificaciones.

Es cierto que China ha sido y continúa siendo el lugar donde se llevan a cabo muchas falsificaciones. Sin embargo tras su incorporación a la Organización Mundial de Comercio en 2001 inició un camino hacia la adaptación de la legislación sobre Propiedad Intelectual que hoy es muy similar a la occidental.

Ello parece tener traducción en el aumento de las acciones judiciales contra la falsificación pues se han incrementado notablemente.

Pese al sensible avance en relación con la propiedad intelectual no podemos obviar que en China se sigue copiando y hay que dar por hecho que es así. Ahora bien, interesándonos el mercado y conociendo que las autoridades están colaborando en erradicar este extendido fenómeno, solo nos queda saber cómo podemos actuar para que nuestros derechos estén protegidos.

Hay una manera eficaz. Consiste en tener nuestros activos registrados en China de antemano. Previamente incluso de anunciar que vamos a ir.

En China el registro de marcas o patentes se rige por el principio de otorgar protección al primero que lo solicita, sea o no el verdadero propietario. Las marcas, patentes o diseños no registrados allí carecen de protección jurídica.

Los datos indican que no lo estamos haciendo bien toda vez que pese a ser numerosas las misiones comerciales, la realidad es que registramos mucho menos que otros países europeos con los que competimos allí. Estamos en otro concepto en la forma de abordar aquél mercado y en consecuencia favoreciendo que las firmas pirateadas sean más españolas que alemanas. En definitiva, dando facilidades al delincuente.

Es común y grave el error consistente en demorar el registro de nuestros productos hasta ver cómo nos va allí. La respuesta es clara. Si hacemos esto nos irá mal porque a los delincuentes se las ponemos como a Fernando VII. Les mostramos el producto sin registrar y nos quitan hasta el recurso al pataleo que, en esta situación legal propiciada por nuestra desidia, es el único que podemos utilizar.

Una vez que se dispone de un registro se goza de protección jurídica. En China existen diversas vías a la hora de combatir la piratería: administrativa y judicial (civil y penal).

En vía administrativa se puede lograr una redada con la parada de producción y un embargo de la mercancía. Se impone una multa. El problema es que en su cuantía no es lo suficientemente disuasoria.  En resumen: es ágil, pero no siempre eficaz.

La vía judicial civil es más efectiva, pero más cara y lenta. Se puede pedir la declaración de la infracción, la cesación de la misma y una  indemnización. Existe tratado de auxilio judicial entre España y China.

Cabe también la vertiente penal, donde es posible además reclamar daños y perjuicios.

En general podemos decir que el auxilio judicial es conveniente en casos de daños elevados, igualmente si es la única forma de conseguir el cese de la actividad, si se quiere dar publicidad al caso y también si por alguna circunstancia las autoridades se muestran renuentes a actuar en vía administrativa.

En todos los supuestos, tanto judiciales como administrativos, se nos pedirá la acreditación del registro de nuestra marca, patente o diseño en China. Sin este requisito las autoridades no podrán ayudarnos en manera alguna.

Se pregunta con frecuencia si en China sirve de algo acudir a la justicia. La respuesta es que en Shanghai  el 86% de las demandas sobre propiedad industrial se han resuelto con sentencia favorable a las empresas occidentales. Antes no sucedía.

Podemos afirmar que, aunque queda mucho por recorrer, las cosas están cambiando en China en lo referente a la piratería. Falta ahora que nosotros sepamos protegernos allí pues el coste de la ausencia de protección es inasumible. Junto a ello aquí la respuesta es tolerancia cero ante la piratería por parte de autoridades y ciudadanos. Nos va en ello mucho más de lo que pensamos.

 

 

 

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