Todos los que navegamos por la red ciertamente no hemos prestado dispuesta atención a las peculiaridades de la contratación electrónica, primordialmente en las páginas web. La frase “he leído y aceptado términos y condiciones” es una de las cláusulas que más leemos, pero a su vez la que más ignoramos. Lo cierto es que al hacer click en aquella frase que repetidamente relegamos sin haber realizado una lectura minuciosa, da como resultado, de esa pequeña acción, la firma de un contrato sin saber lo que dice.

Según la universidad de Carnegie Mellon en su estudio The Cost of Reading Privacy Policies, logró concluir que una persona promedio tardaría dos meses, dos semanas y dos días en leer los términos y condiciones de los servicios utilizados en el lapso de un año. Información que no solo nos habla de tiempo, sino también de la cantidad de contratos virtuales – que una persona promedio- celebra al año.

Para dar una claridad al asunto, actualmente y mostrando una postura global, se ha podido entender, según la doctrina y jurisprudencia internacional, el tema de términos y condiciones como un contrato virtual. De este supuesto se desprenden dos vertientes principales:

La primera es la llamada click-wrap contract, se refiere a un tipo de contrato en el que el interesado debe consentir los términos y condiciones antes de disponer del producto o servicio. Generalmente los clickwrap solicitan el consentimiento de los usuarios finales pulsando el botón “Acepto”. El interesado puede oponerse al acuerdo cancelando o cerrando la ventana. Una vez rechazado, el usuario no puede utilizar el servicio o producto.

Además, aparece el browsewrap contract, que indica un convenio sobre un sitio web que sujeta al usuario a los términos de uso del lugar para que este disponga de dicha página. Para que un acuerdo de browsewrap sea posible, el sitio web tiene que brindar una advertencia del acuerdo y el usuario debe dar su consentimiento. Este tipo de contrato, habitualmente establece que el uso de la página electrónica supone la aprobación del acuerdo.

De esta forma, dicha autorización solamente puede entenderse como jurídicamente demostrativa en la medida en que exista un contrato; punto que varía, debido a que en muchos casos dicha aceptación carece de las solemnidades para la formación del consentimiento. En el caso que el contrato se materialice sin ningún tipo de falta el proveedor estará́ obligado a enviar la validación del acto por cualquier tipo de medio que garantice la recepción de la información la cual debe tener una copia clara y legible de lo contratado.

Así las cosas, aceptar los términos y condiciones se expresa como una manifestación de la autonomía de la voluntad privada; por lo cual toda obligación contractual adquirida, genera no solo beneficios sino responsabilidades. Globalmente, los sitios web deben crear sus políticas rigiéndose a la legislación aplicable a cada nación en la cual desarrollará la actividad, en el caso de Colombia existen temas regulados -y que suelen estar dentro de los términos y condiciones- que deben ceñirse estrictamente a la ley antes de ingresarlos a este contrato; cuestiones como el tratamiento de datos personales, manejo de la propiedad intelectual, derecho de privacidad, etc.

Por su parte, en el año 2007 y 2017, la American Bar Association (ABA) expuso en su artículo Online Contracts: May We Modify These Terms at Any Time, ¿Right?, una serie de consideraciones de buenas prácticas concernientes a este tema. La ABA menciona, que el usuario debe tener oportunidad de examinar el documento en su totalidad, de ser notificado acerca de la existencia de la cláusula, y los más importante, debe existir la buena fe en dicho acto contractual.

Según lo anterior, es posible hacer un símil del tema con la firma de un contrato de arrendamiento, de trabajo o de compra venta de un bien, sin realizar previamente las más minuciosa de las lecturas. Así que cada vez que visita un sitio web para usar cualquier cuenta de sus redes sociales, leer las noticias, inscribirse en cualquier curso virtual o hasta comprar un pantalón; el usuario se está comprometiendo con los términos contractuales en línea.

Esta es una coyuntura que influye a los internautas, personas naturales y jurídicas, y por ello, se debe tener cuidado a la hora de oprimir el botón “Acepto los términos y condiciones”, ya que en este contrato el usuario pone en juego y a disposición de los administradores del sitio, temas de propiedad intelectual, tratamiento de datos personales, política de privacidad y confidencialidad del acto que se está realizando, incluso se puede enlazar a un servicio de manera extensiva y casi perpetua.


Sobre el autor

David Antonio Lizarazo
Socio y Abogado de la Firma Lizarazo & Álvarez