José Mª Mora, premio Derecho SanitarioJosé María Mora recibió esta semana de manos de la ministra de Sanidad, Ana Mato, el I Premio Nacional de Derecho Sanitario por su trabajo titulado “Camino a la mediación sanitaria”, en el que han colaborado también Inmaculada Benitez-Playa Chacón, psicóloga-mediadora y máster en Mediación Familiar; Oscar Polo Gila,  asesor jurídico del Colegio de Médicos de Huelva y experto Universitario en Resolución Extrajudicial de Conflictos y María del Carmen Naranjo Vela, abogado y máster en Género, Identidad y Ciudadanía. Asesor jurídico de los Colegios de Medicos y Dentistas de Huelva, José María Mora es un apasionado de la mediación. Cree que esta fórmula puede trasladarse a la resolución de muchos conflictos en el sector sanitario, pero considera que, en una España beligerante por naturaleza y acostumbrada a ir a los tribunales para resolver los problemas, fomentar la filosofía de la mediación llevará tiempo. “Hay que ir poco a poco”, asegura. “Desde que comencé mi ejercicio profesional allá por el año 93, me he dedicado al mundo del Derecho Sanitario como asesor jurídico del Colegio de Médicos de Huelva y a partir del año 1999 también para el Colegio de Dentistas de Huelva. Por eso, este galardón supone una tremenda satisfacción”, asegura.

¿Cómo se gestó el libro?

Con  mi compañero Oscar Polo, con el que comparto la asesoría jurídica del Colegio de Médicos de Huelva, hace tres o cuatro años comenzamos a formarnos en mediación. En esos momentos, la mediación no estaba todavía regulada en España y tenía un rodaje relativo en materia, principalmente, de derecho de familia. Empezaron a oírse voces de mediación en el sentido de que España tenía que adaptarse a la legislación europea. Entonces comenzamos a formarnos en este tema a través de unos cursos en la Universidad Internacional de Andalucía, titulados ‘Resolución Extrajudicial de Conflictos’. A partir de ahí comenzamos a darnos cuenta,  primero, que se hablaba mucho de mediación sin saber realmente lo que era mediación y, segundo, que creíamos que podría ser una herramienta útil para aplicarla en nuestro día a día, en las funciones de asesor jurídico de colegios profesionales, en este caso sanitarios. A partir de ahí se promulga la ley julio de 2012 y por estas fechas, el año pasado, se realizan unas Jornadas Sanitarias por parte del Consejo Andaluz del Colegio de Médicos. Ahí conocemos a otra de las coautoras, Inmaculada Benítez, y nos conjuramos un poco para realizar el trabajo. Nos presentamos al premio. Y bueno el jurado ha tenido la sensibilidad por el tema de la mediación.

¿En el área sanitaria ahora mismo se está aplicando la mediación?

Piensa que la mediación es una figura incipiente. El reglamento que regula la ley se publicó el BOE el 27 de diciembre. En realidad no estaba definido ni qué formación tenía que tener el mediador, hasta hace sólo un mes. Ha habido experiencias importantes sobre todo a través de lo que son las ventanillas de quejas de usuarios de reclamaciones. Se está, poquito a poco, fomentando la cultura de la mediación que es lo más importante. Es necesario que la gente la conozca y vea su utilidad. Y cuando hablo de la gente hablo en global. Hay situaciones que a mí realmente me duelen. Ver a un médico que lleva nueve años en un banquillo. Hace unos días estuve en el juicio de un dentista que lleva ocho años y pico desde que hizo aquella extracción por la que le han denunciado. Un juicio penal, además, en el que se le pide una pena de inhabilitación de tres años. En este caso si hubiera habido un diálogo, si entre todos los elementos se hubiera llegado a un consenso pues a lo mejor esto se hubiera arreglado en pocos meses. Creo que es una cosa que clama al cielo. Tener a un medico un tercio de su vida profesional pensando en esa espada de Damocles de que le puedan inhabilitar por una cosa que hizo en el 2005. Creo que ese tipo de situaciones tenemos que proscribirlas.

¿Ha habido experiencias piloto de mediación en el sector sanitario?

Ha habido situaciones experimentales. En Andalucía en un centro de salud se ha desarrollado una prueba piloto y en Cataluña también tienen desarrolladas algunas experiencias. Hay algunas instituciones y colegios profesionales que ya se están adentrando en el tema. El Consejo General de Dentistas en el año 2009 hizo una pionera experiencia, denominada Sistema del Defensor del Paciente Deontológico, que era digamos el embrión de lo que luego va a ser la mediación.  Además, aunque sea fuera del cauce de la mediación los entendimientos entre las partes se dan en muchas ocasiones. Las compañías de seguros si ven que se ha podido incurrir en una mala praxis son las primeras en querer llegar a un acuerdo. Pero claro en  muchas ocasiones también te encuentras a un paciente que está asesorado de una determinada forma y quiere hacer de un granito de arena una montaña, de un mínimo daño encontrarse con una paga de por vida, y ahí, evidentemente, el acuerdo no va a llegar nunca. Es importante que todos se conciencien en la filosofía de la mediación, que, repito, es ganar, ganar.

¿Es en muchas ocasiones el médico el centro de la diana del enfado de los pacientes?

Se está haciendo recaer en los profesionales sanitarios muchas veces el defectuoso funcionamiento de la administración. Cosas que escapan de ellos se les está haciendo caer la responsabilidad y en ocasiones una responsabilidad penal. El problema que tiene la medicina en materia sanitaria, ojo que no es un problema sino un reto, es que es muy fácil mediar entre dos pero cuando son más de dos el problema acentúa. En este sentido creo que el reto que tiene la mediación es saber quiénes son las partes. Es decir conocer que hay una institución de por medio que tiene su forma de trabajar con los recursos que tiene, que están los profesionales, las compañías aseguradoras, los pacientes… Lo que hay es que contextualizarlo bien, analizar bien el problema, ver si efectivamente existe la posibilidad de una indemnización porque se haya metido la pata. En ocasiones nos encontramos con que el paciente, el perjudicado, lo que quiere es que se le dé una respuesta, una explicación. Pero esa deshumanización que hay en la medicina, principalmente en la Sanidad Pública, hace que los familiares ni siquiera sepan cuál fue el profesional que intervino. Precisamente en el juicio del otro día que he comentado habían intervenido varios profesionales pero en el banquillo sólo se sentaba uno y lo paradójico es que la señora que demandaba nunca sabía a quién estaba denunciando. De hecho, llegó a decir: “si yo con este señor estoy muy contenta si es la primera vez que me ha ocurrido”. No ha había habido dialogo entre la paciente que denunciaba y su abogado. Y son casi nueve años los que lleva este caso en los juzgados.

Creo que estamos acostumbrados generalmente a la confrontación. No sólo en materia sanitaria sino en la vida en general. Hacemos de los problemas más problemas al no dejar cicatrizar las heridas. En ese sentido, la mediación lo que busca es mirar hacia delante. No lamentarte porque tengas un problema sino buscar una solución. El lema de la mediación es ganar, ganar.  Tiene que haber voluntad de las partes para llegar a un acuerdo y que la solución emane de ellos. Esa es la filosofía. En un litigio, en cambio, el lema es ganar, perder.

¿Quién es ahora mismo más proclive a impulsar la mediación los ciudadanos, los profesionales médicos, las aseguradoras…?

Ahora el más proclive a impulsar la mediación es la propia administración de justicia. Son los jueces los que están clamando a la mediación. El otro día oí a un magistrado decir: “yo empecé a creer en la mediación cuando me llegó un litigio entre dos vecinos que se estaban peleando, llegando casi a las manos, por un tema de quién y cómo había que tender la ropa”. Llegar a un juez para que dé solución a eso no me parece normal.

Me imagino que la nueva ley de Tasas judiciales va a favorecer la figura de la mediación

Sí, directamente. Si tu sabes que litigar te va a costar un dinero claro que vas a impulsar métodos alternativos. Claro que puedes acudir a un método alternativo como la mediación pero si no hay voluntad de llegar a un acuerdo se dificulta el arreglo del problema. Aunque con la mediación la persona que va a reclamar se puede dar cuenta de que no tiene razón. La mediación es una negociación llamémosle asistida en la que vas a descubrir las cartas del contrario y puedes ver si te conviene pleitear o no.

La mediación tampoco es gratuita de momento, aunque va a ser gratuita en determinadas circunstancias. Tiene que haber también muchísimas normas de impulso a la mediación pero sé que la Administración de Justicia y el legislador va a apoyar todo lo que sea aliviar la carga que tienen los juzgados.

¿Suficientes apoyos para difundir la mediación?

Creo que hay que ir poco a poco. Hasta diciembre no hemos tenido un parámetro que decía que para ser mediador hacen falta 100 horas de formación.

Hay cierta polémica por el mínimo de las 100 horas de formación para poder ser un profesional de la mediación. ¿Te parece mucho, poco…?

Creo que el reglamento ha tardado mucho en salir, un año y medio y ha provocado la especulación sobre si iban a ser 60, 80 o 100 horas… El número de horas me parece suficiente siempre y cuando sean con una formación adecuada. No estoy de acuerdo con la formación a distancia. Creo que una cosa así tiene que ser presencial y práctica. El reglamento marca que sea un 35% de formación práctica con casos reales y simulaciones.

Se da el caso de que, contrariamente a lo que fomenta la mediación que es el entendimiento, la gestación de la mediación surge en medio de la polémica. Hay rivalidad entre distintos sectores. Algunos abogados que piensan que con la mediación se les quita un trozo de su tarta, los psicólogos que quieren su trocito en el pastel…

¿Mejor mediación que arbitraje?

Muchas veces se habla indistintamente de una y otra figura pero es mucha la diferencia. El mediador participa para que se entiendan las partes pero no decide. Mantiene la neutralidad y la parcialidad. Tiene que buscar el equilibrio entre las partes pero sin decantarse por una o por otra.  El arbitraje no deja de ser un juez privado y el árbitro o el juez pierden su neutralidad en el momento que adoptan la decisión. Siguen siendo imparciales, por supuesto, pero adoptan una decisión. Admás,, la mediación es voluntaria y en cualquier momento está la facultad de abandonarla sin tener que justificarte.

Sucede que en el sector sanitario la mediación es entre muchas partes (personal sanitario,  la institución, las compañías aseguradoras, pacientes…). Y como intervienen varios profesionales, a veces falta diálogo lo que hace que se acreciente el problema. Se llega al servicio del hospital se piden explicaciones y nadie saben dárselas, lo que eleva el conflicto.  Entiendo la postura del que reclama pero poner en la diana al profesional…

Cuando hay denuncias penales por responsabilidad médica en muchas ocasiones te llega la citación en la que el denunciante es la esposa del fallecido y en el hospital, claro, de primeras no saben de qué paciente se trata.

Siempre pongo como ejemplo un caso que se tendría que haber mediado. En vez de operarse la cadera se operó la rodilla, fue un error en el se habían encadenado una cadena de errores administrativos con el tema de la reducción de listas de espera y que se acrecentó porque cuando la familia fue a pedir explicaciones, el cirujano principal dice “Eso es imposible”. El hospital tardó unos 15 días en dar explicaciones y claro ya el conflicto estaba en total escalada. Algo que se podía haber solucionado rápido, más cuando el paciente también necesitaba operarse de la rodilla, aunque urgía más la cadera se llevo a los tribunales.  La petición económica del abogado ascendía a algo así como el doble de lo que le hubiera correspondido en caso de fallecimiento en un accidente de tráfico. El resultado fue que al final hubo juicio penal se sentaron en el banquillo tres profesionales y hubo una absolución porque no hubo un daño con encaje penal. Pero aún están litigando los familiares en fase administrativa y la paciente ya fallecido.

¿Qué falta pues para impulsar la mediación?

Mentalidad y concienciación.  Hay que difundir la cultura de la mediación, tarea que comenzará por las instituciones, aseguradoras y colegios profesionales. El libro que hemos realizado se titula  ‘Camino a la Mediación Sanitaria’. No nos podemos acostar litigantes y levantarnos mediadores. Es un camino trabajoso sobre todo por nuestra mentalidad: de un problema sacar 10 más y fomentar la litigiosidad antes de la posibilidad del arreglo. Creo que miramos más hacia atrás que hacia delante.

Cambiando de tema. Eres abogado y además trabajas para dos colegios profesionales.  ¿Qué  le parece el Anteproyecto de Ley de Servicios y Colegios profesionales?

Me gusta poco opinar de leyes hasta que no están ya promulgadas. Es como cuando estábamos esperando al reglamento de mediación. Se estaban vendiendo cursos habilitados para tantas horas cuando la norma no estaba hecha y ahora resulta que hay gente que tiene que complementar con 30 o 40 horas más. Nunca he sido partidario de hablar de una ley que no esté en vigor.

¿Qué opinión tiene de la nueva Ley de tasas?

Ha sido un exceso. Está bien que hubiera habido algo pero sin que la tasa sea un obstáculo. Van a quedar muchos casos que lo necesitan fuera del control judicial por que el ciudadano no puede acudir a los tribunales.

¿En los colegios de médicos y dentistas se está notando el ‘tasazo judicial’?

Sí. Hay menos litigios civiles pero más intentos por la vía penal, que sigue siendo gratuita. También muchos intentos de arreglo previos a la vía judicial. Además hay un gran aumento de los litigios que llegan por el turno de oficio. El perfil del litigante de turno de oficio que te llega ahora no es el de hace unos años.

¿La subida de tasas está fomentando la Cuota Litis?

Sí, lógico. Lo que te da ese tipo de medias es buscar la picaresca. Nunca he sido partidario de la Cuota Litis porque creo que nuestro trabajo está mucho más allá del resultado. Pero en estos días, en estos tiempos que corren no me parece mal siempre y cuando se utilice bien. Alentar al cliente para pleitear con promesas futuras que puedan hacerle ver una falsa realidad puede rayar la falta de ética.